Cine y TV

Guillermo del Toro: el hombre que susurraba a los monstruos

Guillermo del Toro
Guillermo del Toro durante el rodaje de Hellboy II: The Golden Army, 2008. Fotografía: Universal Pictures.

El autor de una película es su director. O, al menos, así lo defiende una importante corriente crítica y académica que se afana en rastrear las constantes estilísticas de los cineastas en su obra para descifrar los secretos más profundos de su poética. Desde que, en los años 50, se empezó a popularizar lo que más tarde se conocería como «teoría de los autores», hay una pregunta que planea sobre el análisis de cualquier director: ¿Cuál es la película que permite entender completamente su filmografía? ¿Cuál es, de entre todas sus obras, la que sirve como llave mágica para acceder a todas las demás? En un creador tan rabiosamente personal —tan autoral— como Guillermo del Toro, esa película es… Blade II.

Antes de que nadie ponga el grito en el cielo, vayamos por partes. Para empezar, no quiere esto decir que Blade II (2002) sea su mejor obra. Tampoco necesariamente la más personal. De hecho, en una filmografía que cuenta con títulos como El laberinto del fauno (2006) o La forma del agua (2017), la cinta sobre el cazador de vampiros es seguramente su film menos logrado. Es, a fin de cuentas, un producto de encargo: la secuela de la adaptación de un cómic de Marvel. Tenía, en suma, todos los ingredientes para que el mexicano entregase una faena de aliño: un producto despersonalizado, solvente en el mejor de los casos, pero hecho para salir del paso y, con suerte, conseguir dinero y reputación suficientes para irse a trotar en pastos más verdes. 

Pero he aquí que Del Toro no se conforma con salvar los muebles, y aprovecha para redefinir por completo los planteamientos estéticos sentados por Stephen Norrington en el film original. Así, el largo videoclip de tonos metálicos y montaje frenético que era Blade (1998) deja paso a una orgía de colores vivos envuelta en perenne oscuridad, con una gramática visual mucho más legible (sobre todo en sus escenas de acción). Y lo envuelve todo en una cierta atmósfera de cuento gótico, aunque el cuento en cuestión esté protagonizado por un tipo musculoso enfundado en cuero y gafas de sol que se dedica a repartir hostias a ritmo de hip hop. Y es justo ahí, en la tensión entre la actitud macarra que exuda Wesley Snipes, todo posturas y morritos (también, a qué negarlo, todo carisma), y la elegancia de la puesta en escena del director, donde se pueden apreciar mejor que nunca las virtudes deltorianas, precisamente porque luchan en todo momento por salir a flote en un entorno hostil. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*