
Explorar la sombra interior a través de sueños, escritura y trance permite reconocer lo que ocultamos y reconciliarnos con nuestras partes más profundas.
Sueño
Recupero el olor de sangre fresca a partir de un recuerdo en el que estoy subido encima de un triciclo cuando tengo alrededor de dos o tres años. Tengo los pies encima del sillín e intento alcanzar el interruptor de la luz en el pasillo de la casa de mis padres en una posición muy inestable. En el intento, las ruedas del triciclo se deslizan y desaparecen bajo mis pies. Caigo impactando en el suelo con la cara. El dolor es tan grande que me anestesia.
Me duermo con ese recuerdo… Entonces sueño que mi hermano pequeño llora en el comedor y me llama para que vaya en su auxilio. Entro corriendo en la estancia y él está junto al mismo triciclo caído en el suelo, lo levanto corriendo y lo abrazo pegando su cara frente a la mía; está sangrando abundantemente y siento el olor a la sangre fresca que antes en la vigilia creí que era mía.
Al despertar dudo acerca de cuál es el recuerdo real.
(Valencia, 1 de agosto de 2015)
Aceptar la Sombra. Primera y última tarea del trance y del sueño
El equilibrio emocional y psíquico está vinculado a la integración de polaridades o partes aparentemente contrarias. Especialmente la Sombra, que es ese lugar de nuestra mente en el que ponemos todo lo que intuimos que no gusta de nosotros a los demás.
Este proceso se inicia a temprana edad y tiene relación con nuestra memoria profunda ancestral y nómada. Un niño de estas tribus tendría serias dificultades para mantenerse vivo si los demás lo olvidaran en medio de la travesía.
Por eso, los niños harán lo que sea por ser aceptados en sus grupos de referencia, como la familia, los amigos o la sociedad. Uno de los aprendizajes más infantiles y antiguos que hacemos para ser admitidos en el clan es excluir cualquier comportamiento, expresión o pensamiento que sospechamos que puede no gustar de nosotros a nuestros mayores.
Pero el ser humano no está diseñado para olvidar por completo este material psíquico, así que lo almacena en el plano más inconsciente que tenemos, denominado por el psicoanálisis junguiano como la Sombra.
En este plano inconsciente se almacena todo lo que no queremos mostrar. Incluso lo que queremos ocultar y no tenemos palabras para nombrarlo. La dificultad estriba en que, si no lo visitamos periódicamente, la Sombra se monstruiza, llegando a generar síntomas que intentan llamar nuestra atención para solucionarlos.
Por eso es importante mantener una buena relación con nuestra propia Sombra.
Trance: dibujar la Sombra
Entra en un estado de relajación y, desde ahí, visita un lugar muy agradable en el que te sientes bien. Observa la realidad que te rodea hasta que ves a quien no desearías ver… Se trata de alguien opuesto a ti y que te inquieta.
Piensa en su aspecto, en los detalles de su imagen —como los colores, tamaño, distancia sobre ti—. Siente las emociones que te provoca. ¿Qué es lo que te desagrada tanto?
Siente en concreto todo esto sin enjuiciar tu pensamiento. Desde este estado, dibuja lo que percibes durante quince minutos. Después, sigue haciendo versiones del dibujo inicial. Después, dibújate a ti mismo desde la perspectiva de la Sombra y dibuja al Yo y su Sombra unidos.
Trance: escribir sobre la Sombra
Imagina que tu vida está en peligro y, para escapar, debes crear una identidad falsa. Una identidad parecida y, a la vez, diferente a ti mismo. Con cualidades ajenas, aunque familiares.
Imagina que escoltas a ese personaje y que eres invisible. ¿Qué parte de tu Yo se oculta tras ese personaje?
Cuando hayas creado al personaje, imagina que es un hermano tuyo; describe tu relación con él, vuestra gran afinidad en la infancia. ¿Cuándo comenzaron a separarse vuestras vidas? Elabora una historia que narre vuestra separación.
Ocupa la posición del «hermano» y habla con la voz de él para que te describa a ti. ¿Qué mejoras pueden establecerse en esta relación?
Entro en el bosque y me asiento en el silencio.
En torno a mí, las inquietudes se sosiegan
como las ondas sobre la superficie del lago,
y las preocupaciones se aquietan,
como el ganado que pace tranquilo.Entonces aparece aquello que me teme
y permanece un instante ante mis ojos
para desaparecer un momento después
llevándose consigo sus temores.
Canta y escucho su canción.Luego surge aquello a lo que temo
y perdura un instante ante mis ojos
para desaparecer un momento después
llevándose consigo mis temores.
Canta y escucho su canción.(Wendell Berry)









… Las sombras que no se nombran… Escombros abruptos y brutos en tu perfil pasado y pasante detrás pues desalojado de tu condición de hombre braquicéfalo a bruma negra bidimensional, con hambre, con hembra y con hombros apesumbrados condenados a no brindar, a no brillar, a estar detrás, a apesumbrar. Siempre estimulantes sus trabajos, estimado. Gracias.
Gracias Roberto, su mensaje también es estimulante para mí. Poético. Gracias