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Hari Ren: «El mundo parece estar hoy al borde del colapso. La máquina se está rompiendo, pero en lugar de dejarla caer, los que están en el poder la están remendando con métodos cada vez más brutales»

Hari Ren

Hari Ren es un artista inglés de clase trabajadora, profundamente influido por el carácter industrial de Manchester y el norte de Inglaterra. Su obra explora temas oscuros, la energía punk, la cultura alternativa y el folclore olvidado, creando piezas atrevidas y expresivas que abrazan el lado crudo y poco refinado de la vida. Inspirándose en los paisajes de su ciudad natal y alrededores, Hari canaliza la cruda belleza de fábricas en ruinas, calles olvidadas y gente que vive al margen de la sociedad.

Su arte mezcla caos y belleza, al tiempo que se inspira en las historias extrañas, siniestras y a menudo pasadas por alto que acechan en las sombras de la vida cotidiana. Ya se trate de los mitos olvidados de una urbanización en ruinas, del brumoso borde de un páramo desolado o de las historias no contadas de quienes viven en los márgenes, la obra de Hari da vida a estos mundos invisibles de una forma vívida e inquietante.

¿De dónde viene Hari Ren? ¿De dónde viene ese sentirte tan identificado por escenarios tremendamente industriales como los que creas en tus ilustraciones?

Siempre he sentido un profundo interés por las fábricas y la industria, especialmente por los textiles, que han sido una constante a lo largo de mi vida. Al crecer en Stalybridge, no podía escapar de ello. La ciudad se construyó sobre el algodón durante la época de la Revolución Industrial, y su historia obrera, tanto de trabajo como de protesta, no solo modeló el paisaje, sino también a la gente. Incluso en los años 80 y 90, cuando yo era niño, las fábricas y las chimeneas se cernían sobre todo: algunas seguían funcionando, otras se reconvirtieron, otras decayeron.

Mis padres trabajaban en fábricas, así que ese mundo siempre estuvo cerca de casa, arraigado a mí. Mi madre trabajaba en textil, así que crecí rodeado de máquinas de coser, y el sonido de las máquinas siempre estuvo presente en mi infancia. De adolescentes, explorábamos las fábricas abandonadas, trepando por las ventanas rotas, hurgando en el polvo y el óxido. Había algo espeluznante, pero también cautivador: fragmentos de un mundo perdido, el peso del trabajo y la lucha aún perdurando en el aire. Esa sensación de industria que cala en los huesos de un lugar se me ha quedado grabada y se refleja en mi arte.

Después de estudiar arte a principios de la década de 2000, acabé trabajando en la industria textil de otra manera: escribiendo software para fábricas de todo el Reino Unido, Europa y Marruecos. Más tarde, trabajé en el sector del patrimonio y el turismo, creando obras de arte y experiencias interactivas para museos centrados en la historia de la clase trabajadora, cosas como los mineros del carbón de Gales o antiguos castillos y bosques, antes de pasar a la serigrafía y la producción de ropa a finales de la década de 2010. Incluso cuando no estaba directamente en las fábricas textiles, siempre estaba ahí, entretejido en mi vida de una forma u otra.

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Un comentario

  1. Es un encanto problemático el pesimismo que nos presenta este artista. Me imagino que en pie y de frente a sus trabajos la angustia será aún peor. El arte, el arte, más oscuro no puede ser, en rojo o en negro. Una manera de decir que en nombre del progreso estamos donde no quisiéramos estar . Solo una pizca de satisfacción estética (o venganza): en cromatismo y sujetos no se parece para nada a Wharol, y esto es un punto a su favor. Al fin y al cabo lo obscuro también abarca lo desconocido, y en él la esperanza puede anidar; en el otro la claridad enceguecedora y rutilante de la opulencia me hacía estar mal. Si pudiera, y poniéndome a elegir colgaría una de las obras de este muchacho, un Lowry más que maduro, y por lo visto con una mejor madre. Excelente artículo. Gracias.

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