Política y Economía

El estadio y el ágora

Foto Cordon. El estadio y el ágora
Un estadio de fútbol durante un partido de la selección española. Foto: Cordon.

Dice al sabio el futbolista:
«Gano mucho más dinero
que el médico, el ingeniero,
el escritor, el artista
y la persona más lista».
«Me has dejado de una pieza
—dice el sabio con tristeza—,
pues es el mundo al revés,
un mundo en el que los pies
valen más que la cabeza».

El relativo éxito de las recientes protestas contra la participación de equipos israelíes en competiciones deportivas ha suscitado, como era de esperar, la reacción airada de los cómplices del sionismo, que han intentado desautorizarlas —cuando no criminalizarlas— alegando que el deporte ha de estar al margen de la política, como si no se hubieran enterado de que el panem et circenses de los emperadores romanos sigue siendo la fórmula favorita de los gobernantes actuales. Y ante las desmedidas cantidades de dinero que se embolsan los deportistas de élite —que además suelen redondear sus ingresos publicitando marcas de prendas deportivas, automóviles o embutidos—, algunos dicen que, puesto que protagonizan los espectáculos preferidos por la inmensa mayoría, es justo que se hagan inmensamente ricos. Parecen dos cuestiones distintas; pero, como casi siempre, la política y la economía van de la mano. Como los gladiadores de la antigua Roma —y aunque a menudo su empeño les cueste la salud o incluso la vida—, los deportistas de élite, junto con las estrellas del espectáculo y la música pop, son los grandes triunfadores de nuestra sociedad competitiva, generosamente recompensados por el poder y por los medios de comunicación, y no solo por su rentabilidad económica, sino, sobre todo, por su fundamental función política, que consiste, hoy como ayer, en idiotizar a amplios sectores de la población para facilitar su gobernabilidad.

Aunque también sea un lugar de reunión y participación, el estadio deportivo es, desde siempre, lo contrario del ágora: su negación clamorosa. En el ágora las personas se encuentran para intercambiar opiniones; en el estadio, para intercambiar imprecaciones. En el ágora se buscan la cooperación y el entendimiento; en el estadio se exaltan la rivalidad y la confrontación.

De la horda primigenia al equipo de fútbol

El instinto de conservación regula nuestra conducta mediante dos pulsiones complementarias: el hambre y el miedo. La primera nos empuja hacia los alimentos que necesitamos para sobrevivir, y la segunda nos induce a protegernos de los peligros que nos acechan. En un mundo doblemente hostil, nuestros remotos antepasados descubrieron una eficaz manera de satisfacer a la vez ambas exigencias: al cazar en grupo provistos de piedras y palos no solo podían conseguir comida con más facilidad, sino que también eran menos vulnerables ante eventuales ataques de sus depredadores o de sus rivales. Organizar un grupo armado era la mejor manera de acallar simultáneamente las punzadas del hambre y del miedo y, como todas las fórmulas de éxito, esta estrategia ofensivo-defensiva se consolidó y se difundió rápidamente. Con el tiempo, la primitiva horda de hombres armados de piedras y palos evolucionaría hasta convertirse en un ejército. Y en un equipo de fútbol.

Nuestro afán —tanto individual como colectivo— de poder y riquezas responde a las mismas pulsiones básicas: el hambre y el miedo (sin olvidar el sexo). Los ancestrales referentes del hombre con un palo en la mano y de la horda armada siguen vivos, de manera real o simbólica, en sus sucesores y sus metáforas: el soldado y el atleta, el ejército y el equipo deportivo. El gran arquetipo individual de la cultura patriarcal —es decir, de casi todas las culturas conocidas a lo largo de la historia— es el héroe guerrero (no en vano «protagonista» significa literalmente «primer luchador»); y el gran arquetipo colectivo es el grupo armado, el ejército. Los intrépidos héroes y los gloriosos ejércitos garantizan la prosperidad y la seguridad de las naciones, y todas los necesitan o creen necesitarlos. La primera gran epopeya occidental, La Ilíada, es un canto a la furia de un héroe, y, por si cupiera alguna duda, nos lo advierte desde el primer verso. Aquiles, los trescientos de Leónidas, Roldán, el Cid Campeador, D’Artagnan y los mosqueteros, los caballeros jedi… Desde el más remoto pasado hasta el más lejano futuro imaginario, un héroe guerrero y un grupo armado son los referentes arquetípicos de la cultura patriarcal.

La patraña del espíritu deportivo

Aunque, afortunadamente, el belicismo explícito tiene menos partidarios que antaño, seguimos aceptando con naturalidad, cuando no con alborozo, la grotesca parafernalia marcial. «Quienes disfrutan en un desfile militar solo por error han recibido un cerebro: con médula espinal habrían tenido bastante», decía Einstein. Y Cyrano deploraba que llevar colgada del cinto una espada, un instrumento de muerte, fuera un signo de distinción. Sin embargo, la gente sigue acudiendo en masa a los desfiles, y los militares siguen luciendo con orgullo sus anacrónicos sables.

Pero, más que de los guerreros propiamente dichos, el belicismo de la sociedad actual se nutre de sus sucedáneos: las estrellas del deporte y los grandes equipos deportivos, que libran sus combates ritualizados para satisfacer (y alimentar) la agresividad latente de millones de espectadores. Y en este terreno —en el «terreno de juego»—, la batalla dialéctica de la razón contra el mito aún está por librar. La patraña del «espíritu deportivo» ha calado tan hondo que la supuesta «nobleza» del deporte agonístico se ha convertido en algo incuestionable. Y, sin embargo, el deporte, tal como hoy se entiende y se practica, es belicismo sublimado, belicismo mitificado, es decir, convertido en mito, en mito justificador y sustentador de nuestra desdichada cultura. Se supone que el deportista es el paradigma del hombre sano, cuando en realidad el deporte solo es sano si es puro juego profiláctico, si no tiene más objetivos que la diversión y el ejercicio. El deportista que se esfuerza hasta la extenuación para derrotar a un adversario o superar una marca, para llegar más alto, más lejos o más deprisa que los demás, es un enfermo, un pervertido, el pervertido emblemático de una sociedad perversa. Por eso se habla tanto de «juego limpio»: porque el deporte competitivo es el más sucio de los juegos. En nuestra atribulada sociedad, la vida consiste en competir para tener, en vez de colaborar para ser, y el mito del deporte santifica la competencia, la lucha sin cuartel por la superioridad y el poder. El tan cacareado espíritu deportivo es, en última instancia, tan aberrante como el ardor guerrero; si «lo importante es participar», como reza la hipócrita consigna, ¿por qué los deportistas de élite se esfuerzan tanto por ganar, hasta el extremo de arriesgar su salud e incluso su vida?

Los cazadores ancestrales no tuvieron elección: la escasez de alimentos los empujó a formar manadas de feroces depredadores; de ahí a la exaltación de la violencia y de la camaradería agonística no había más que un paso, y era inevitable que lo dieran. Pero ya va siendo hora de que demos el siguiente. Y para dar el siguiente paso hemos de empezar por oponernos por todos los medios —también derribando vallas, sí, y enfrentándonos a unos supuestos «antidisturbios» que solo protegen los intereses de sus amos— a quienes utilizan el deporte para disfrazar de «normalidad democrática» la abyecta complicidad de nuestros corruptos gobiernos con la barbarie sionista.

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31 Comentarios

  1. MacNaughton

    No estoy nada acuerdo contigo sobre el futbol, Carlo. Creo que sigue siendo en balance un fenomeno positivo para la sociedad. Cierto que los ingentes cantidades de dinero que mueve ha hecho mucho daño a su imagen, porque siempre era el deporte de la clase obrera, de los obreros que trabajan 5 dias y medio cada semana y iban al futbol los sabados por la tarde…como mi abuelo que trabajaba en la fabrica de Rolls Royce en Glasgow y iba a ver el Partick Thistle…nunca le conoci, se murio joven como es tan habitual con la clase obrera escocesa…

    Para Bill Shankley, el futbol era socialismo en accion….

    Para un escoces, no hay figura con mas autoridad moral que Jock Stein, un autentico heroe de la cultura escocesa…

    Y me alegro de haber visto al joven Alex Ferguson correr por el cesped de Easter Road en Edimburgo y abrazarse a su capitan, Miller, un dia en mayo del año 80 cuando un equipo mas bien mediano, el Aberdeen, hizo lo imposible al ganar la liga escocesa y romper el duopolia Celtic/Rangers…

    Que el futbol no tiene importancia? Vale. Es una chorrada en el fondo? Por eso nos gusta. Porque lo demas es tan serio y solemne…

    El futbol da alegria a millones de personas que igual no tienen mucho mas en su vida…

    • No niego que localmente y en algunos casos un determinado club de fútbol pueda convertirse en algo positivo y socialmente válido, como el St. Pauli de Hamburgo (cuya sede visité hace unos años) o el que tú mencionas; pero, considerado globalmente, el fútbol, en muchos países, es el equivalente contemporáneo del circo romano. También las religiones -y el alcohol, y los opiáceos- dan «alegría» a millones de desposeídos.

    • MacNaughton

      Es que, Carlo, nunca voy a estar de acuerdo con los ataques al futbol, porque, primero, me ha dado a mi infinitas alegrías, y no creo que sea ningún neandertal como tu nos pintas, y segundo, y muy importante para mi, es el deporte de la clase obrera de mi país…

      Creo que tiene mucho que ver con la infancia y lo que te ha tocado. Yo me acuerdo, de niño, de haber visto la Escocia – Checoslovaquia desde las escaleras de mi casa en el 77, a escondidas, porque mis padres no me dejaban verlo era tan peque y así me escondí para poder ver solo la mitad del televisor y volverme loco con el gol de Joe Jordan… me volví absolutamente loco de alegría y entraron en razón y me dejaban ver el resto del partido…

      Y me acuerdo de haber llorado la noche que se murió Jock Stein en directo tras ponernos en los Mundiales del 86…. todo un país llorando por la muerte del hombre que hizo que 11 chavales del barrio de Glasgow ganara la Copa de Europa… chavales claramente malnutridos como era Jimmy Johnstone… pobres como ratas, joder…

      He visto a colegas mias de la infancia que han fichado por el Hibernian, y lo que suponía para sus familias y ellos, gente pobre, sin un puto duro, que de repente adquieren un estatus…

      He visto de todo en el futbol…

      Sé que si te quieres poner a criticarlo, no tiene justificación. Es un deporte muy corrupto. Pero, ¿si no existiera? ¿Qué harían todos estos chavales con tanta vitalidad y tanta juventud?

      • No se trata de eliminar el fútbol, sino todo lo contrario: lo que habría que hacer es devolverle su condición de deporte saludable y popular, en el mejor sentido de la palabra. Hoy día, como tú mismo señalas, es un negocio corrupto y una droga embrutecedora, y eso es lo que hay que combatir, no el fútbol en sí mismo.

        • MacNaughton

          Ya, pero no te creo, Carlo, creo que en el fondo que eres anti-futbol…

          Yo soy pro futbol, es una actividad que da los jovenes una estructura una disciplina y una jerarquía impagable… les viene bien…

          Luego me lo he pasado muy bien…. me he gastado dos horas ida y vuelta, o sea, 4 horas, para ver la selección escocesa ganar a Francia a España y a Inglaterra en Hampden Park… u no he visto un solo problema nunca… de Portobello en Edimburgo a Hampden y de vuelta…

          He conocido a gente como Alex Ferguson, que al ganar el Aberdeen el doblete en el 84 le entrevistan en la tele y dice…

          -Esta copa de Escocia lo han ganado Miller y McLeish ( los dos defensores centrales). Hemos jugado muy mal. Somos una puta mierda de equipo…

          Y dice el de la tele…

          -Oye Alex, acabáis de ganar la Recopa contra el Real Madrid. ¿No será que los jugadores están un poco cansados?

          Y Fergie:

          – Que va. Eso ha sido una vergüenza para un equipo como el Aberdeen (un equipo sin tradición antes de Fergie), esto ha sido una mierda…

          Fergie. Stein. Dalglish. Davie Cooper…

          Me lo flipo el futbol…

  2. Manuel Queimaliños Rivera

    Espléndida definición de deporte. Un placer leer artículos como éste.

  3. Maestro Ciruela

    Sigo sus artículos con interés desde siempre, pero ocasiones hay en que la identificación es total, como es el caso de este «El estadio y el ágora». Incluso en pequeños detalles, he tenido la sensación de que me arrebataba usted mis pensamientos y las palabras de la boca. Saludos.

  4. “El fútbol es la ópera del pueblo”.

    Stafford Heginbotham, presidente del Bradford City AFC.
    *
    «Ce que, finalement, je sais de plus sûr sur la morale et les obligations des hommes, c’est au football que je le dois.» (Mis mayores certezas sobre la moral y las obligaciones de los seres humanos, se las debo al fútbol).

    Albert Camus, portero durante varios años del Racing Universitario de Argel.

    Cuando vivía en París, Camus iba al Parc des Princes (el estadio del PSG actual) a ver los domingos los partidos del Racing Club de París (del que era hincha porque el club se llamaba y se vestía como el club argelino en el que él había jugado). La prueba:

    https://www.youtube.com/watch?v=4AZAIyQ5_EA&t=86s

    • Frabetti

      Todo esto es perfectamente compatible con lo que planteo en el artículo. En el marco de la religión católica (y de cualquier otra) hay gente maravillosa, personas que han hallado su inspiración en Jesucristo o en Francisco de Asís… Y, al mismo tiempo, la Iglesia es y ha sido siempre una institución corrupta y represora.

  5. E.Roberto

    ¡Ay madre mía, Carlo! Leyéndote estoy de acuerdo totalmente con vos, pero ¿qué tendría que hacer uno para quien el futbol fue la única alegría, “en la pobreza y en la esperanza” (la religión estructurada se me cuela por todos lados no obstante creo que tendría que ser depurada… o exiliada). La muerte también es obscena, pero vivir es una experiencia única, como un “picado” o un superclásico. Ver la pelota que aún cuando te desobedece sabés que no es culpa de ella, y te decís que en la próxima lo harás mejor pues la destreza todavía hace mella, cuando eras pibe con la de trapo, y ahora que comenzás a ser un harapo y la mirás por televisión. Me imagino el paraíso como un gol lícito pero con la mano, o el gambeteo infinito hasta el arco contrario y con un amague de cintura la metés del otro lado, donde el arquero no se la esperaba, y luego sí, levantar las manos agradeciendo al cielo, a Dios, a la hinchada o simplemente a tu madre. Una solución por ahora utópica sería tasar con ecuanimidad el lujo obsceno de esos jugadores fanfarrones y frívolos, de la misma manera que a los pocos super ricos informáticos que tienen una “hinchada invisible”, no como la del fútbol que es puro sudor, emoción, alegría y dolor… y sobre todo esperanza para el próximo partido. Si ellos nos dan alegría y nosotros los enriquecemos debido a sus habilidades, justo sería que devolvieran lo justo a la sociedad que los vio crecer. Los míticos estadios nacieron para que el barrio con sus familias fueran a ver a sus muchachos, y si ahora son copados por exaltados o violentos, pocos pero notorios, es otra historia que tiene solución. Un gran abrazo, Carlo.

    • Frabetti

      ¿Qué tendrían que hacer aquellos para quienes la religión es el único consuelo? La cuestión es: ¿Cuál es el precio -individual y social- de la alegría futbolística o del consuelo religioso? Me hago cargo de la complejidad de estos asuntos en los que van juntos -y a veces revueltos- lo mejor y lo peor del ser humano. Gran abrazo, ER.

  6. MacNaughton

    Yo realmente me dejé de enganchar con el futbol cuando igual tenia 20 años… Lo veo con distancia ahora, y voy igual a un partido o dos al año, no más, pero sin traicionar a la gente futbolera, porque lo he sido yo…

    Pero una anécdota para que sepáis la importancia del futbol en Escocia. Alastair era amigo de mi padre de toda la vida. Era católico escocés, y un católico escoces es mucho más católico que un católico español, así que tenían él y su mujer, una irlandesa fanáticamente católica, igual 15 niños. Una, la Lisa, de mi edad, que con el tiempo, se ha convertido en gran amiga mía… Lisa es una tia que salva vidas, es enfermera principal de la unidad de riñones en no me acuerdo que hospital de Edimburgo y es mi colega y la quiero mucho…

    Total, Alastair se moría de cáncer. Estaba allí falleciendo en Las Arenas de Morar, un sitio absolutamente espectacular en Escocia, en las Tierras Altas donde su casa. Alastair había estado en Sevilla en el 82 (era un señor muy majo) tocando la gaita en su falda escocesa cuando perdimos 1-4 al Brasil de Sócrates y Junior y Edar, y había estado en Gotenburgo cuando el Aberdeen ganó a la Recopa al Real Madrid, también con la gaita, el siempre…

    En fin, el hijo de le ocurre llamar a Gordon Strachan, ex-juagador de Aberdeen, una leyenda en Escocia, para pedirle que deje un recado para su padre. Y Strachan lo hace…

    Y así se murió Alastair, en su casa en las Tierras Altas, en la cama, rodeado sus hijos, con esa mensaje de Gordon Strachan…»Mira, Alastair, que nos lo pasamos bien por ahí…»

    Bonito…

  7. MacNaughton

    Luego, Carlo, y puede parecer raro como se mezclan las cosas, pero todo tiene su explicación, la noche que se murió Jock Stein…

    Es que en mi barrio de Edimburgo, raptaron a una niña de 5 años en el 83. La raptaron, la violaron y luego la mataron y la dejaron en un dique en Inglaterra. Fue absolutamente terrible, no sé si nos hemos recuperado todavía de eso… es simplemente insoportable la idea… mi barrio entero se quedó hecho polvo…pobre niña…

    Años después pillaron al monstruo, un tal Robert Black, y le metieron en la cárcel. Era un camionero que había matado a varias niñas, alguien lo vio metiendo a otra niña en su furgoneta y se quedó con la placa y la poli le pillaron…

    ¿Por que esto con el futbol escocés? Porque la noche que se murió Jock Stein estaba yo con la hermana de la niña. Era de mi edad, Eveleyn se llamaba, era colega nuestra. No sabíamos que decirle. Éramos unos zafios y unos brutos y no sabíamos hablarle del tema.

    Creo que fue cuando yo me desenganché del futbol. O sea, fin de la infancia. No solo la muerte de la niña, Caroline se llamaba, sino la total incapacidad de mi parte de comunicarme con su hermana dos años después, la noche que se murió Jock Stein

    Todo esto se me mezcla con la muerte Stein. Estaba yo en la playa de Edimburgo, llorando sin parar pero, no sé si por la muerte de la niña, por Stein, o por mi total fracaso, bruto y bestia como era, de entenderme con la hermana…

    • Realmente impresionante tu relato, Mac. La vida, a veces, es una mezcla caótica de cosas dispares, un remolino que nos arrastra y aturde. Entiendo tu pasión por el fútbol, y estoy seguro de que hay magníficos deportistas y magníficas personas que lo practican y siguen. Pero su instrumentalización por parte de los poderes establecidos es lamentable.

      • MacNaughton

        Fue muy duro para mi barrio, Carlo…
        Que un hijo de puta hace eso con una niña de 5 años…
        Es que todavía nos rasgamos la cara, nos volvemos locos, estábamos, todos allí en teoría, era nuestro barrio, coño…
        Y el hijo puta ese…
        No sabíamos llevarlo, entonces, ni puta caso…

        No, no se recuperan de estas cosas nunca. Nosotros, la peña del barrio. ¿Y la madre? Ni idea…

        Tendría que haberme ocupado de la hermana, Evelyn, y no lo hice… y me siento como un cabrón por eso…

        Yo con la hermana, la Evelyn, tendría que haberme ocupado… y no hice nada… solo quería follarmela…

        No actué bien allí… fui muy insensible…

        La verdad, me arrepiento…

        • MacNaughton

          Carlo, una pregunta, ya que eres matemático…

          Salió un señor en El País el otro día, un físico, que decía que el libre albedrio humano es un espejismo, que está todo escrito desde el Big Bang, el comportamiento de los átomos, esta todo decidido…

          ¿Que me dices de eso, Carlo? ¿Es verdad tu crees? ¿Estaba escrito que aquel monstruo iba a mater a aquella pobre criatura ya desde los orígenes del universo?

          ¿Crees en algún tipo de dios? ¿Cómo podemos vivir sin volvernos locos en un universo tan vasto y vacío de vida?

          No sé porque me ha dado por pensar en esa pobre niña tras tantos años. Pero esa palabra tan bonita en inglés, haunting, lo que hacen los fantasmas, pues eso, el asesinato de esa niña me supone una especie de haunting…

          No sé como podemos tirar pa alante, pero el caso es que lo hacemos…

          • Un científico serio no puede decir eso: no puede confundir una conjetura o una opinión personal con un hecho comprobado. El universo podría ser un holograma, o un videojuego de unos seres superavanzados, y el libre albedrío podría ser una ilusión…

            • MacNaughton

              Un videojuego no creo, la vida tiene una textura analógica, no ya digital…
              En todo caso, estamos inmersos en un misterio que creo que nunca se desvelará…
              Damos palos de ciego continuamente…
              Lo único que tenemos es el amor…
              Eso si es un superpoder…
              Nos alteramos por tonterías continuamente…
              No vale la pena, la verdad…

          • Ray Donovan

            MacNaughton, te he leído durante mucho tiempo en Jot Down y no tenía la imagen de auténtico pelmazo que estás ofreciendo por aquí. Has conseguido desviar casi por completo el sentido que Carlo Frabetti quería dar a su interesante artículo para convertir esto en un confesionario. Creo que un psiquiatra te iría de perlas o quizá un cura escocés y muy católico, aunque no sé si tu lo eres (católico) como Alastair. Vale ya.

            • MacNaughton

              Es la edad, amigo. Nos vamos quedando en nuestra peor version.

              Tomo en serio tu comentario. Carlo me resulta un poco repetitivo ya con sus ataques al futbol.

              No obstante, le quiero como te quiero a ti, hijo. Si lo peor en lo quedamos es plasta, no es tan grave la cosa…

              • Ray Donovan

                Ayer me pillaste en un mal momento y se me fue la olla. Al leer hoy lo que te dije, me he mesado los cabellos horrorizado. Te pido disculpas muy sinceras y espero que no me guardes rencor. Un abrazo.

                • MacNaughton

                  No hace falta pedir disculpas, Ray, tienes bastante razón.
                  Me he metido por un tangente y ya está.
                  Gracias de todas formas por el detalle de tu segunda entrada.
                  Saludos.

                  • Por lo que a mí respecta, considero que las «tangentes» enriquecen el diálogo y abren nuevas vías. Bienvenidas sean.

  8. ángel Prats

    El ejemplo del estadio me gusta, pero el del ágora… habría que matizar. Ambos espacios pueden ser herramientas de manipulación, el estadio con la pasión y el ágora con el discurso. Allí pocas veces se vendía la verdad; se vendía convencer. Era una lucha entre los influencers de la época para conseguir likes, aunque entonces lo llamaban prestigio. Ya sé que utilizas el ágora como metáfora utópica, pero me chirría, está tan idealizado.

    • Frabetti

      Cierto, y el auge de los sofistas es una clara prueba de ello. Pero también había sitio para los Sócrates y los Diógenes. El diálogo siempre es más positivo -menos peligroso- que el monólogo (o cualquier mensaje unidireccional).

  9. El horror, el horror. (El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad)

  10. No entiendo que el carácter casi monstruoso del fútbol aún pueda ser objeto de debate, pero que yo no lo entienda no significa nada, dado que aún aparecen miles de vándalos tras cada partido y debo aguantar los televisores a la calle en cada uno de los innumerables eventos deportivos “del siglo”. Me temo, además, que la estupidez ha hecho metástasis desde que llegaron las parabólicas (y después la expansión de la red) y ya son centenares de prácticas deportivas las que solicitan atención constante y entusiasmo. Por si algo faltare, las señoras, pletóricas de orgullo, se suman al colonialismo mental, el embrutecimiento y los mecanismos de mercado. Parece ser que el objetivo es que existan versiones femeninas de Cristiano Ronaldo, lo que sin duda es una idea muy progresista y un avance social importante. Acabáramos..,. En cualquier caso; gracias por las reflexiones, aunque creo que el complejo deportivo-espectáculo ya no puede ser derrotado.

    • Frabetti

      Importante tu reflexión sobre la incorporación de las mujeres a la aberración del deporte agonístico. En este y otros campos intentan vendernos la moto de que la liberación de la mujer consiste en hacer las mismas barbaridades que los hombres. Pero no caigamos en el pesimismo: si hemos acabado con el poder absoluto de los nobles y de la Iglesia, podemos acabar con el machismo hipertestosterónico.

  11. Carlo, creo que te refieres a la mercantilización del fútbol, que no al juego como tal. Basta con ir a un partido de barrio para notar la variedad de aspectos que puede llegar a contener este deporte: como ejercicio de cooperación, de socialización, de disfrute estético, etc. Y claro que también hay roce, fricción, violencia, malas prácticas, etc. Pero, a fin de cuentas, algo hay en él que lo ha convertido en uno de los deportes favoritos del siglo XX y, quizás, del XXI. Otra cosa es, por cierto , convertirlo en un remedo de competición, esto es, en un pingüe negocio de poderosos de toda calaña…
    Pero, no olvidemos, por lo demás, que el ágora también es un espacio de competición, de enfrentamiento discursivo. Que este sea cooperativo, lúdico y leal, tal como un buen partido de fútbol, ese es el desafío. Me parece. Un saludo, Carlo.

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