Cine y TV Sociedad

De la alucinación de los Lumière a un Coppola alucinógeno

Francis Ford Coppola durante el rodaje de Apocalypse Now, probablemente ya pensando en Megalópolis

Una de las últimas películas que vi en una sala de cine fue Megalópolis, de Coppola. Fue en los Verdi de Bravo Murillo, sesión de mañana, V.O.S, un lunes al poco del estreno, en 2024. Había ocho señores conmigo, estratégicamente separados los unos de los otros, incluyendo a un crítico gruñón pero muy bueno (salvo cuando escribe novelas). Yo espero sus artículos de prensa con ilusión. O no, como diría él.

Primero, brevemente, la película

Creyéndose que es Malick, Coppola ha intentado hacer una obra shakesperiana. Pero Coppola no es Malick. Tiene otras muchas virtudes (Apocalypse now, El padrino; ambas buenas novelas), pero no la facilidad de la penetración estética ni la profundidad intelectual capaz de emocionar hasta las lágrimas (La delgada línea roja). La película habrá resultado insoportable a los que gusten del cine comercial, a esa gente que va al cine a entretenerse; y floja al espectador gafapasta que acudió ilusionado al cine esperando paladear una obra maestra, el testamento cinematográfico de un gran director. Para los primeros, megalópolis será megaaburrida (ese chiste seguro que ya se ha hecho), pero sobre todo incomprensible. Si no se identifican las cientos de referencias que va soltando Coppola (ya sea porque no se tenga cultura, o porque teniéndola uno directamente renuncie a jugar a algo tan aburrido), la película es un tostón infumable.

Al segundo grupo de espectadores les habrá parecido un continuo quiero y no puedo. La película no es que no llegue a un Malick, es que tampoco llega al Coppola en sus malos tiempos. La película es estéticamente placentera a ratos, con alardes del tipo ya-me-da-todo-igual y para-eso-me-lo-he-pagado-yo, pero poco estimulante en el plano intelectual. Aunque al menos no hay concesiones hacia la galería. Eso se agradece. Algunas referencias culturales, como la de una virginal Taylor Swift, son graciosas, pero en lo sustancial, en el núcleo de la película, nada de los ecos clásicos del magistral Coriolanus de Ralph Fiennes de 2011, o del King Lear de Richard Eyre (2018). Cuando el guion quiere ir por ahí, patina estrepitosamente. No solo porque se le nota, sino porque la realización no está a la altura, hasta el punto que parece que está haciendo una parodia. La parte del circo-coliseo es particularmente ofensiva al gusto. Parece haber sido hecha en una clase tonta de pretecnología de educación infantil. Pero no, Coppola no quería parodiar a Shakespeare ni a los que lo han tratado en serio, sino traérnoslo al siglo XXI. Fracaso total por ese lado.

El elenco es impresionante (¿quién no querría trabajar con Coppola?): Jon Voight, Dustin Hoffman, Giancarlo Esposito, un Shia LeBeouf, al que no le dejan brillar lo que merece, y por supuesto la gran voz de Adam Driver y su impresionante presencia física. Muchos espectadores no pudimos evitar ver a Sydney Sweeney en una Aubrey Plaza incomprensiblemente rubia pero que es de lo mejor de la cinta, dentro de lo plano que es el personaje que le tocó a la pobre mujer. Y Nathalie Emmanuel no ha podido hacer más con el papel que le ha caído que arrastrarlo con dignidad durante dos horas y cuarto.

Sí, la película se presenta como una fábula, y es eso, pero de una manera tan plana y transparente que da pereza. América es, naturalmente, una nueva Roma, pero la representación que hace Coppola es de cartón piedra. Nada que aportar a una crítica seria (bueno, ni siquiera articulada) a la cultura americana contemporánea. Los aspectos técnicos: iluminación, fotografía, sonido, etc. son, naturalmente, correctos, pero el guion no puede gustar a nadie con sentido y sensibilidad. La mezcla de moralina y reconvención patriótica del final da un poco de repelús en estos tiempos.

Lo peor es, sin embargo, que Coppola dijo que esta era la película que siempre había querido hacer, aquella en la que hipotecó todo su patrimonio para filmar, la obra construida pacientemente sin las limitaciones y las ligaduras del mercado, los productores y los grandes estudios. El cine como séptimo arte tras la arquitectura, la literatura, la danza, la música, la pintura y la escultura. Visto lo visto en los Verdi, doy gracias al mercado, a los productores y a los grandes estudios por meter en vereda a los directores. Y en especial a Coppola, porque ha resultado ser un peligro para sí mismo.

Ahora, el cine

El cine es un invento reciente. La primera proyección pública con fines comerciales tuvo lugar el 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indio del Gran Café de París, a cargo de los hermanos Lumière. Es difícil imaginar hoy la conmoción que debió producir en un público acostumbrado únicamente a la ópera, al teatro o a los espectáculos de variedades presenciales. Leyendo a, por ejemplo Galdós, uno se da cuenta de que las percepciones de la gente antes del cine eran muy diferentes que las nuestras. El salto tecnológico más comparable en tiempos recientes ha sido internet, pero la sola visión de figuras humanas moviéndose en una pantalla —aunque fuera en tonos grises, sin sonido y acompañadas apenas por una pianola o un narrador— generó un gran impacto social. Lo sabemos por las crónicas de la época: la gente gritaba, se tapaba los ojos o retrocedía instintivamente ante La llegada del tren a la estación de La Ciotat, convencida —supuestamente— de que el tren iba a salir de la pantalla y arrollarlos. Junto a ese asombro colectivo aparecieron, como es habitual en la naturaleza humana, las voces disidentes: los que lo tachaban de pernicioso para las buenas costumbres y los que lo consideraban una mera frivolidad innecesaria. Hubo quien llegó a afirmar que el cine era «un invento sin porvenir» (incluso uno de los propios Lumière lo insinuó en algún momento), o que se trataba de un entretenimiento vulgar destinado a desaparecer tan rápido como había llegado.

La idea de reunir a muchas personas en un espacio amplio para contemplar algo en común no era nueva: ya existían las salas de teatro, los cafés-concierto y las linternas mágicas. La oscuridad del recinto, tampoco. En concepto de alucinación colectiva es anterior. Lo verdaderamente revolucionario era la posibilidad de multiplicar las representaciones infinitamente sin necesidad de actores en vivo. Unos pocos rollos de celuloide podían contener una historia completa; bastaba con un proyector y un operador para devolverla a la vida una y otra vez. Eso supuso una democratización radical del ocio: ni los reyes más asiáticos de siglos anteriores habían tenido a su disposición, en cualquier momento y sin intermediarios, una forma tan directa y repetible de divertirse o emocionarse.

El cine no acabó con el teatro ni con la ópera, pero los absorbió y los transformó. Hoy es posible grabar una obra teatral o una representación operística y proyectarla en miles de salas o pantallas; se pierde la magia irrepetible del directo, la electricidad del público en vivo, pero se ganan accesibilidad, detalle visual y la posibilidad de preservar momentos irrepetibles y volver a verlos una y otra vez exactamente de la misma forma. Pienso en El séptimo sello de Bergman (teatro) o en su magnífica versión de La flauta mágica. Otra ópera que luce filmada es la Elektra de Strauss que hizo Götz Friedrich. El proceso inverso es mucho más raro y limitado: el teatro o la ópera pueden incorporar proyecciones y efectos visuales, pero eso no deja de ser un apaño.

En la práctica, la ópera se ha convertido en un nicho elitista (basta con observar a la parroquia del Teatro Real para comprobarlo), y el teatro, aunque conserva un público más amplio y popular, ha perdido hace décadas la centralidad que tenía como forma dominante de entretenimiento colectivo.

Lo que realmente domina la cultura audiovisual contemporánea no es ya el cine en sí, sino sus derivados y descendientes. Primero llegó la televisión, durante décadas un cine empequeñecido y doméstico, hasta que las pantallas planas gigantes y la alta definición la convirtieron en algo más ambicioso. Luego, con la banda ancha ultrarrápida que hoy damos por sentada, irrumpieron las plataformas. Ese sí ha sido el verdadero cambio de paradigma en el concepto mismo de cine: del acontecimiento colectivo y puntual al consumo ilimitado, individualizado y bajo demanda.

Durante más de medio siglo, ir al cine fue un rito social casi ineludible. Era la forma principal de estar al día, de participar en la conversación cultural, de acumular referencias compartidas y, en definitiva, de sentirse en el mundo, nutrido de un bagaje común. Se hablaba de los estrenos porque eran lo único que se podía ver; las novedades iban y venían, y si no estabas atento, te las perdías hasta que pasaran al cineclub. Peregrinábamos para ver Bagdad Café o El marido de la peluquera.

Las pequeñas incomodidades de los cines —el desplazamiento, la cola, el asiento malo o lejano— se soportaban bien porque formaban parte de otras salidas sociales, como cenar fuera, tomar cañas, pasear. Además existía una cierta disciplina colectiva en las salas, que incluía la censura social contra los ruidosos, los que hablaban o los que comían con demasiado entusiasmo era fuerte. Hoy esa presión ha desaparecido casi por completo. La gente duda en chistar a quien habla por teléfono o mastica palomitas como si estuviera solo en casa; arriesgarse a recibir un «¿quién te crees que eres?» o algo peor es demasiado frecuente. El uso del móvil es habitual incluso entre los más respetuosos.

Antes no había alternativa real a la sala. Hoy sí la hay, y muy potente. Plataformas como Filmin ofrecen más cine del que cualquiera podría ver en diez vidas, y te lo entregan en la comodidad del salón, con los amigos o la pareja, sin horarios ni desplazamientos. Las pantallas grandes actuales, un proyector 4K silencioso de alta resolución y un sistema de audio decente (una barra con Dolby Atmos o un sonido envolvente 5.1/7.1 modesto) reproducen con asombrosa fidelidad la experiencia visual y sonora de una buena sala desde la fila 9 o 10. He vuelto a ver Megalópolis desde el sofá para este artículo (me tomo mi tiempo al escribir de estas cosas) y, más allá de certificar que Coppola desbarra, la impresión ha sido buena.

No, la experiencia no es exactamente igual que en una sala de cine. Ya no es una alucinación colectiva, sino privada. Pero, precisamente por eso, para muchos, es mejor. En el sofá, sometido a la Broma infinita a lo Foster Wallace de Coppola, puedes elegir el volumen, la temperatura y la iluminación; no tienes que aguantar a quien se cree que está en su sofá (o que no se ha duchado en varios días); si necesitas ir al baño o hacer una pausa la haces sin perderte nada; puedes repetir una escena, poner subtítulos enormes o incluso ver la película en versión original con tres idiomas de subtítulos superpuestos si te apetece comprobar una vez más que el inglés de las academias y el real se parecen como un huevo a una castaña.

El único inconveniente serio, si se le puede llamar así, es la paradoja de la elección: hay tanta variedad en las plataformas que resulta abrumador decidir qué ver. Los algoritmos de recomendación fallan estrepitosamente la mayor parte del tiempo (te sugieren lo mismo que ya viste, cosas que odias o directamente te insultan al perfilarte de una manera que te resulta ofensiva), aunque muy poca gente posee hoy una cultura cinematográfica lo suficientemente sólida como para saber qué quiere ver sin necesidad de tener enfrente los carteles de las películas. Por otro lado, la gente llega a los productos de maneras laterales, como por ejemplo cuando un grupo decide que es intolerable que pasen Ícaro en Filmin y grita que habría que cancelarlo, y otro grupo (que no tenía intención de verlo) decide, precisamente por eso, tragárselo entero, hablar de él elogiosamente, y ponerle dieces a mansalva en la valoración de la plataforma.

¿Qué futuro les espera a las salas de cine comerciales? Mi impresión es que seguirán la misma trayectoria que los videoclubes: una innovación deslumbrante en su momento que se desvaneció cuando la tecnología los volvió obsoletos. El modelo de negocio clásico del cine se basaba en tres pilares que ya no existen: la escasez física (un proyector era caro y los rollos no se multiplicaban gratis), las novedades, que pasaban y que había que aprovechar rápido; y las economías de escala. Cuando el proyector se convierte en un objeto cotidiano (la tele, el proyector doméstico) y cualquier película que se haya filmado llega cuando quieras, bajo demanda, convertidas en unos y ceros a través de la fibra óptica, el modelo deja de tener sentido económico.

Quedarán las salas subvencionadas porque algún político lo decida así, las salas para nostálgicos, o para experiencias singulares (estrenos en IMAX con palomitas para el vulgo en la estela de los Lumière, versiones restauradas en 35 mm, festivales); y los espacios cuquis para una élite cultural dispuesta a pagar el sobreprecio por la distinción, por la experiencia colectiva irrepetible, por la nostalgia de seguir haciendo algo que hacía desde niño con sus padres, o simplemente porque creen que ciertas películas se merecen ser vistas en la oscuridad compartida de una gran sala, rodeados de ocho personas que, por un par de horas, se convierten en cómplices silenciosos de la misma emoción (o decepción). Como la ópera de hoy, o leer un libro de papel en el sillón de orejas de Bernhard: un lujo ritual para quienes aún valoramos lo analógico y lo público en un mundo cada vez más digital y privado.

 

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38 Comentarios

  1. Las películas con las que se retiran o siempre han soñado hacer lo dicen porque por sí solas no van a triunfar.

  2. En la cultura hay gente elitista, descaradamente elitista, muy elitista, y luego está este señor. Me he entretenido en mirar el resto de sus artículos y joder. A ver, que lo que escribe mola y te hace pensar, pero me parece todo tan lejos de la gente normal que no sé, me sorprende mucho esta gente. Yo no conozco a nadie así ¿De dónde los sacáis? Porque suponiendo que sea sincero, que es mucho suponer, ¿a quién le gusta el coñazo de Malick? Quiero decir, la gente que ‘llora de emoción’ con Malick, ¿qué libros ha leído? ¿en qué se ha formado? ¿de qué vive? Me parecen de otro planeta.

    • Hombre, no sé. Hay gente para todo en el mundo. Yo con Días del cielo alguna lagrimita habré soltado. Y diría que es una de mis pelis favoritas de todos los tiempos.

  3. Yo lloro de emoción con Malick, especialmente con el árbol de la vida. Me gusta el coñazo de Malick. Me formé, o me deformé, quién sabe, en Filosofía. Los filósofos pueden ser muy malos espectadores, porque allí donde hay emoción y sensación se empeñan —algunos— en poner conceptos y, claro, en lugar de ver las imágenes, auténtica ontología del cine, no paran de pensar en significados. Menos logos y más pathos, pienso yo. Las imágenes de Malick, en la hora dorada, no significan nada más allá de sí mismas. No hay reino trascendente de significados. Hay magia. El cine sin magia sí que es un coñazo, opino. No sé qué pensará la gente normal (esa ficción estadística).

  4. No se tendría que anunciar en algún lado que es un publirreportaje sobre filmin?

    • Francisco J. Tapiador

      Hola. No, no lo es. Es un accidente que aparezca, de hecho. Podía haber sido Netflix, Apple o Amazon, dependiendo del flujo narrativo. Si sale Filmin es porque cuando lo acabé de pulir estaba en las noticias el tema de Ícaro. Escribo sobre lo que quiero y como quiero, y ni Filmin me ha pagado nada, ni la revista me sugiere temas o enfoques, o me pone límites o líneas rojas, ni nada de nada. En mis artículos reflejo mis manías, querencias y arbitrariedades con toda libertad. Nada más. ¿Me gusta Filmin? Pues sí, pero tu comentario es como sugerir que el artículo de los supermercados lo patrocinó Carrefour, el de Cauchy los matemáticos, y el de Orwell el editor de sus libros. No hay nada de eso, de verdad.

  5. Fenomenal el compañero, como siempre. Pero a ver, Maek. Es catedrático y escribe novelas, poesía y ensayos. Eso es elitista por definición pero no te confundas que una cosa es la élite cultural e intelectual y el mérito personal y otra cosa muy distinta el clasismo económico.

  6. MacNaughton

    Cuando el invento de la tele, se decía aquel entonces que el cine iba a morirse… tal era así, que al principio, los Estudios americanos se negaron a vender los derechos de sus peliculas a las cadenas…

    Luego con el invento de video en los 80 y su auge, también se vaticinaba que se acabó el cine, que por qué se iba a ir a una sala la gente con cientos de títulos en el videoclub de al lado…

    Ahora con las plataformas, hay quien pronostique otra vez el fin de cine, como el señor Tapiador, que nos dice que se quedará en algo residual…

    Pues no estoy de acuerdo, y no solo porque en cada caso arriba expuesto tanto la tele como el video se convirtieron en aliados de la industria del cine, sino porque creo que siempre habrá gente que quiere salir de casa y ir al cine… sobre todo la gente joven… y hoy en día, los jubilados…

    Los que seguimos el cine en serio, sabemos que, mientras es verdad que hemos perdido más o menos la mitad de los espectadores en salas desde hace 20 años, los números se han estabilizados estos últimos años… no estamos en caída libre…

    En todo caso, si España tuviese una política de Estado de cine coherente y bien pensado, que no la tiene ahora, se estaría prestando mucho más atención a las salas y habría alguna campaña en TVE para recordar a la gente por que es bueno ir al cine…

    En cuanto a F F Coppola, pues es un mito del cine, siempre lo será tanto por su trilogía de EL PADRINO como por APOCALYPSE NOW, sin pasar por alto la novedosa y arriesgada LA CONVERSACIÓN…

    El señor Tapiador, si no está encima de filósofos alemanes como Heidegger o Habermas, está encima de Francis Ford….

    El sabrá…

  7. Malick tiene peñazos y pelis muy buenas.
    Una cosa es ser elitista y otra pedante.
    Respecto a Megalópolis yo la vi con mi esposa en una pequeña sala donde solamente había otra pareja, dos hombres que supongo eran amigos.
    La pareja se fue a la mitad de la proyección y mi mujer se quedó dormida. Yo fui el único que la vio entera y no me pareció ni obra maestra ni desastre sino una buena intención fallida.
    En estos casos siempre recuerdo que Blade Runner fue un fracaso de crítica y púbico y ahora es cinta de culto.
    Igual en treinta años a los críticos se les hace el culo PepsiCola con Megalópolis.
    Lo digital ha matado al celuloide, el papel y el vinilo, salvo para gafapastas y nostálgicos que seguirán yendo a salas de arte y ensayo, leyendo en papel y escuchando discos en vinilo.

  8. El comentario del tal McNaughton resume perfectamente la situación de la cultura en España. Una eminencia pule una reflexión literaria, un ensayo breve, sobre un tema de interés. Argumenta, con un estilo agradable y personal (nada de una IA) que el cine está de capa caída. Lo hace desarrollando ocho ejes en su texto (abajo). Pero el tal McNaughton, un espontáneo que tiene muchas ganas de dar su opinión, no está de acuerdo. Hasta le parece mal la polimatía del autor. Y todo esto nos lo dice en los comentarios, porque su opinión sí que tiene mucho interés público (¿?), no como la del autor del texto. Eso le sirve a McNaughton para hablar de su libro, diciendo cosas que demuestran que no se ha leído el artículo, o que no lo ha entendido, o que le dan igual los argumentos del autor, porque él ya tiene su tesis y el mundo debe conocerla. Reconoce que los cines han perdido la mitad de los espectadores, pero eso le da igual, porque según él no es cierto que el cine esté de capa caída porque eso decían antes de la tele. Pero lo que hay que hacer es subvencionar al cine (¿?). Y así todo. Luego me pregunta la gente que por qué no vuelvo a España.

    Según una IA los ejes del argumento del señor Tapiador sobre la crisis de las salas de cine, por si el señor McNaugton tuviera a bien refutarlos. Se los doy masticados:

    1. Cambio de paradigma hacia el consumo individual y bajo demanda: El cine tradicional era un evento colectivo y puntual, pero la TV y plataformas como Filmin lo han transformado en algo ilimitado, personalizado y doméstico, eliminando la necesidad de salas como espacio central.
    2. Pérdida del rito social y cultural: Antes, ir al cine era esencial para «estar al día» y compartir referencias (ej. hablar de estrenos como Bagdad Café), pero ahora las alternativas han erosionado esta centralidad, haciendo las salas innecesarias para la conversación cultural.
    3. Incomodidades inherentes a las salas que se han vuelto intolerables: Elementos como el desplazamiento, colas, asientos malos o lejanos se soportaban porque no había opciones, pero con alternativas domésticas, estos se perciben como obsoletos y frustrantes.
    4. Deterioro de la disciplina colectiva y el comportamiento del público: La presión social contra ruidosos, charlatanes o usuarios de móviles ha desaparecido, convirtiendo las salas en espacios caóticos donde el respeto mutuo es raro, lo que degrada la experiencia.
    5. Superioridad técnica y de confort de las alternativas domésticas: Pantallas grandes, proyectores 4K, sistemas de audio (ej. Dolby Atmos) replican fielmente la experiencia de una sala buena, pero desde el sofá, sin interrupciones externas (ej. olores, distracciones).
    6. Ventajas prácticas del visionado en casa: Control total sobre volumen, temperatura, pausas, repeticiones de escenas, subtítulos o idiomas, lo que hace la experiencia «mejor» para muchos, al eliminar riesgos como perderse partes o lidiar con público molesto.
    7. Obsolescencia del modelo de negocio tradicional: Basado en escasez física (proyectores caros, rollos limitados), urgencia de novedades y economías de escala, que han desaparecido con la digitalización y el acceso instantáneo vía fibra óptica (comparación con videoclubes que se extinguieron).
    8. Paralelo histórico con otras formas de arte: Al igual que el cine absorbió y marginalizó al teatro y la ópera (convirtiéndolos en nichos elitistas), ahora el streaming hace lo mismo con las salas, reduciéndolas a espacios subvencionados, nostálgicos o para élites (ej. IMAX, festivales, versiones restauradas).

    • MacNaughton

      Claro, el único que quería dar su opinión en este espacio soy yo, usted es la discreción y la contención personificada, señor Felipe… es la idea de estos espacios en JD, ¿eh?

      En cuanto al libro que usted afirma que he escrito: ¿Cuál es? porque yo no lo he leído, mucho menos escribirlo… no soy autor publicado.

      El señor Tapiador parece tener un club de fans bastante extenso por lo que leo en los comentarios de sus artículos de JD. Bien para él. No conozco su obra fuera de aquí, mucho menos su persona. Solo juzgo lo que escribe aquí.

      No estoy de acuerdo ni con sus comentarios un tanto despectivo sobre FF Coppola, después de todo, dos veces ganador del Palme D’Or del Festival de Cannes, máximo galardón existente en el mundo de cine, ni tampoco comparto su opinión de que las salas de cine vayan a acabar como «los videoclubes», es decir, van a desparecer del todo… opiniones en ambos casos afirmadas sin ninguna referencia ni dato empírico…

      La historia del cine como fenómeno social / artístico / entretenimiento de masas está muy bien documentado, hay cientos de libros al respecto. Deja de ser un espectáculo de gran masas mediados de los años 50 más o menos, cuando los «picture palaces» eran lo normal y corriente, para luego ser renovado como arte por las Nuevas Olas, sobre todo la francesa, que en gran parte reinterpretan, ordenan, y re-elaboran el cine de la época dorada de Hollywood y, al hacerlo, dan lugar a la cinefilia entre otras cosas… gente que va varias veces la semana al cine… gente apasionada por el cine…

      Eso dura hasta más o menos el año 80, cuando el cine, otra vez, está en crisis, las salas están media vacías y ya viejas y incomodas… nace el video como rival supuestamente, y una nueva generación aparece entonces, liderado por Coppola, Spielberg, Lucas y muchos nombres más, a la vez que las salas se renuevan con la multi-sala… algo inexistente antes del año 80… vuelven los espectadores a las salas… nace también «world cinema» por otra parte, los antes cinéfilos empiezan a mirar afuera de Europa también para sus peliculas…

      Hemos llegado a otro momento de crisis, pero confío en que la sociedad seguirá queriendo ir al cine lo suficiente para que la presencia de salas no disminuya más que ahora… pero no lo sabemos, ni usted, ni yo, ni el señor Tapiador…

      Estoy seguro que el señor Tapiador es una eminencia en ensayo, poesía y no sé que más, como usted dice, pero no me parece lo sea en materia de cine francamente…

      O no; como aquel diálogo de BANDA APARTE justo antes de la famosa escena de baile, si, de un espontaneo, «Oh mon ami, c’est ça le monde, los imperios se desmoronan, las republicas naufragan, y los idiotas triunfan…»

      Pue eso…

  9. MacNaughton

    PD: En cuanto a las subvenciones para la industria del cine, claro que estoy a favor, pero eso no significa que apoye necesariamente todas las subvenciones, si o si. Hay que tener un plan para la industria y actuar con criterio.

    Hay que conocer la industria de forma rigurosa, que es muy compleja y variada. No tiene sentido ninguno hacer lo que acaba de hacer el ICAA (Ministerio de Cultura), que es subvencionar 288 guionistas con dineros entre 15,000-30,000 euros para que escriban sus guiones a solos en sus casas, porque la industria española no tiene capacidad para leer 282 guiones de particulares en un año o dos, ni siquiera en 3 0 4 años, y las pelis no suelen nacer así sino son fruto de colaboraciones.

    Y desligar la subvención de guion de la productora que pueda hacer real la pelicula es un error de principiante… eso no lo hace ningún Estado en Europa ya que yo sepa… o sea, un desastre…

    Abogaría por una campaña que vincule ir al cine, también el teatro o un concierto, con la salud, y sobre todo la salud mental. Si todos nos quedamos en casa viendo Netflix nos volvemos locos o nos entramos en un solopsismo tan agudo que dejamos de poder relacionarnos con los demás…

    En cuanto a Netflix, como dice Nanni Moretti en EL SOL DEL FUTURO, no nos hacia falta… Una cosa es Filmin, o Movistar, que apoyan el cine en salas y forman parte de la industria, otra cosa es Netflix que quieren acabar con las salas y quedarse con todo el pastel…

    Que tantos cineastas buenos hayan caído allí me choca mucho… Nanni tiene toda la razón, no nos hacia falta…

  10. XDDD pero a ver, McNaughton. Si no sabes lo que significa la expresión ‘ha venido a hablar de su libro’, no puedes entender el ochenta por ciento de lo que escribe Tapiador. Te pierdes todas las referencias culturales que va soltando cada dos párrafos. Le acusaba yo de elitista, pero por otras cosas. La escena de Umbral que te dice el Felipe ese es de primero de cultura española. Eso es básico.

    • MacNaughton

      Ah, lo de libro es referencia a la famosa entrevista con Umbral en la tele…

      No lo pille porque no veo que tenga que ver. El articulo se supone que es una critica de la ultima de Coppola, digo yo que no me he desviado del tema.

      Comparto con usted la sensacion de que Tapiador es un tanto elitista o mejor dicho pedante, pero sus fans bastante mas..

      En cuanto a «El Arbol de la Vida» pues me parecio muy pretenciosa por no decir cursi… me quedo con FFC antes que Malick…

  11. Yo no he dicho que el autor sea pedante, cuidado. Es un señor uber-ultra-elitista que parece que escribe solo para universitarios que hubieran leído tanto como el. Aunque me parece raro incluso dentro de esa especie. Pedante es el engreido que se tiene por más de lo que vale. Husmeando el CV de Tapiador la verdad es que puede decir lo que quiera. La diferencia es importante. Usted por ejemplo, McNaughton, elitista no es, pero pedante un rato XDDD. Pero leyéndolo si que le reprocho a Tapiador que sea tan elitista. Podía aterrizar un poco en temas y hablar de los temas que le interesan a la gente y mojarse. Yo todavía no sé si es de izquierdas o de derechas, por ejemplo y para mi es importante para valorarle. A ver Tapiador, que veo que contesta a «la plebe»: ¿qué? ¿dónde está?

    • MacNaughton

      Pedante es escribir una frase como «Coppola no es Terrence Malick», dando a entender que uno está encima de Francis Ford, ganador dos veces del máximo premio de Cannes, descubridor o promotor de ni más no menos que Al Pacino, actorazo sin par quizás de su generación, y director y productor de una de las peliculas más atrevidas y ambiciosas de la historia de cine, APOCALYPSE NOW… pelicula directamente mítica para la gente de cine…

      Si uno pregunta a los 10 o 20 críticos de cine que salen en la parrilla de Fotogramas o Caimán, y estoy seguro que todos dirían lo mismo: Francis Ford Coppola es una leyenda del cine…

      El señor Tapiador es catedrático de geografía según leo, tiene derecho a su opinión, pero no veo porque tiene que dárselas de gran experto de cine, cuando claramente no lo es…

      • Es catedrático de Física, señor, no de Geografía, no le baje usted tantos escalones académicos. Claramente, tiene usted un serio problema de comprensión lectora.

        • MacNaughton

          Me limito a repetir lo que he visto en internet… usted tiene el mismo insufrible tono de prepotencia que el eminente catedrático / funcionario del estado Tapiador…

          Hay, o más bien hubo, una jerarquía aquí: primero los creadores, luego sus facilitadores y colaboradores, y en tercer lugar los funcionarios de Estado, a ver si nos entendemos…

          Un señor con una ínfulas que se cree encima de Heidegger, de Habermas, de Coppola y de cualquiera que se le antoje…

          Insoportable… y no soy el único que lo ha señalado en Jot Down…

      • Pero a ver, McNaugthon, que me está volviendo yo también fan de Tapiador ahora que lo leo otra vez. Que la frase ‘Coppola no es Terrence Malick’ continua con ‘Tiene otras muchas virtudes (Apocalypse now, El padrino; ambas buenas novelas), pero no la facilidad de la penetración estética ni la profundidad intelectual capaz de emocionar hasta las lágrimas (La delgada línea roja).’ ¿No sabe leer ideas completas? ¿Tiene que coger el rábano por las hojas? ¿Tan difícil es entender que el autor no dice que Coppola sea malo ni peor que Malick pero que hay dos cosas en las que Malick es mejor? ¿Tampoco se entiende que esas películas de las que usted me habla vienen de novelas, y que por lo tanto ya llevaban mucho trabajo hecho?

        • MacNaughton

          Hombre, sé leer mejor que usted, eso seguro…

          ¿no le parece un exceso, y una pedantería insoportable, por cierto afirmar que FFC carece de «penetración estética» y «profundidad intelectual»?

          Los buenos críticos de cine no entran en generalizaciones globales de ese tipo, se limitan a criticar a la pelicula entre manos. Lo que ha escrito Tapiador es un ataque ad hominen…

          Y no me es reconocible el concepto de «emocionar hasta las lágrimas» como barra de medida para valorar a un director… es una idea muy reducida, y bastante Holywoodense, de lo que es el cine…

          No es critica

  12. Ah, perdone usted, McNaughton. Parece que el problema es que el autor es funcionario del Estado. Acabáramos. No me había dado cuenta que es usted uno de esos que lo quiere todo público y nada privado porque el capitalismo es malvado y el imperialismo tal y pascual, pero que luego, a las funcionarias, nos odia y se cree que estamos para servir a “creadores, facilitadores y colaboradores” (me da la risa) como si fuéramos sus chachas.

    Lo de endiosar a tipos como Heidegger se pasa cuando uno estudia una carrera seria en un sitio bueno y te enseñan a pensar por ti mismo. Los únicos que tienen en un altar a supuestas autoridades son los que no saben lo poco que saben de un tema. Los que creen que leer divulgación es formarse en un asunto. Porque los que realmente son capaces de revolucionar la ciencia son siempre iconoclastas y críticos con los que les precedieron. Los aficionados adoran a ídolos. Los profesionales les asesinan para que progrese el mundo.

    Y ya, que me voy a comer. Si usted no quiere aprovechar un conocimiento muy específico que encima le regalan, es su problema.

    • MacNaughton

      Hola Eloísa,

      El tema no es ser o no funcionario del Estado (mis padres lo eran por ejemplo, además, de enseñanza) sino señalar que existen jerarquías según que contexto, en la propia universidad donde trabaja el señor Tapiador hay una jerarquía, en cualquier ámbito de la vida humana la haya, y en el mundo de la cultura no es lo mismo el crítico que el creador, porque sin el creador no existe el crítico, mientras el creador no necesita al crítico para existir…

      No quiero hablar de «respeto» porque es demasiado solemne, hablemos mejor de un espíritu de «deportividad» o «fair play» del crítico con cara al trabajo de un tercero…

      Si fuera a escribir una crítica de MEGALPOLOLIS de Coppola, empezaría dando un poco de contexto de quien es FFC, de donde viene, explicando como su carrera ha sido marcada por grandes apuestas personales, una feroz espíritu de independencia – nada que ver con los directores pelotas de Netflix – que le ha llevado a apostar su propia fortuna en proyectos complicados…

      En fin, como es una figura quijotesca que tiene un visión romántica del cine…

  13. No sé si me gusta más el artículo, o los comentarios y el beef que ha montado el MacNaughton. JAJAJA. Palomitas. De momento voy sacando que los amigos/defensores de Tapiador son mucho más listos que los enemigos/haters.

    • MacNaughton

      Es que es un articulo pésimo, lleno de disparates…

      Dice el señor Tapiador que a Coppola le falta «penetración estética» y «profundidad intelectual» cuando es el director famoso y multi reconocido por dotar una novela barata de la mafia italiana en NY, EL PADRINO, con una estética sobresaliente a mano de sus colaboradores en foto, Gordon Willis, y en arte, Dean Tavoularis, dos nombres míticos en el cine hasta día de hoy en gran parte por su trabajo en aquellas peliculas…

      En cuanto a su falta de «profundidad intelectual», GODFATHER II y la lenta y progresiva corrupción de Michael Corleone es directamente Shakesperiano…

      Disparates, y tonterías como estos no he leído en tiempo…

  14. Un día vi un episodio de una serie que me habían recomendado. Todos los personajes me parecían adormilados. Kojak, Perry Mason actuando levantados a las seis. El momento actual del cine y las series es un terreno liminal donde se procura que no se conozca que se puede hacer cine de calidad.

  15. A ver, McNaughton, antes hablar y criticar a gente que sabe mucho más que usted de todo, conviene aprender a leer. Mire, haga esto. Meta el artículo en una IA y luego ponga este prompt, como acabo de hacer yo:

    «¿Se puede deducir que el autor dice que Coppola es un mal director?».

    Le pongo abajo la respuesta que me sale, que demuestra que una simple máquina juntaletras entiende mejor que usted lo que lee, y que tiene mejor criterio.

    «No, el autor no dice que Coppola sea un mal director. De hecho, hace lo contrario: reconoce explícitamente que es un gran director, pero sostiene que Megalópolis es una muy mala película y un fracaso importante, incluso dentro de su propia filmografía. Frases clave que lo demuestran: Reconoce virtudes muy altas de Coppola → menciona Apocalypse Now y El Padrino como «buenas novelas» (elogio muy fuerte).
    Lo compara desfavorablemente con Malick, pero no para decir que Coppola sea malo en general, sino que no tiene esas cualidades específicas de Malick (penetración estética + profundidad intelectual que emociona hasta las lágrimas).
    Dice que Megalópolis «tampoco llega al Coppola en sus malos tiempos» → esto implica que el Coppola «malo» sigue siendo superior a lo que ofrece esta película.
    Critica duramente que Coppola haya dicho que esta era «la película que siempre había querido hacer» y que por eso hipotecó su patrimonio → y concluye que «da gracias al mercado, a los productores y a los grandes estudios por meter en vereda a los directores. Y en especial a Coppola, porque ha resultado ser un peligro para sí mismo».

    En resumen, la postura del autor es más bien:Coppola → gran director con obras maestras indiscutibles
    Coppola sin restricciones ni contrapoder (productores, mercado, estudios) → peligro para sí mismo
    Megalópolis → fracaso estrepitoso, pretencioso, mal ejecutado, intelectualmente pobre y estéticamente irregular

    Es una crítica muy dura a la película y al Coppola tardío/liberado de ataduras, pero no una declaración de que sea un mal director en general. Al contrario, parte de la decepción precisamente porque se esperaba mucho más de alguien que ha demostrado ser capaz de cosas extraordinarias.

    Así que la respuesta es no, no se puede deducir que diga que Coppola es un mal director. Más bien lo ve como un gran director que esta vez se ha equivocado de forma monumental.»

  16. MacNaughton

    Luego se me ocurre que la gente joven en España igual no ha visto EL PADRINO I y Ii o APOCALYPSE NOW…

    Es mas que posible, hay directores ridando en España que no controlan la figura de Billy Wilder….

    En todo caso, la ignorancia de Tapiador refleja bastante bien el desprecio en España de la clase intelectual por el cine… es una cultura en donde el literato tiene un estatus muy por encima del cineasta…

    Major: your task is to go up the river, infiltrate by any means necessary, and terminate the colonel’s command…

    M Sheen: Terminate… the Colonel?

    SOLDADO: Terminate the Colonel… with extreme prejudice..

    Que suerte tiene aquello que no ha visto lo mejor de FF Coppola…

  17. MacNaughton

    Un consejo: pasa del AI, que te volveras loco, y intenta pensar por tu mismo…

    Es dificil, para ti y cualquiera, pero intentalo. Pon EL PADRINO I y II y APOCALYPSE NOW, sin mirar al.movil todo el rato, y despues, preguntate si a FFC le falta «penetracion estetica» – sea lo que sea eso – y «profundidad intelectual»

    Si o no? Tiene razon Tapiador o no?

    En todo caso, pasa del AI…es peligrosisimo…

  18. MacNaughton

    En fin, cuando llega el momento que te citan AI pars rebatirte, es que han llegado los barbaros…

    The barbarians are coming /
    The barbarians are here!

    Como ecribio Kavafis…

    Gran parte de la culpa del debacle que nos espera es la clase pseudo intelectusl literarato español, que han resistido y despreciado la democratizacion de los artes que es el cine populsar para atrinchararse en sus estupidos privilegios columnistas de los diarios de la España mas redicha y ridicula…

  19. Ho Chi González

    Me apunto a lo de las palomitas, bro. Las amigas de Tapiador riendo desde su torre de marfil. El McNought abajo, cavando su hoyo. Más fans entregadas sin complejos y más haters sin comprensión lectora, por favor, que esto promete. Coincido en que el autor debería tocar temas realmente polémicos para darle vidilla a la revista. Si este beef es por una pxta película imagínate si escribiera de la crisis de la vivienda en España.

    • MacNaughton

      No hay ningun «beef» aqui…

      Hay un catedrático / articulista sin idea ni ninguna del cine pontificando en su jersey de caja y sus boaters infernales desde su cátedra como un autentico indocumentado imbécil español…

      A veces pienso que los españoles sois un país de simpáticos imbeciles…me tengo que parar a recordar mis amigos aqui, que son todos muy brillantes…

      • Utente pentito

        «Imbécil español» dice un británico escocés de un autor.
        Por menos me han dado pescozones en esta casa.

      • Jot Down Magazine

        MacNaughton, te agradeceríamos que no insultes a los autores o autoras en nuestros comentarios. Es más, sería hermoso que no os insultarais tampoco entre los comentaristas, pero si ese es el barro en el que queréis jugar, adelante. Pero a los colaboradores y colaboradoas no, no va a volver a ocurrir. ¿De acuerdo?

        Un saludo.

        • MacNaughton

          Hola Jot

          No suelo intercambiar insultos en JotDown, ni siquiera cuando me insultan que es con cierta frecuencia… no tiene importancia la verdad…

          Ahora, cuando ustedes publican un articulo / critica que afirma que Francis Ford Coppola es un director menor, aunque sea relativamente, y estamos hablando de un director que ha ganado el Oscar de Mejor Pelicula, dos veces seguidos, además de Mejor Guion Adaptado, dos veces seguidos, por EL PADRINO Y EL PADRINO II en ambos casos, además de Mejor Director en el segundo caso, y los aplausos unánimes de la crítica, incluso alguien tan severa como Pauline Kael, pues resulta difícil no tomar por indocumentado dicho articulista y recurrir a la descalificación…

          Hay quien dice que la interpretación de Al Pacino en EL PADRINO II es «la mejor interpretación en la historia del cine»….

          La pregunta es ¿por que encargan ustedes una critica de MEGALOPOLIS a alguien que no es critico de cine? Mira que los hay en España…

          En fin, tomo nota de su comentario, como no…

          No es un articulo serio sobre FFC, quien ha puesto 120 millones de dólares de su propia bolsillo para hacer una pelicula, MEGALOPOLIS, que apenas ha recaudado 15 millones en todo el mundo…

          La pregunta es: ¿por qué un hombre pasado los 80 años siente la necesidad de jugar toda su fortuna en una pelicula?

          No es precisamente un caso normal y corriente, el de FFC; y el tema merecía un trato más serio, más informado y más riguroso…

          Saludos

          Mac

  20. Ezequiel

    Me resultó muy interesante el análisis del autor sobre la decadencia (por decirlo en pocas palabras) de las salas de cine. Yo soy argentino, vivo en una ciudad de los suburbios en la Provincia de Buenos Aires y lo que me llama la atención, sobre todo, es lo diferente que resulta el panorama aquí en Argentina.

    Si bien es cierto que ciertos detalles que el autor menciona también los veo (sobre todo aquellos referidos al comportamiento dentro de las salas y la ruptura de ese código compartido de etiqueta que existía anteriormente), aquí en mi país es raro encontrar en una sala de cine sólo ocho personas (a menos, claro está, que uno vaya en un horario de poca concurrencia como puede ser un día de semana en horas laborales). Sin dejar de mencionar que, por lo menos aquí en lo que es la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores la mayoría de los cines suelen ser cadenas de tipo Cinemark-Hotys, Multiplex o Showcase, incluso en los cines que están financiados por una institución del Estado (como puede ser la Universidad de Buenos Aires o el INCAA) suelen tener buenos números de público en sus salas, tanto para películas comerciales como para películas de cine arte, incluso para el cine nacional (que, hay que decirlo, está bastante bastardeado en mi país, lamentablemente).

    Lo que responde al problema del comportamiento en salas creo que está ligado a un cambio de época en donde la etiqueta de conducta en eventos sociales se está transformando. No está de más mencionar que existen investigaciones sociológicas en donde se demuestra que el silencio frente a un espectáculo no es algo dado naturalmente sino que es el resultado de una distinción elaborada por las élites para diferenciarse del pueblo en un contexto histórico muy puntual que es el pasaje del feudalismo al capitalismo mercantil. En este sentido, creo que es interesante pensar, en el marco de este cambio de conducta que se menciona y con cuya observación coincido, de qué manera es un síntoma de una transformación social mucho más profunda y de mayor envergadura.

  21. No sé por qué os ponéis a discutís con un señor que es evidente que no ha entendido ni lo que dice el artículo ni parece que nada de lo que le dicen, y que lo único que quiere es casito y hacer él su crítica de cine.

    • MacNaughton

      Que no he entendido el articulo?

      Los que no lo han entendido son ustedes, incapaces de ver el desden y desprecio hacia la figura de Coppola que destila todo el articulo… el listo es Tapiador…

      Digame usted otro director de cine con dos Oscars de Mejor Pelicula mas dos Palme D’Or? A que no hay igual?

      Coppola, como pocos, entiende la gran promesa de un arte popular que suponia el cine…

      Es una gran pena que su carrera haya acabado asi, con un gran naufragio…

  22. Llego por casualidad al artículo. Maravilloso. Me gusta mucho el análisis de la segunda parte. Muy acertado. Tiene toda la razón con las costumbres. Fui a una sala en Madrid hace dos años y no pienso volver. En Japón los cines funcionan muy bien pero claro aquí a nadie se le ocurre molestar ni hablar. Es otro tipo de sociedad. La primera parte del artículo está muy bien. Con Megalópolis Coppola se pegó un tiro, como dice el autor. No he visto película más pedante y pretenciosa, y mira que antes había hecho películas buenas como esas dos que cita. Viva el cine.

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