
Cierto día en la estación de trenes de Washington, un mozo ayudó a Carl Sagan con su equipaje, como hacía con cualesquiera otros pasajeros. Sin embargo, cuando Sagan sacó su billetera para darle la propina de rigor, el mozo hizo un gesto de rechazo. Aunque lo relevante de la anécdota no es el gesto en sí, sino la frase con que el mozo lo acompañó: «Guarde su dinero, señor Sagan. Usted ya me ha dado el universo».
La anécdota es muy famosa y habla por sí misma del papel que tuvo Carl Sagan en nuestra cultura. Ningún otro divulgador científico ha sabido pulsar tan bien los resortes de la imaginación colectiva. Quizá se debiera a aquella característica tan suya: la capacidad para experimentar y compartir un extático asombro ante la magnitud y complejidad del universo. Un entusiasmo que resultaba contagioso y al que él llamaba el «sentido de lo maravilloso». Gracias a Sagan y sobre todo a su serie televisiva Cosmos: Un viaje personal, muchas personas experimentaron ese sentido de lo maravilloso junto a él. Especialmente quienes tuvieron la suerte de verla por primera vez durante la tierna infancia: Carl Sagan era como el mago que abría el baúl de los grandes secretos ante nuestros ojos y desvelaba prodigios que parecían fantásticos, pero que no pertenecían al ámbito de las novelas o películas de ficción, sino que existían de verdad. Prodigios que estaban allá arriba, sobre nuestras cabezas, o a nuestro alrededor, o incluso dentro de nosotros. Carl Sagan fue sin duda el catalizador de las ensoñaciones cósmicas de toda una generación. Incluso de quienes nunca nos convertimos en científicos, porque teníamos escrito otro destino o sencillamente lo elegimos así, prácticamente no hemos pasado una noche sin alzar la mirada hacia las estrellas y entonces resulta inevitable acordarse de él. Siempre nos quedará la imagen inolvidable de aquella «nave de la imaginación» con forma de semilla emplumada con la que Sagan nos condujo hacia lugares que nunca visitaremos, pero que ya forman parte de nosotros mismos, tan familiares como nuestra propia casa, como el «pálido punto azul» que flota en torno a una estrella cualquiera en un rincón poco destacado de una insignificante galaxia.
Sagan diría, naturalmente, que el número 2014 carece de importancia en términos cósmicos, como carece de importancia cualquier otra cosa que los humanos podamos pensar, decir o hacer y que al vasto universo le resultará indiferente. Pero en el fugaz extracto temporal de nuestras vidas llamamos 2014 al año en que se estrena la nueva versión de Cosmos, presentada por el que muchos consideran el sucesor de Sagan, el astrofísico Neil deGrasse Tyson. Y también en este 2014 Sagan está de aniversario: hubiese cumplido los ochenta años, caso de no habernos dejado huérfanos hace casi dos décadas. Pero, ¿quién era Carl Sagan? ¿Cómo pensaba? ¿En qué consistía su mensaje? Sirva este repaso a algunas de las facetas de su vida y de su pensamiento no solamente como homenaje, sino también como recordatorio de todo aquello que lo convirtió en una figura única e irremplazable.
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Es que ese último párrafo, (en la voz del doblador español de la serie, parte fundamental para mí del efecto hipnótico que tenía) no es sólo divulgación científica, o conocimiento. Es pura poesía.
Es que yo, cuando quiero ligarme a las chatis, pongo la voz de José María Del Río y nunca falla…
Bonito recordatorio. Yo desde luego tengo todavía presente la primera vez que vi Cosmos cuando era un chaval. Pese a mi tendencia a las letras, me hizo apreciar la ciencia y el escepticismo como ninguna otra cosa lo ha hecho desde entonces.
Una de sus ex fue Lynn Margulis, la bióloga que propuso la «teoría endosimbiótica» para explicar el origen de miticondrias y platos celulares. También repudiada en su momento. Un matrimonio antagónicos, de lo micro a lo macro.
A mí «Cosmos» me fascinó.
«Contacto» me decepcionó y minó la imagen que tenía de Sagan (supuse que el trasfondo ideológico de la novela reflejaba la de su autor).
Como novelista, a la altura de Javier Marías (mejor, a la profundidad).
Como científico, uno de millones.
Como divulgador, en fin, un genio.
Saludos.
Hombre, un tío que lideró y dirigió las misiones Voayager, desarrollo el SETI, fundó ramas de la ciencia como la exobiología y era un experto en dinámica planetaria y atmósferas extraterrestres… En realidad era un científico como pocos.
Coincido contigo Zalo, un científico como pocos.
Es que el trasfondo ideológico de «Contacto» es sin duda alguna el mismo que el de Carl Sagan. El libro trata la religión desde el punto de vista de un ateo pero también de un creyente. No niega ningún punto (al igual que hace un agnóstico) pero si deja bien claro lo insignificantes y pequeños que somos. Podría estar de acuerdo si hubieses dicho que la película te decepciono, a mí también, pero el libro me pareció enorme. Es más, un gran amigo de Carl Sagan, describió el libro como una obra maestra de la ciencia ficción y dijo sentir envidia de no haberlo escrito el mismo. El nombre de este amigo y escritor era Isaac Asimov, que creo yo algo debía de saber del tema.
A mi me encantabla ciencia, y aprecio la labor de Sagan, pero hay personas que se quedan en la divulgación y dejan de educarse,ccomo si ya lo supieran todo.
El propósito de la divulgación es que sigamos investigando y busquemos nuestras propias conclusiones, en lugar de simplemente quedarnos con una visión sencilla y divulgativa del mundo natural, y menos con la visión personal de uno o dos divulgadores.
Creo que te has confundido un poco en tu comentario.
El propósito de la divulgación, como la propia palabra establece, es divulgar, es decir llevar el conocimiento científico desde el mundo académico al mundano, al de todos. Seguir investigando y buscar nuestras propias conclusiones no es algo que no pertenezca per sé al mundo de la divulgación, pero sí pertenece a otra esfera distinta, más propia del ámbito personal de cada uno y, sobre todo, del mundo de la ciencia, de la comunidad científica, especialmente en este último la continuación de la investigación.
No creo que Sagan sea el mejor ejemplo para mostrar que «hay personas que se quedan en la divulgación y dejan de educarse, como si ya lo supiesen todo». Haberlos haylos, pero estoy seguro que él no es su mejor muestra.
merci, thank you, gracias, obrigado Monsieur Sagan.
«(…) pero hoy por hoy no se ha detectado la más mínima señal.»
Ah, no? Pensaba que sí..
http://es.wikipedia.org/wiki/Se%C3%B1al_Wow!
https://www.youtube.com/watch?v=p6EUxyL2U6Y
¿Cualesquiera? chirría un poco, no? Gracias por la anécdota.
http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=cualesquiera
«…en Harvard prácticamente echaron a patadas al divulgador científico más importante del siglo XX… y todo porque aparecía demasiado [a] menudo en la pequeña pantalla.»
Sé que es una errata insignificante, no exenta de humorismo, pero puede llevar a que los lectores se hagan una idea equivocada de Harvard…
Por lo demás, un hermoso tributo.
Para los que éramos niños ‘de ciencias’ aquella serie tenía tuvo mágico. A la capacidad de este hombre de combinar matemáticas, biología, física, química, etc. en una descripción de lo pequeño y de lo grande se unía la música del genial Vangelis. El efecto era hipnótico incluso en una TV en blanco y negro.
Los humanos «no somos nada», pero también lo somos todo. Allan Watts decía una década antes «El Universo se contempla a sí mismo a través de nosotros». Y es que es el propio Universo quien reflexiona sobre lo pequeño y lo grande a través de las personas.
Como decía Sagan, que haya más organismos ‘pensantes’ en el Universo es sólo una cuestión de estadística. Las distancias son tales que pude haber millones diferentes de ellos, y la Humanidad desaparecer mucho antes de tener evidencia por radio de ninguno de ellos…
Si no fuera por la curiosidad humana, el Universo sería un teatro inmenso y maravilloso… pero vacío, sin espectadores.
Sagan nos hizo soñar a toda una generación. Pero no sólo esto, gran parte de mi concepción vital nace de su obra. Toda la poesía que guarda el mensaje de su serie de TV no la he vuelto a encontrar jamás en ningún otro divulgador. Adolescente devore su libro Cosmos. Y aun la semana pasada me quedé con ganas de comprar una traducción en rumano que vi en la ciudad en la que resido ahora… Siempre le estaré agradecido. Como Bach, Mozart o Don Quijote es alguien que nos transporta a otros mundos.
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Yo soy uno de ésos que vio la serie Cosmos en su día, de pibe, cuando se emitió por primera vez por la tele, y esperaba con ganas cada semana ver el siguiente episodio. Junto con Félix Rodríguez de la Fuente, es el mejor divulgador que conozco, sin querer desmerecer de los muchos y buenos divulgadores que han venido después. Ví Cosmos innumerables veces y me leí sus libros (Cosmos, Cometa, El invierno nuclear, Contacto, Los dragones del Edén, El mundo y sus demonios). Es obvio que muchas de las cosas que se contaban o aventuraban en la serie han quedado desfasadas o refutadas por los descubrimientos posteriores, pero eso es lo de menos. Lo importante es el planteamiento base, la importancia y la belleza del conocimiento, y ése es un legado que nadie podrá arrebatarle
Pedazo de artículo. Gracias.
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Un maestro de maestros, un filósofo moderno. Ese era Carl Sagan.
¡Qué hermoso comentario¡ Esta tan bien ponderado, que me hace imposible olvidar algunos de sus capítulos maravillosos¡¡: La persistencia de la memoria, el espinazo de la noche, ¿quién habla en nombre de la tierra? Blues para un planeta azul… Y sus explicaciones sobre la teoría de la relatividad o el nacimiento del interés por la astronomía de un hijo de muleros y el efecto Doppler…
Muy buen artículo, me interpretas como otro de aquellos que crecimos viendo y leyendo Cosmos y navegando por el Universo a través de la imaginación gracias a Carl Sagan..
A veces veo los capítulos de Cosmos grabados en discos dvd. Y aún me emociona reencontrarme con estos conceptos, historias contadas con una narrativa sencilla. Lo que más me impactó fue la representación del tiempo cosmológico en un calendario anual. Y apreciar que lo que conocemos como historia son los últimos segundo del año. Sublime!