Cine y TV

Horror folk: miedo y ritual en Inglaterra

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Una escena de Kill List. Imagen: Warp X / Rook Films.

El inglés Ben Wheatley se ha convertido en uno de los directores más importantes del cine europeo. La crítica social, la violencia y un retorcido humor negro son los ejes de sus películas, una de las cuales, Turistas (Sightseers, 2012), tuvo éxito en el Festival de Sitges y hasta se estrenó en las salas comerciales. En ella, unos novios recorrían lugares pintorescos de la campiña mientras mataban a varias personas por el camino, dando con ello un nuevo sentido a las vacaciones en autocaravana y, de paso, salvaban su relación de pareja. Pero para planteamiento radical ya había presentado el año anterior Kill List, una ruta de pesadilla por esos mismos paisajes, carreteras campestres construidas sobre sendas arcaicas, bosques y signos olvidados, donde un angustioso thriller de asesinos a sueldo se iba convirtiendo poco a poco en una experiencia pavorosa, justo cuando el guión añadía elementos de lo oculto y las sectas, con los que la película entraba en un subgénero del cine fantástico: el horror folk.

Kill List es mucho más que un homenaje. Sin entrar en detalles para los que no la hayan visto, se trata, como dice su autor, quien edita los guiones con su mujer, la escritora Amy Jump, de una película cuyo objeto no es el horror, sino lo horrible, una serie de fuerzas que son capaces de empujar a los protagonistas desde la violencia instrumental hacia lo innombrable. Sin embargo, la idea de mezclar una trama tan cercana (relaciones sociales enfermas, materialismo siglo XXI) con cultos primitivos a los que hay que rendir tributo de sangre, conecta esta despiadada película con las producciones de los años setenta acerca de ceremonias antiguas y actos paganos en pueblos fantasmas.

Ejemplos de este revival del terror folk los hemos visto también en otras películas recientes, como el espléndido homenaje de la nueva Hammer Films, Wake Wood, (2010, David Keating) y la abrumadora The Borderlands (Eliot Goldner, 2013), cuyo punto de partida, los miedos del director a un paraje natural de su infancia, en este caso el mágico Dartmoor de El perro de Baskerville, es el mismo que tuvo Wheatley para Kill List. Recordamos el último éxito de HBO, True Detective, serial construido sobre un pastiche de lecturas de maestros del terror y revisión de los cultos paganos. Parece que tras unas décadas comprando ficciones urbanas y frutos del capitalismo, con el enésimo derrumbe del sistema, autores y fandom han decidido que ahora procede volver a la irracionalidad artística, la espiritualidad y la magia. Por supuesto, todo en entornos naturales, tipo festival de quesos ecológicos; neo-hippies que participan en el Burning Man, o directamente organizan un reenactment de The Village of the Dammed en su pueblo.

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8 comentarios

  1. Juan Luis Mármol

    ¿Hacer perder el tiempo al lector con los gritos de «NOT THE BEES! NOT THE BEES!»? El artículo es genial, aporta películas para pasar una velada verdaderamente inquietante, pero no habría venido mal ver a Cage gritando para aliviar la tensión

  2. No olvidar la miniserie protagonizada por Bette Davis, basada en la novela de Thomas Tryon «La fiesta de la siega» (http://jarjacha-wasi.blogspot.com/2009/05/libros-la-fiesta-de-la-siega.html), aunque no está ambientada en Inglaterra, sino en los Estados Unidos.

  3. Estupendo artículo. Hay que montar un ciclo en Madrid con estos títulos!

  4. Mondo brutto returns!!!!

  5. Gran artículo y completo, al que añadiría la serie «True detective», con sus referencias a Lovecraft, Chambers, Ligotti…y que no debería faltar en la sección «Neopaganismos de otros continentes». Así como la reciente «Toad Road»: una puesta al día de «Picnic en Hanging Rock» que cambia las nínfulas victorianas por jóvenes politoxic, y los paisajes áridos de Australia por los bosques de Pensilvania.

  6. Pingback: High-Rise, de Ben Wheatley y Amy Jump | C

  7. Anita María

    Que buen articulo

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