
En Nórdica, una década después, no queda ninguna metáfora por manosear: «Nórdica, la literatura que vino del frío», «la belleza llega del norte», «más allá del thriller escandinavo». Aquello era verdad en 2006, pero ya lo es un poco menos. Hoy también hay checos, irlandeses, sirios, norteamericanos, griegos, rusos, italianos y hasta españoles. Y muchísima ilustración. Pero, por fortuna, la tediosa presentación tampoco hace falta ya. Podemos sentarnos con su editor y fundador, Diego Moreno, a repasar el camino recorrido entre dos puntos: de vestir aquel chaleco infame de Crisol a calzarse un frac para cenar junto al primer ministro de Suecia.
Empezamos con la (mala) broma involuntaria de sentarlo al sol. Continuamos hablando de lo que hablan todas las personas que aún no se conocen, pero tienen que compartir mesa: intercambiando anécdotas de viajes. Por lo menos son batallitas nórdicas. Al final, confíen, la cosa sale bien. Porque Diego Moreno tiene una honestidad que, de puro auténtica, acaba pasando desapercibida. Dice que no publicaría Rayuela. Quiere que se critique al Quijote. Ni Amazon ni Apple le cierran la boca. Le trae al fresco la piratería y planea poner el teatro en su lugar. «Me van a llover hostias», repite como un mantra. Eso de que la literatura que publica huye del barroquismo y el artificio innecesario suena más coherente que nunca.
¿La pasión por lo nórdico empieza como algo literario?
Sí, es una pasión literaria. Mi familia no es nórdica, ni nada de eso, ya me ves. Mi primera experiencia cuando acabé la universidad fue ser librero, empecé en Crisol. Estudié sociología pero hice un máster de edición. Teóricamente me tenía que haber dedicado a la venta y análisis de datos, investigación de mercados…Pero no me apetecía nada. Acabé trabajando en Crisol un año y medio, y allí leí Hambre de Knut Hamsun que me descubre un mundo que no conocía en absoluto: la literatura nórdica de calidad. Luego me entero que este libro es el favorito de Jorge Herralde, de Thomas Mann, de Herman Hesse, de Bukowski… Y empecé a tirar de ahí y a leer más literatura nórdica, aunque había muy poquito publicado. Salvo la colección de Ediciones de La Torre, donde yo trabajé cuatro años después. Hice el máster de edición en la Universidad de Salamanca con Santillana, y justo hago las prácticas en esa editorial, en parte porque quería trabajar en esa colección nórdica. Acabé dirigiéndola durante un tiempo, y allí pude reeditar Hambre.
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Una entrevista muy interesante. !Enhorabuena!
Vivo en una pequeña ciudad de poco menos de 100000 habitantes, y en estos últimos diez años han cerrado un montón de librerías, entre las que había dos o tres muy interesantes; el vaivén no ha sido de vuelta, ya que no ha abierto ninguna nueva librería en estos años.
Lo que queda es muy poco, alguna que otra librería de viejo, alguna que otra librería de actualidad y con un buen fondo, pero con el terrible problema de que el trato al cliente es pésimo, además de ser una librería que tiene a gala el esquirolismo.
La situación de estos cierres es irreversible. Y va a peor.
Para comprar los libros que quiero y necesito en liberarías me tendría que desplazar muchos kilómetros, con el gasto que implica, y la incomodidad e incordio que supone estar un breve momento en la librería lejana…
Mi opción: comprar por internet, o bien a editorial (las hay que no cobran gastos de envío) o en amazon y similares. ¿Se pierde el encanto? Sí, indudable. Pero no queda más remedio. Alabado sea el comercio electrónico, maldito sea el tiempo en que no existe una masa de población que sostenga el tinglado de una librería en una pequeña ciudad.
Una editorial muy interesante.
Pues me ha encantado la entrevista… No conocía la editorial y ahora cada vez que pueda intentare comprar alguno de sus libros, a pesar de que vivo fuera de España.
Pues nada, Diego, apunta otra muy pequeña librería que visitar en tu agenda: Proscritos, en Torrelodones (Madrid). Sólo llevamos tres años y vamos muy poco a poco, con pocos libros y muy escogidos. Pero Nórdica es una de nuestras editoriales de referencia.
Creo que uno de los grandes problemas del negocio de los libros es que, efectivamente, nadie se mueve demasiado por venderlos. En tres años, a mí sólo ha venido a verme un editor, y porque es de aquí , del pueblo, y casualmente para de vez en cuando por el bar que hay al lado de la trinchera proscrita.
Pero lo peor es que JAMÁS ha venido a verme una distribuidora con la que nunca haya trabajado. Y de la mayoría de aquellas con las que sí trabajo, sólo conozco al tipo del reparto, el que me trae la caja. Imagino que los comerciales de las distribuidoras intentarán abrir mercado en las grandes librerías, pero probablemente no tengan demasiado interés en las pequeñas, porque vendemos pocos ejemplares.
Y, sin embargo, tenemos una clientela fiel. Por ejemplo, el autor más vendido en Proscritos en Kurt Vonnegut (quien lee un libro suyo, acaba comprando todos los títulos que tenemos); y el libro más vendido ha sido –y sigue siendo- “Sumisión” de Houllebecq (20 ejemplares, pequeña escala).
Yo, que de uvas a brevas también edito cosas, creo que la relación de las pequeñas editoriales con las pequeñas librerías debería cambiar. Debería haber otro tipo de relación. Puesto que no interesamos a las grandes distribuidoras, las editoriales deberían poder negociar directamente con los pequeños libreros.
Uno de los problemas de trabajar con pequeñas editoriales, es que muchas veces no se pueden permitir el lujo de reeditar porque los distribuidores les piden demasiados ejemplares que luego apenas se venden. Y no puedes apostar por determinado título, que venderías a lo largo de los próximos años, porque está agotado. Y cuando hablas con la persona que te coge el teléfono en la editorial, te dice: “es que ahora no podemos reeditar”.
Coño, pues aprovechemos la impresión bajo demanda: haz 20 para mí. Y como no hay distribuidora, puedes bajarme el precio y yo puedo comprártelos en firme. Y también, atreverme a venderlos por internet. Porque el problema es vender por internet cuando las tiradas son muy cortas: nunca estás seguro de que puedas conseguir el libro. Y, si acaso no está agotado, pasan un montón de días desde que yo hago el pedido hasta que el cliente lo recibe en su casa.
En la venta por internet habría que cambiar las cosas también.
Si alguien me pide un libro que yo no tengo, lo suyo sería que yo cobrase al cliente, entrase en tu página con mi clave de librera, te hiciera el pedido y tu editorial se encargara de enviarlo directamente al cliente. Y una vez al mes, yo te pagaría lo que se hubiera vendido.
Y además, tal y como está montado el sistema, a las pequeñas librerías no nos sale rentable la venta on-line. Las distribuidoras suelen pedir, lógicamente, que hagas un pedido mínimo, que suele ir desde los 60 euros a los 100. Y a lo mejor tu cliente te ha pedido un libro raro que sabes no vas a vender y que te va a dejar, antes de impuestos, alquileres, electricidad y demás, 2 ó 3 euros.
En fin, entré en la industria editorial hace treinta años y podría estar hablando de esto durante horas. Siento la chapa. La dejo aquí por si a alguien le resulta útil.
Magnífica noticia que publiquen teatro. Estaría genial leer obras de, por ejemplo, David Mamet, que apenas están editadas en castellano. Incomprensible.
No publicaría Rayuela… Quiere que se critique el Quijote (imagino que piensa más en la segunda parte…) Cree que hay que poner al teatro en su lugar… ¡Me cae bien este tío, coño! Decididamente, me cae bien.
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Qué grande Diego. Desprende humildad y sabiduría por los cuatro costados. Sus ediciones son increíbles, al igual que las de su hermano en Capitán Swing.
Me alegro de que os vaya bien.
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