Política y Economía

Contra la democrática decadencia del espectacular debate público

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El debate público. Foto: Cordon.

No sé cómo llegué hasta la cuenta trol de Andrés Calamaro en Twitter, pero una vez allí, me quedé hipnotizado por alrededor de media hora. Trozos de canciones, fotos destartaladas de su estudio destartalado, bases sintetizadas propias y remixes de temas de Violadores del Verso —que son, con diferencia, lo más interesante de su contenido— se entremezclaban con mensajes enfanterribilistas de pretendida provocación a lo que él mismo llama «progresía», a la que afirma que renunció desde, al menos, 2010. «Se entiende por SORORIDAD al eco sonoro y social orquestado por Soros … [sic] supongo» es uno de esos mensajes, que resume bien el tono general del timeline. 

La cuenta tiene unos treinta y cuatro mil seguidores, lo cual sugiere que hay bastante gente que sabe quién es su autor. Y no es que Calamaro lo oculte, solo trata de no hacerlo obvio. Su existencia separada del perfil oficial, verificado y promocional es una ostensible manera de decirle al mundo algo como: «Veis, no me permitís decir lo que realmente pienso, así que me toca hacerlo a escondidas». Son muchos —casi todos hombres, casi todos mayores de cierta edad, casi todos criados en un mundo en el que estábamos muy acostumbrados a que los altavoces fuesen solo suyos— quienes ven en este fenómeno la supuesta dictadura de lo políticamente correcto: el deterioro del debate público en su primera acepción.

Pero hay otra interpretación menos benévola del mismo fenómeno: «De todas las reglas de la historia que Hegel no previó, una es lo que están dispuestos a hacer los has been por seguir siendo relevantes». Me lo dice Ramón González Férriz cuando le paso la cuenta por WhatsApp. Hace tiempo, Ramón publicaba un artículo que brinda el contexto necesario a su apreciación a vuelapantalla: para saber cómo cotizan las ideas en su propio mercado, más que mirarnos a nosotros, a los que vivimos de venderlas y batallar por ellas, es informativo observar el comportamiento de las grandes marcas que se asocian a ellas para vender sus productos. Desde este punto de vista, lo que Calamaro no se puede permitir es asociar su marca con ideas que cotizan a la baja. Ya lo comprobó cuando sugirió desde su Facebook oficial que iba a votar a Vox. Y lo que ya no lleva tan bien el Calamaro personal es que su ego pierda atención mientras su vehículo de subsistencia hace equilibrios para no perder ventas.

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6 comentarios

  1. ¿El matiz? El matiz sólo se ve en los del bando propio. En el cuadro la gente sólo observar la lucha entre buenos y malos. La gente, claro, no yo: yo no veo buenos y malos; yo veo fuertes y débiles (o débiles y fuertes; invierto el orden de los factores para que quien lea este comentario no relacione los cuatro grupos).

  2. Johnny Trash

    Yo tampoco creo que haya mucho lugar para el matiz. De hecho, según mi experiencia en debates online, es muy habitual encontrarse con gente que da por hecho que perteneces al bando contrario al suyo si cuestionas de alguna forma su credo, como si no hubiese más opciones, y me ha llegado a pasar con gente perteneciente a bandos diametralmente opuestos. El blanco o negro, estás conmigo o estás contra mí, campa a sus anchas.

    Por otra parte, me parece que el autor del artículo sobreestima las intenciones de los fundadores de las redes sociales al decir que estaban convencidos de que iban a facilitar lo que llama la utopía habermasiana del ágora consensual y me da que si alguna vez han hecho referencia a algo así será más por cuestiones de marketing que de convicción. Yo los veo más bien como meros hombre de negocios que vieron un filón y lo explotan como más les convenga. Probablemente hasta les venga bien para su negocio la creciente polarización del debate público en sus plataformas (algoritmos y tal).

  3. Mi sensación personal es que vivimos en mundos en gran parte paralelos. Los de cada trinchera manejan una serie de hechos que el otro lado desconoce, bien porque «sus medios» no se lo ofrecen, bien porque directamente los ignoran.
    Los matices se llevan mal con el odio y este cotiza al alza, es lo que ínsufla energía a las redes.
    No veo cambios a corto o medio plazo

  4. No puedo estar más en desacuerdo. De cabo a rabo.
    El mercado de las ideas no funciona, sencillamente, porque no hay tal mercado. Si es que entendemos por mercado un escaparate donde adquirirlas y tasarlas según el valor que cada cual les asigne (moral, social o de pertenencia a un rebaño).
    Desde luego, recurrir a Calamaro, Swift o Beyoncé para calibrar la existencia de un mercado de ideas, sería como recurrir al cuñado que todos tenemos para entender los principios básicos de la inmunología humana y la biología molecular, ahora que están tan de moda estas disciplinas. O en otras palabras, sostener que el “mercado amplio” en que operan Swift, Calamaro o algunos “tertulianos”, calibra mejor las ideas que el mercado de las ideas puro es invertir, malinterpretar y corromper el funcionamiento de los términos. Porque es, precisamente, el tal “mercado amplio” el que se ha alimentado de esa difusa “democratización popular” de las ideas que opera en redes y demás inventos. Sonroja tener que decirlo en un lugar como éste (o quizá era la intención?), pero, una vez más: democracia es mucho, mucho, muchísimo más que contar votos, opiniones, likes. Esa visión facilona de la democracia, limítrofe con el populismo más simplón, que se desmonta tan rápido como califica de facha a quien la desmonta. Por ejemplo, llámenme facha por subrayar las tremendas contradicciones de considerar la misma democracia una en la que se cuentan votos planos en un referéndum, sin más, y simultáneamente se considera antidemocrático ir contra minorías (étnicas, religiosas, sexuales). Las leyes de la física cuántica no operan “democráticamente” según este concepto populista de la democracia; y no van a cambiar porque alguien que sostenga que Planck o Bohr estaban equivocados consiga millones de likes.
    Solo a modo de ejemplo de lo poco trabajado del artículo, basta comparar la afirmación “A juzgar por las cifras de escuchas [de Lover] (…) la decisión fue más un acierto comercial que un error”, con las cifras de ventas. Desde luego, Lover no ha sido ni el más mediático, ni el más definitivo, ni el más vendido de los discos de Taylor Swift. Es más, me atrevo a aventurar que las cifras de ventas y escuchas de los temas de Taylor Swift (o de Calamaro, o de Beyoncé) tienen que ver más con la propia valía musical de los mismos, la inversión en publicidad y promoción, y los gustos musicales que con el conocimiento de sus tendencias en ideas. Si es que hay un porcentaje suficiente de oyentes que las conocen.
    Y qué decir de la afirmación “los propietarios de las plataformas que han logrado la mayor democratización del debate público que hemos conocido”: ¿Twitter, con sus 140 caracteres (ahora ampliados) y sus poses fáciles? ¿Facebook? Democratización del debate de las ideas, por su propia concepción, es totalmente incompatible con impunidad y gratuidad de consecuencias asociadas al anonimato en las redes (salvo, de nuevo, para marcas y personajes frente a las que, por su naturaleza, debemos mantener siempre un sano escepticismo).
    Lo que sí existen son personajes de relevancia en el mundo del espectáculo, el deporte, la vida social, cuyo compromiso social y político puede movilizar y canalizar acciones concretas, demandas concretas. Esa es la única democratización imputable a estos personajes. Si las ideas y su mercado han de estar gobernadas por ellos, y si hay quien desde tribunas como ésta lo sostiene, mejor me vuelvo al Sport o al Marca y, por lo menos, vivo la trivialidad en un mundo trivial.

  5. Tampoco hay que sobrecogerse: la estupidez siempre ha existido y, posiblemente -para no ofender más de la cuenta- el número de estúpidos siempre ha sido -hemos sido, otra vez para no ofender más de la cuenta- superior al del número de personas inteligentes que no se dejan llevar por lo que dicten las modas, dizque famosos o vende burras. Ahora es todo más visible y más a lo grande con esto de las RRSS, eso sí. Pero el que tiene dos dedos de luces sigue a lo suyo, y aquí he leído varios ejemplos de ello. Formidables los comentarios anteriores, con mención especial a palmiro.

  6. Pingback: Jot Down News #40 2023 - Jot Down Cultural Magazine

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