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La guerra interminable

La guerra interminable
Dos soldados ucranianos prueban drones de combate en Donetsk, Ucrania, 2025. Fotografía: Serhii Mykhalchuk / Getty.

Este artículo es un adelanto de nuestra nueva revista Humanismo Digital, ya disponible en nuestra tienda online.

La guerra es un fracaso de la evolución histórica de las sociedades, a nivel humano una tragedia recurrente y desesperante, a nivel macroeconómico empeora los principales indicadores (PIB, IPC, deuda pública, tipos de interés, balanza comercial), y a nivel microeconómico un desmentido a la premisa de racionalidad de los consumidores. 

Dicho esto, fijemos posición. La guerra existe y está ahí, no se la puede cancelar, y estamos en el mundo en el que estamos, convivimos con sistemas iliberales que se han desarrollado económicamente y cuyos gobiernos han evitado los «dividendos de la paz», ya que no tienen que preocuparse de la opinión de sus ciudadanos, y han invertido en armarse hasta los dientes. No estamos en un mundo vegetariano, sino carnívoro, y por lo tanto el pacifismo sin un respaldo armado no tiene ninguna justificación racional.

Si repasamos los seis principales servicios que presta el Estado: sanidad, educación, orden público, defensa, gestión de infraestructuras y pensiones, no tiene ningún sentido desgañitarse pidiendo sanidad de calidad y pensiones suficientes y no pedir lo mismo para nuestra defensa.

Echemos un vistazo a su pasado, presente y futuro 

PASADO

La primera masacre de la que se tiene noticia se dio en el sitio de Jebel Sahaba, situado en el valle del Nilo, en la frontera norte de Sudán con Egipto. 

Parece que miembros de la cultura Qadan (que duró unos 4000 años), fueron masacrados por los natufianos (otra cultura que se extendió a lo largo de 3000 años). El cementerio contiene una gran cantidad de esqueletos, datados con una antigüedad de entre 13 000 a 14 000 años, y casi la mitad de ellos (hombres, mujeres y niños) tienen puntas de flecha incrustadas en sus esqueletos, otros heridas en el cráneo.

En Lecciones de la historia, Will y Ariel Durant indican que de 3476 años de historia registrada, solo 268 no han experimentado conflictos armados. Otras fuentes documentan 10 624 batallas a lo largo de 4500 años.

Teniendo en cuenta que no había teléfonos móviles en esa época, puede que ni esos 268 años estuvieran libres de conflictos.

«La verdad es la primera víctima de la guerra», se atribuye a Esquilo y vemos que la «niebla de la guerra» cubre interesadamente las informaciones que recibimos. Vamos a intentar ver cómo se están desarrollando las guerras actuales y hacia dónde nos dirigimos. Tomaremos como ejemplo la guerra de Ucrania.

PRESENTE

Algunos apuntes sobre la guerra en la actualidad: se combate con lo que se tiene y se puede, normalmente con sistemas subóptimos

La guerra de Rusia contra Ucrania tiene características del siglo XX y también del XXI. Es una guerra convencional de conquista, con ocupación territorial, pero también «líquida», en el sentido que le daba Zygmunt Bauman, con la utilización de tácticas asimétricas: uso del ciberespacio como campo de batalla, privatización de la violencia, operaciones en la zona gris contra los aliados del enemigo y estrategias de largo alcance indirecto, como las actuaciones de Rusia en el Sahel, el apoyo a favor de determinados partidos políticos en la Unión Europea e intrusión constante en procesos electorales, en América y Europa.

Existe una cocina de aprovechamiento, y si hay otro adjetivo que se le pueda dar a esta guerra es ese, ya que todos los retales y «sobras» de los ejércitos europeos han ido en un primer momento para Ucrania. ¡Y de los rusos qué decir! Si bien tienen una capacidad de fabricación importante, han tenido que acudir a sus famosas «campas» para poner en servicio tanques de los años 60 (T-62, en servicio desde 1961) y 70 (T-72 en servicio desde 1973) 

Así que, efectivamente, es una guerra de aprovechamiento.

La bomba atómica

Estados Unidos es el único país que la ha utilizado en combate.

Actualmente hay nueve potencias nucleares. El Instituto Internacional para el Estudio de la Paz (SIPRI por sus siglas en inglés), que como su propio nombre indica estudia las guerras que se desarrollan en el mundo, informa que, en enero de 2024, había 12 121 cabezas nucleares, 9585 almacenadas de las que 2100 en estado de alerta operacional en barcos aviones y misiles. El resto en almacenes centrales.

Y ¡sorpresa, sorpresa! las potencias nucleares pueden perder guerras, o no ganarlas.

Estados Unidos no ganó totalmente la guerra de Corea y perdió la de Vietnam, Irak es una no ganancia y perdió finalmente la de Afganistán. La URSS igualmente perdió en Afganistán, y se disolvió como lágrimas en la lluvia sin ninguna alerta nuclear.

Y a nadie se le ocurrió tirar una bomba atómica, ni Rusia las va a usar en Ucrania.

El riesgo nuclear es, de momento, muy muy bajo. Todo el mundo es consciente de lo que pasaría si a alguien se le ocurriese apretar un botón de más. Y lo que quieren es hacer «América grande otra vez», «China grande otra vez» y «Rusia grande otra vez», no reducirlas a solares con cucarachas por habitantes.

El factor humano

Es importante destacar que si hay nación, si los habitantes se sienten pertenecientes a una comunidad, en estos momentos es muy difícil —por no decir imposible— conquistar todo un país, aunque se tengan pocos recursos técnicos. Los talibanes con vespinos y kalasnikov terminaron echando de mala manera a Estados Unidos de Afganistán. El elemento humano sigue siendo determinante. Por el momento.

 FUTURO

«Hacer predicciones es difícil, especialmente sobre el futuro».

(Atribuida a Niels Bohr, físico danés)

Tomaremos como ejemplo las innovaciones más importantes que se están viendo en Ucrania. Nos falta perspectiva, pero se avanzará por estas tendencias en los próximos años. No estamos ante una revolución en los asuntos militares, pero sí ante un punto de inflexión.

Guerra multidominio

La guerra se lleva a todos los ámbitos posibles, coordinando las operaciones en los mismos para optimizar el uso de recursos y los resultados.

Los ámbitos serían: aéreo, terrestre, marítimo, espacial, ciberespacial y cognitivo.

Se trata de una aproximación holística al fenómeno guerra, donde junto a sistemas de armas tradicionales se usan armas de nueva generación en los seis dominios mencionados.

Estructura mosaica

Básicamente se trataría de complementar las grandes plataformas militares tradicionales (carros de combate, portaaviones y otros buques de guerra de gran desplazamiento, aviones tripulados, sistemas de artillería convencionales) con sistemas de armas de nueva generación que tengan las características de ser altamente móviles y precisas. Las unidades serían capaces de trabajar en red, con descentralización operativa y adaptabilidad táctica, ofreciendo un perfil bajo y distribuido, convirtiéndose así en un objetivo más difícil de detectar para el enemigo, incorporando sistemas de gestión del campo de batalla y de conciencia situacional que les permita operar minimizando pérdidas y maximizando resultados. Serían sistemas de armas y combate más pequeños, autónomos, de bajo coste y rápida adaptabilidad.

Los sistemas tradicionales presentan vulnerabilidad ante las actuales amenazas emergentes, tienen costes muy elevados, excesivo tiempo de desarrollo, y rigidez operativa. Además, se ha puesto de relieve otro gran problema, la «reserva de dominio», que estaba ahí, pero con la que no se contaba, como ejemplo, la reciente desactivación temporal de sistemas de armas proporcionadas por los Estados Unidos a Ucrania.

Monitorización del campo de batalla

Vigilando el frente de guerra, empezando por arriba, por el espacio, tenemos los satélites, tanto militares como civiles (y si ahora mismo se está preguntando si se pueden comprar información del frente de guerra a empresas privadas, la respuesta es sí, ya que hay empresas privadas que gestionan satélites como¡ Maxar Technologies, Planet Labs, Capella Space, todos de Estados Unidos y que venden dicha información), así que los satélites proporcionan inteligencia, información crítica sobre movimientos de tropas, daños en infraestructuras, alerta temprana sobre lanzamiento de misiles y otros. Portan ópticas de alta resolución, y radares de apertura sintética que emiten señales de microondas que penetran las nubes y permiten observar la superficie, de día y de noche y en todo tipo de condiciones meteorológicas.

Fundamental también para las operaciones militares son las comunicaciones seguras y estables proporcionadas por los satélites. En una guerra que genera muchos datos se necesita procesarlos y servirlos, y los satélites se ocupan de gran parte de dicha actividad. Starlink proporciona conectividad de banda ancha, alta velocidad y baja latencia, y su uso por Ucrania ha sido fundamental para sus comunicaciones, manejo de drones y coordinación de artillería. 

Los aviones de vigilancia y control (tipo AWACS) utilizan radares para detectar aviones, misiles y otros objetos, y sirven también de nudo de comunicaciones y cumplen funciones de comando y control.

Los drones de vigilancia aportan ventajas únicas como flexibilidad y bajo coste. Pueden mantener vigilancia continua, incluso introducirse en edificios, y al no ser pilotados reducen el riesgo para los combatientes.

La tétrada de la monitorización la completan los radares de tierra, preferentemente móviles para mejorar su tiempo de supervivencia, muy útiles para la tarea de contrabatería y contra drones. 

En conjunto, estos sistemas son complementarios: los satélites detectan cambios a gran escala, los aviones tripulados coordinan operaciones complejas y los drones y radares terrestres proporcionan información detallada y actualizada.

La monitorización exhaustiva del campo de batalla ha tenido importante consecuencias tácticas, ha cambiado el uso de las plataformas acorazadas, hace extremadamente difícil las operaciones masivas de movimientos de tropas y, de momento, ha provocado algo parecido a una guerra de trincheras que recuerda a la Primera Guerra Mundial.

Sistemas de gestión del campo de batalla

Así que tenemos que en todo momento y continuamente se está generando una cantidad oceánica de datos, estructurados y no estructurados, que provienen de distintas fuentes, sensores y sistemas de información con distintos formatos, siendo además generados en un área de gran dispersión geográfica. También tenemos unas redes de comunicación que transmiten los datos en tiempo real, y la necesidad de digerir todo esto, procesarlo en tiempo real, hacerlo inteligible para los responsables militares, sacar las conclusiones operativas necesarias y transmitir instrucciones instantáneas y precisas sobre la situación del campo de batalla, objetivos e instrucciones a seguir. ¿Cómo manejar todo esto?

Los Sistemas de Gestión del Campo de Batalla son plataformas tecnológicas que integran hardware y software para proporcionar a las fuerzas armadas una visión unificada y en tiempo real del entorno operativo. Su objetivo principal es mejorar la conciencia situacional, acelerar la toma de decisiones y coordinar eficazmente las operaciones militares.

Permite a las tropas visualizar el campo de batalla en tiempo real mediante ordenadores, tabletas y smartphones. Integra datos de múltiples fuentes, como drones y satélites, una especie de Google Maps donde las unidades del frente reciben en tabletas la situación de su zona, ubicación de unidades, sistemas de armas enemigos y conciencia situacional de sus propias unidades.

El paso que se está dando actualmente es utilizar inteligencia artificial para recopilación, análisis de datos y generación de alternativas tácticas, y en definitiva mejorar la eficacia operativa.

Inteligencia artificial

Ya en 2015, más de mil investigadores y figuras destacadas, como Stephen Hawking, Elon Musk y Noam Chomsky, firmaron una carta abierta solicitando la prohibición de las armas autónomas letales. La carta advierte de que una carrera armamentista con IA podría derivar en armas que seleccionen y eliminen objetivos sin intervención humana, lo que plantea serios riesgos éticos y de seguridad.

Tras diversas iniciativas del mismo tipo, la realidad se impone. Los regímenes iliberales retan el orden actual. Tenemos una guerra en Europa, conflictos en África y Oriente Medio, y aunque la trampa de Tucídides no es exactamente lo que se dice, se actúa y se informa como si fuera inevitable en el corto o medio plazo un enfrentamiento armado entre China y Estados Unidos. En este contexto, ¿quién piensa en aflojar? Ahora se habla abiertamente del uso de la inteligencia artificial para incluirla en los sistemas de gestión del campo de batalla o el control de los drones aéreos para que actúen en enjambre o en entornos con altas contramedidas electrónicas que impidan las comunicaciones como un asunto normal. Y tarde o temprano se llegará a soluciones operativas que no requieran el control humano para lograr los objetivos programados.

El ascenso de los drones

Han tenido un gran despegue en la guerra, no encajan en la categoría de artillería ligera, ni tampoco en la de aviación táctica, pero han tenido tanta transcendencia que se ha creado las Fuerzas de Sistemas no Tripulados de Ucrania (acrónimo en español FSNT), como nueva rama de las Fuerzas Armadas de Ucrania encargada de la lucha armada con drones y robots militares en tierra, mar y aire.

Su relevancia viene de los importantes éxitos en su uso. Los enjambres de drones marítimos ucranianos han obligado a retirarse a los puertos del mar de Azov a la marina rusa, y entre el 50 % y el 75 % de las bajas rusas estén causadas por drones FPV.

Son de una extraordinaria versatilidad en funciones, tamaños, costes y operaciones. Se emplean en misiones de reconocimiento, combate, como munición merodeadora, en logística, guerra electrónica, o como cazadrones. Pueden ser de ala fija, multirrotor, o híbridos; microdrones, tácticos, MALE o HALE; de fabricación distribuida o centralizada; en cuanto al coste, muy baratos en relación a otros sistemas convencionales

Los humanos fuera de la supervisión

Los niveles de supervisión humana en los sistemas de armas autónomas se clasifican comúnmente en tres categorías, según el grado de intervención humana en la toma de decisiones.

Humano en el circuito: el ser humano toma todas las decisiones críticas, incluyendo la selección y aprobación del objetivo antes de cualquier acción letal.

Humano sobre el circuito: el sistema selecciona y ataca objetivos de manera autónoma, pero un operador humano supervisa la operación y puede intervenir o abortar la misión si es necesario.

Humano fuera del circuito: el sistema opera de forma completamente autónoma, seleccionando y atacando objetivos sin intervención humana directa durante la operación. 

Por mucho que no se quiera, es una necesidad. El campo de batalla se va a convertir en un infierno de interferencias, con armas antidron intentando achicharrar la electrónica y los sensores de los robots autónomos, interrumpiendo además las comunicaciones con los controladores y con los satélites de posicionamiento; lógicamente se perderá el contacto con los mismo, y por tanto se necesitan sistemas que tomen decisiones autónomas para alcanzar los objetivos designados.

Otras tendencias

El uso de inteligencia de fuentes abiertas, mejoras en municiones y la movilidad de los sistemas de artillería, robotización, industria de la guerra 4.0. Irrupción de actores no estatales con capacidades militares avanzadas, amenazas a las infraestructuras básicas, (energía, sistema financiero, cables de comunicación submarinos), guerra constante en la zona gris y en el ciberespacio. Por apuntar solo algunos.

VUELTA AL PRESENTE. ¿QUÉ HACER?

Todo cambia aceleradamente y eso genera incertidumbre y desconcierto. Parece que las circunstancias nos gobiernan y los esquemas y categorías con las que afrontábamos el mundo han dejado de funcionar. Pero el futuro no está escrito y dependerá de nosotros y nuestras acciones. Debemos empezar a tener nuestra propia conciencia situacional (nacional, europea), analizar nuestras capacidades, debilidades y fortalezas, observar el entorno internacional para determinar las amenazas potenciales. Fortalecer nuestras alianzas. Tomar decisiones racionales y consensuadas para abordar los retos que se presentan, elaborar planes rigurosos y asignar los recursos necesarios con plazos concretos. 

Ignorar los desafíos no los hará desaparecer. Tenemos los medios, el conocimiento y la historia, es hora de actuar con visión, responsabilidad y unidad, tenemos que estar a la altura del momento y transformar la incertidumbre en oportunidad, y el esfuerzo en estabilidad para el presente y prosperidad para el futuro.

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2 Comentarios

  1. Gonzalo Peláez

    ¿Quién ha escrito esto, una metralleta?

  2. Pingback: Análisis actual y futuro de la guerra: pasado, presente y evolución tecnológica - Hemeroteca KillBait

Responder a Gonzalo Peláez Cancel

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