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Sueños, relatos y trances: interpretar, versionar, comprender sueños

Sueño: exoducción

Veo el reflejo de la luz del sol en el suelo, delante de mí. Es un piso de pequeñas baldosas octogonales, de diez centímetros. Son de cemento prensado, un piso eterno. Lo recuerdo ahí desde siempre. Es resistente, aunque veo las sombras de algunas abolladuras que delatan el paso del tiempo.

La casa es vieja, o mejor, antigua. Se le nota por el silencio y, sobre todo, por cómo ocupan los sonidos ese silencio.

Vivo en esta casa desde hace muchos años. Sin embargo, hoy siento una lucidez extraña al mirar las baldosas, como si comprender sueños fuese parte de mi despertar.

Estoy de pie, mirando ese reflejo de la luz en una casa en penumbra y noto la fatiga de estar de pie, las fuerzas me abandonan. Siento que me estoy muriendo.

Con esa sensación me despierto en paz y con lúcida conciencia de lo que me rodea.

(Bernardo Ortín, diciembre de 2008)

Dos vías de análisis para interpretar los sueños1

comprender sueños
El soñante ante sus sueños. (Ilustración: Trinidad Ballester)

¿Los sueños se refieren a la interpretación del pasado o constituyen una guía para encarar el futuro?

La primera vía, o enfoque freudiano, se puede entender como que el relato onírico aborda una cuestión del pasado que está pendiente de resolver. En este sentido, el sueño intenta explicar lo que sucedió mediante su mensaje narrativo.

La segunda vía, encuadrada como junguiana, entiende el sueño como un conjunto de mensajes que hay que tener en cuenta para afrontar nuestro futuro.

Claves culturales y de contexto

La actividad onírica contiene un código narrativo que aporta luz a la existencia a condición de que estemos conectados emocional y existencialmente a aquello que queremos interpretar.

Por otra parte, el sueño está sujeto a distintas influencias culturales.

Si un hombre común sueña que es atropellado por un caballo, el significado puede ser un pronóstico de ataúd y muerte. Pero si un chamán sueña lo mismo, se puede entender que está siendo convocado al lugar de su casa reservado para las ceremonias y rituales consagrados a la celebración de la vida.

Podemos citar también, como ejemplo, el sueño de la bruja que vuela en una escoba, que tiene su origen en una antigua costumbre de ciertas amas de casa de consumir infusiones de beleño, una hierba fácilmente accesible a la orilla de muchos caminos, con propiedades alucinógenas y que produce sensación de levedad.

Otro relato es la imagen de la alfombra voladora, descrita en Las mil y una noches, y que tiene su origen en la ensoñación meditativa de la persona sentada en la alfombra que se ayudaba de sustancias que le provocaban alteración de la conciencia.

En general, la interpretación de los sueños debe huir de posturas predeterministas y adivinadoras de futuro de un modo estático e invariable. En este sentido, lo más importante es la percepción del soñante, por encima de interpretaciones predeterministas. En consecuencia, el sueño es una producción subjetiva del conocimiento de la realidad y deberíamos entenderlo como otra mirada de la percepción de la vida, más que como un mensaje que nos dicta lo que forzosamente será nuestro destino.

Qué significa el sueño para el soñante. Preguntas esenciales para el análisis

Por lo tanto, lo relevante es dar valor a lo subjetivo del soñante y qué significación personal tiene el sueño para él, más allá del sentido que tenga la historia soñada.

El sueño va ganando fragmentos y matices de relato a partir del despertar. En este sentido, es importante calibrar la conciencia que tenía el soñante antes de soñar y la que adquirió al despertar. De este modo podemos incluir la intuición del soñante en la interpretación del sueño.

Por eso es más relevante volver a vivir el sueño que interpretarlo. Es importante, en este sentido, dar relevancia a la proyección de la persona que interpreta. Resulta esencial calibrar el impacto que tiene la historia soñada en el estado actual del soñante. De lo contrario, podemos caer en la eventual rigidez de la interpretación simbólica.

Por eso, cuando volvemos a ver una película que ya vimos o releemos una novela ya conocida, es muy posible que recibamos un mensaje distinto a la primera vez. Lo que nos dice de nuevo lo provoca el hecho de que nuestro estado personal sea distinto en cada ocasión. El relato del sueño es solamente una excusa para estimular el imaginario del soñante.

El tesoro del rabino

Un viejo rabino que se llamaba Eisik, hijo de Jekel, y que vivía en Cracovia, tuvo un sueño que le ordenó con precisión dirigirse a Praga.

Allí, debajo del gran puente que conducía al castillo del rey, descubriría un tesoro.

El rabino rechazó aquel sueño e intentó olvidarlo. Pero el sueño lo persiguió con tanta tenacidad que al final el rabino se puso en camino.

En Praga, el gran puente se encontraba tan bien vigilado día y noche por temibles centinelas que el rabino no se atrevió a buscar el tesoro.

Pero, como estaba merodeando por el puente, acabó por hacerse notar por un capitán, que le preguntó con severidad qué hacía allí.

El rabino, bastante ingenuo, contó el motivo de su viaje, o sea, su persistente sueño. El oficial se echó a reír tirando la cabeza hacia atrás y se burló del rabino.

—¡Un sueño! —exclamó—. ¿Has llevado a cabo tantos esfuerzos por un sueño?
—Sí —dijo el rabino—, por un sueño.
—¿Si te dijese —prosiguió el capitán sin dejar de reír—, si te dijese que yo también he tenido un sueño?
—¿Cuál?
—¡Una voz me decía que fuese a Cracovia y que allí encontraría un gran tesoro en la casa de un rabino!
—¿En la casa de un rabino?
—Sí, de un tal Eisik. Cerca de la estufa.
—¿Eisik, hijo de Jekel?
—¿Lo conoces? —preguntó el capitán.

Pero el rabino no contestó. Ya había dado media vuelta. Volvió corriendo a Cracovia.

En cuanto a si encontró un tesoro junto a la estufa, o si buscó en vano, este punto se deja a criterio del lector. Depende del humor del momento, de lo que brillan las miradas de quienes escuchan y de los movimientos invisibles del aire.

(Carrière, J. C.)

Más recomendaciones para el análisis de sueños

Lo importante es recuperar un relato que para el soñante sea significativo. Y, en este sentido, la primera recomendación es no moverse demasiado al despertar, ya que el cambio corporal tenderá a modificar y perder la memoria del sueño. El cuerpo participa en todos los procesos de aprendizaje. De modo que un movimiento rápido y diligente al despertar tenderá a borrar el recuerdo del relato onírico.

Otra recomendación es escribir y reescribir el relato de un modo fluido, sin demasiada atención a la belleza literaria del relato, sino algo más parecido a la escritura automática. Es interesante tener cerca de la cama libreta y bolígrafo para apuntar los sueños.

La escritura manual a lápiz o bolígrafo es mejor que escribir al teclado del ordenador o del móvil, ya que la velocidad óculo-manual permite una conciencia más profunda que el rápido tecleo.

También puede resultar interesante escribir escenas y soluciones alternativas a las ocurridas en el sueño. Lo importante aquí es tener varias versiones del mismo sueño y percibir cómo afectan cada una de ellas al soñante.

También es recomendable recordar los distintos elementos que han salido en el sueño y anotarlos en hojas de papel, disponiéndolos por el suelo en los lugares que sean significativos para la persona y así establecer un diálogo con cada uno de ellos.

Se puede también, además de nombrarlas, realizar un dibujo o pintura de cada una de ellas para poder explorar qué significado simbólico tienen para el soñante.

La psicogeografía nos aconseja que ocupemos el lugar de cada letrero o imagen y realicemos un diálogo basado en preguntas como las siguientes:

1. ¿Qué o quién eres?

2. ¿Qué representas y simbolizas en mi sueño?

3. ¿Desde cuándo nos conocemos? ¿Desde cuándo formas parte de mi vida? ¿Qué edad tenía yo cuando te conocí?

4. ¿Cómo era mi vida en aquel entonces?

5. ¿A qué parte de mi personalidad quieres influir? ¿Qué parte quieres inhibir?

6. ¿Qué mensaje quieres darme?

7. ¿Qué puedo hacer por ti?

Además de los carteles para cada elemento del sueño, es conveniente definir un cartel para el propio soñante, al cual regresará después de cada una de las visitas que realice, con el fin de recoger la información resultante del diálogo con cada elemento de su sueño. Lo esencial es que cada soñante pueda comprender sueños desde su propia vivencia.

De toda la memoria, solo vale el don preclaro de evocar los sueños.
(Antonio Machado)


Notas

(1) Fragmentos de mi libro: Primero dormir, después soñar. Un libro para comprender el insomnio (2023). Bernardo Ortín con Néstor Sánchez. Editorial Grijalbo. Barcelona.

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2 comentarios

  1. Estos consejos los considero oportunos, como ejercicios para valorar lo soñado que olvidamos tan facilmente; pero no es fácil, pues siempre tengo la certeza de una parte significativa de lo soñado que no puedo definir y menos rememorar. Únicamente la certeza me queda de algo escondido. Creo no equivocarme si se lo achaco al mecanismo o dinámica de nuestra memoria que descarta, valoriza, resalta, etc. etc. Sólo una observación: todo el artículo se refiere al sueño, relato o trance, y me pregunto si sus consejos pueden ser aplicados a las pesadillas (o incubos). Creo que sí. El problema es que el vocablo “sueño” me evoca algo muy distinto al de “incubo” (o pesadilla). Gracias de nuevo por la lectura.

  2. Gracias por su comentario Roberto. y sí el conjunto de estos artículos busca la frontera entre el lenguaje onírico, literario e hipnótico. Y el lenguaje onírico incluye las pesadillas como un tipo de estos. Gracias de nuevo por sus intervenciones

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