
Aunque el escritor Antonio Muñoz Molina diga lo contrario en El PAÍS, lo que los ladrones de El Louvre merecen es un juicio justo y, si se demuestra su culpabilidad, varios años de cárcel. Francia es un estado democrático y en su constitución, como en la española, se establece el Estado de Derecho (État de droit), lo que garantiza que todos los ciudadanos e instituciones están sometidos a la ley. ¿Hay que recordar esto? Parece que sí.
Comienza Muñoz Molina su artículo dando por sentado que todos, en el fondo de nuestro corazón, admiramos la maestría de los ladrones de las joyas de la corona francesa y que deseamos que “se salgan con la suya” escapando al castigo de la justicia. El escritor titula así su texto: El que roba al ladrón; omitiendo la continuación del refrán popular: Tiene cien años de perdón. Con todo el respeto que merece el académico de la lengua, me permito objetarle que somos muchos, puede que millones, los españoles y franceses que entendemos que los museos son, junto con las universidades, las bibliotecas públicas y las escuelas, las instituciones culturales más importantes y valiosas de nuestra civilización y que, por lo tanto, consideramos que el asalto del diecinueve de octubre viola nuestros principios y derechos. Tratándose además del Louvre, uno de los centros artísticos más conocidos y visitados del mundo, la cifra de damnificados y ofendidos por el robo se incrementa multiplicándose ampliamente. Los museos democratizan el arte poniéndolo a disposición de todos. ¿Hay que recordar esto? Parece que sí.
El museo del Louvre es fruto de la Revolución Francesa
El origen del Louvre viene de la edad media, cuando el rey Felipe Augusto levantó una fortaleza en los terrenos donde hoy se ubica el museo. En 1364, por orden del rey Carlos V, se inició la construcción de un castillo al que, además de utilizarlo como vivienda para la corte, se trasladó la biblioteca del monarca, lo que dio inicio a lo que luego se llamó la Biblioteca Nacional de Francia. A lo largo de los reinados siguientes, el edificio fue demolido y reconstruido y se le dieron diferentes usos, entre ellos el de palacio y residencia real. Cuando en 1682 Luis XIV, el rey sol, se mudó con toda su corte al palacio de Versalles, se instaló en el castillo de El Louvre la Academia Francesa. Se comenzaron a celebrar, aún de forma esporádica, las primeras exposiciones y poco a poco empezaron a llegar nuevas obras de arte en las salas del edificio.
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«…Se comenzó a celebrar, aún de forma esporádica, las primeras exposiciones…» es un error de concordancia. Debe ser «…Se comenzaron a celebrar…» Por otra parte el artículo de Muñoz Molina es tan infantil y moñoño como todos los suyos y no habla de museos o de cultura, sino de pelis de cacos y no necesita mayor refutación.
Tiene usted razón. Pido a la revista que lo corrija. Gracias
Hecho