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Un Parsifal desde casa: sobre el Proyecto Universo del Grial

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Imaginen ver objetos artísticos con todo lujo de detalle. Imaginen viajar hasta los enclaves más recónditos, los más apartados. Imaginen acercar todo lo que quieran a ese tímpano que hay en una iglesia concejil, observar, con pincelada sorprendente, el capitel de factura tosca, pero noble, que nos muestra cierta escena bíblica. Imaginen, sí, hacerlo todo desde su casa, con acceso a narrativas donde se explican la leyenda y la historia de esos sitios, de esas piezas. Imaginen que gracias a ello pueden zambullirse, sin deterioro alguno, en una de las reliquias más sagradas del cristianismo. El Santo Grial, nada menos. Cosa seria.

Sean bienvenidos a Baukunst y su Proyecto Universo Grial en colaboracion con Emovere Smart Heritage.

Un poco de historia (a lo Steven Spielberg)

Vale, a ver… ¿han leído ustedes el Parsifal? ¿No? Pues empezamos bien, tendremos que hacerlo desde el principio. El Grial, el Santo Grial. La copa que usó Jesús de Nazaret en la última cena. O la que recogió su sangre manando desde la cruz, como ustedes gusten, porque hay para todos. O, incluso, un objeto diferente, meramente simbólico, un portador de luces. O algo. Palpable o metafísico, depende de cómo me lean los manuscritos medievales (depende, también, de su cinismo posmoderno, que ya sé yo que ustedes tienen mucho de cinismo posmoderno). Sirve para curar el cuerpo, sirve para purificar el alma. No es tan importante palparlo como llegar hasta donde puedas palparlo, porque en la peregrinación se ha de revelar si tienes corazón digno, si traes madera de serafín. Por eso pudo Galahad, que era una miaja infantiloide. Por eso no llegó sir Lancelot, que salía en la portada del Diez Minutos.

Ese grial, ya saben.

Un teoría sostiene que el Grial reposa en una antigua cavidad de arenisca. Se llega hasta allí pasando un desfiladero con forma de media luna que nace cerca de Alejandretta. Esto sostiene, al menos, el profesor Henry Jones senior (Henry Jones junior es, como saben, más de culturas precolombinas), cuyas obras he manejado profusamente en mi documentarme. Dice, Jones, que el cáliz es una simple copa de carpintero, por avanzar datos.

Claro que esa es la versión… americanocéntrica. Vamos, que no existe paz doctrinal al respecto, porque no existe paz doctrinal ni de que exista la copa. Ríete tú de las paces doctrinales, eh. Por ello… teorías, teorías. Una nos habla del Grial aragonés. O del Grial legendario que acaba en Aragón. Es muy molona como tesis, porque cae cerquita, y siempre cansa menos pillarte el auto hasta Albarracín que jugarte pellejos por la Galilea más espídica.

Vale, a ver que yo les explique. Empieza el asunto hace dos mil añitos, más o menos, si nos creemos todo el guion. Empieza por Palestina, solo que sale pronto de allí, porque Pedro (sobre esta piedra edificaré mi etcétera) se lo lleva a Roma, pensando que en Roma sus rollos serían recibidos con agrado. Y, oye, mira, no. Que fatal, Pedro, que fatal. Y sus seguidores ídem. Tanto que esa reliquia empieza a correr peligro por Italia, porque está Valeriano en plan perseguidor. Así que trasladan objetos hasta Osca, que luego fue Huesca, porque era patria chica de un jefazo episcopal en aquel tiempo, y porque confiar en los tuyos es de buenas personas. En Huesca descansa hasta los años esos locos tras el 711, que estaba el tema como para ir exhibiendo griales, así que lo esconden en montañas de cumbres por hollar (aquí fue muy útil tener los Pirineos a mano), y va de ermita en ermita hasta San Juan de la Peña. Dicen que si existen documentos del siglo XI hablando sobre este cáliz en el monasterio, y el siglo XI es hace mogollón de tiempo, tú.

Digamos que tener una reliquia así de grande la viene genial al Reino de Aragón para… en fin, para convertirse en Reino de Aragón. Porque el medievo en la península ibérica estaba como para pensarte las vacaciones, no sé si me entienden. Así que custodiar nada menos que el cáliz que contuvo la sangre de Cristo (o el que contuvo el vino que bebió Cristo, que lo mismo es) te deja regustazo a cristiandad acreditada de lo más potente. Por eso dicen que si Sancho Ramírez puso dibujín del Grial en una moneda. Por eso Martín el Humano lo incluye en su relicario real. Y por eso Alfonso el Magnánimo (no hagan caso a los sobrenombres, este paisanuco se lio a mamporros por todo el Mediterráneo occidental) se lo llevó a Valencia, para estar más cerca de sus efluvios divinos (y de su simbolismo sacro). Y en Valencia queda, en su catedral, hasta hoy. Bueno, durante lo del infiel Bonaparte dio el salto a las islas, porque será maravilloso viajar hasta Mallorca, pensó. Y en la guerra civil lo escondieron por Carlet. Pero vamos, que en lo mollar ahí sigue.

Sea lo que sea.

Ah, pueden ustedes visitar todos estos meandros históricos. Sin salir de casa. Y sin sobetear las reliquias, que luego acaban por perder lustre. 

Esperen, que se lo cuento.

Ese grial del que usted me habla

«Nosotros trabajamos en Brasil desde hace once años, y en España desde hace tres. Trabajamos proyectos de transformación digital vinculados con la cultura. Hacemos todo lo que tenga vinculación con las sociedades digitales, desde la reconstrucción de figuras perdidas en un incendio hasta intervenciones de realidad aumentada o reproducciones escultóricas». Hablo con Adolfo B. Villa, de la empresa Baukunst, que está embarcada en una serie de acciones griálicas. «También tenemos un proyecto para la creación de un repositorio digital para conservación preventiva del patrimonio digital. Antes de que una pieza se deteriore hacemos un backup de la misma y así las instituciones tienen una herramienta para que, en caso de daño, se pueda reproducir el monumento exactamente como era. Obviamente marcando el falso histórico, claro». Algo así como un banco de semillas, pero del ecosistema humano y artístico. Herramientas que sirven para la conservación, pero también para el aprendizaje, para una enseñanza más aprehensiva, para una inmersión absoluta en espacios que no siempre tienes cerca y donde, en demasiadas ocasiones, la intervención humana no hace sino contribuir a deterioros y bochornos estéticos.

Adolfo tiene una (cierta) historia familiar con estos asuntos artísticos. «Mi vínculo con Catalunya, sí… Adolfo Florensa Ferrer, un restaurador de la Escuela de Barcelona, de los años 20 del siglo pasado. Era el marido de mi tía abuela, y yo llevo mi nombre por él, porque mi madre lo admiraba muchísimo. Una figura complicada, porque terminó trabajando en épocas del franquismo, que tiene muchas obras de restauración en la Ciudad Condal, tanto intervenciones sobre bienes muy antiguos como cosas más modernas. Él era un Giovanonni ». 

Y ahí, en esas intenciones que nos describe Adolfo, en ese «enseñar conservando», nos aparece, claro, el grial. Este de San Juan de la Peña, y Valencia, y esas cosas. El que describimos antes, no se me despisten. «El grial es un símbolo cultural», dice Adolfo. «Representa a varias culturas y varias religiones. El grial de Valencia tiene una parte judía, otra mozárabe y otra cristiana, una mezcla de las tres religiones del Libro. Pero en el grial es, también, una herramienta de mediación intercultural. A la copa original en ágata, que se dice es la que usó Jesucristo en la última cena, se le han ido añadiendo, con el devenir histórico, adiciones relacionadas con otras culturas. Y eso representa mucho más que una reliquia mozárabe. Vivimos un tiempo en que se agrandan las diferencias, así que por qué no trabajar con algo que las supere», concluye. 

Surgen preguntas. Sobre la narrativa, especialmente, pues nada hay más poderoso que las historias. Y, si no, que pregunten a Chrétien de Troyes, o a Eschenbach. O a quién narices hiciera ese Cantar del Cid, que no es sino leyenda artúrica con menos griales y más testiculina, creo… «Nosotros buscamos a los mejores investigadores de cada área, buscamos una tendencia a lo objetivo. Pero, por ejemplo, en la Ruta del Grial queremos que se aporte una información científica y también una parte de las narrativas y las leyendas que han ido creando lo que hay en la actualidad. Es el carácter didáctico de la arquitectura, algo muy importante que se ha perdido con los siglos. Si tú vas a una iglesia medieval, los capiteles están hechos de una forma porque quieren transmitir conocimiento. Eso se ha perdido con el tiempo, y nosotros buscamos recuperarlo». Los edificios como libros abiertos, si quieren, que nos cuentan cosas. A veces evidentes, otras prohibidas. O no tan fáciles de sustentar. Pienso yo, travieso, en ese románico erótico que tengo cerquita de casa. Ay. «Buscamos con estas cosas un turismo diferente, un turismo de alta cultura», concluye Adolfo. 

Porque el desbordao, más que turismo, es Cruzada…

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Una imagen de 360º del claustro del Monasterio viejo de San Juan de la Peña en Jaca, Huesca, que forma parte de la visita virtual. Fotografía: www.valenciamediterraneo.es/universo-grial/

Cultura y patrimonio en el siglo XXI

Y así llegamos al llamado Proyecto Universo Grial, que ha realizado Baukunst. ¿Pocas palabras? Pues mirar, conocer, seguir… todo esto que hemos señalado más arriba, pero a distancia. Virtualmente. Sin tener que desplazarte, sin poner en peligro piezas que tienen, dicen, 2025 años menos 33. 

Veamos, en pocas palabras… Baukunst lo que hace es una labor de escaneado y digitalización de los objetos patrimoniales de la Ruta del Grial, para que usted, desde su casita, pueda ver hasta el más mínimo detalle de la afamada copa. Y también, claro, de otras muchas manifestaciones artísticas relacionadas con el tema. Hasta veinticinco municipios entre la Comunidad Valenciana y Aragón, nada menos, están contenidos en esta Ruta. Mapas interactivos, reproducciones en 360 grados, espacios textuales para ampliar información… Todo a un clic.

«Universo del Grial es un proyecto de creación propia, que se hace junto con la Asociación Valencia/Mediterráneo para la Unesco. La idea es digitalizar los veinticinco municipios de la Ruta del Grial con su historia, paisaje, y diferentes hechos culturales vinculados a la agricultura, al agua o a los espacios comunes de relación entre las personas. Se entiende que todo eso hay que preservarlo». El pasado, pues, la semilla de lo que hoy somos a nivel cultural, simbólico. Que no se pierda, porque tales asuntos son como novelas breves: si extravías diez páginas ya no puedes seguir el argumento.

Una última cuestión. Una maldad, pero es que cómo renunciar a la maldad, cómo no poner un último salto de fe, una prueba definitiva. Pregunto. Oye, Adolfo… ¿este es el Grial bueno? El bueno de decir «mira, es el bueno». Así, sinceridad. Y él responde, erudito. «Hay tres griales. El Santo Catino de Génova, el de doña Urraca en León y el de Valencia. Éste último es el que mejor documentado está, prácticamente desde que llegó a San Juan de la Peña, entrando muy rápido en las reliquias de los reyes de Aragón. No hay relación directa con el Cid, por ejemplo, pero son coetáneos. Y, además, es un Grial que los papas han consagrado… tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han oficiado misas con el grial. Este Santo Cáliz, por último, tiene consagrados los años jubilares a perpetuidad. Son cada lustro, y este 2025 lo tenemos, empezando en octubre. Así que hay cierta consistencia histórica». En lo que ellos reconstruyen y en lo que ellos construyen, añado. «Sí, en el plano documental y en el plano narrativo», termina.

Así están las cosas, hoy. Puede usted buscarse (y, quizá, ver) el mismísimo grial (y todo el patrimonio artístico y legendario que lleva encima) desde el salón de su casa. A golpe de ratón, de forma inmersiva y divulgadora. Al menos con el Santo Cáliz de Valencia (y con muchas otras manifestaciones culturales, oigan, es una delicia enredar por esa web). Dicen que eso amplía tus conocimientos en historia, en arte. Dicen, también, que la Copa proporciona la eterna juventud, así que igual merece la pena el ratuco.

Aunque no se fíen del todo. A Indy, que bebió, se le veía cascadete en la última peli.  

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