
Intenté ser alumna no del anhelo, sino de la luz.
(Maggie Nelson, Bluets)
Las coordenadas de la alquimia resuenan en el origen, fusión de técnica y deseo: el griego antiguo del sustantivo φῶς (phōs) —luz— y del verbo γράφω (graphō) —escribir, grabar, pintar, anotar— enmarcan la acción y su efecto. La fotografía clásica materializa la claridad por medio de la cámara oscura, dibujando un mapa de la ausencia en la presencia de la película, cápsula de luz evaporada. «El tiempo es una realidad afianzada en el instante y suspendida entre dos nadas», escribió Gaston Bachelard en La intuición del instante. Y la fotografía flota en el latido que articula las dos nadas, tensionadas por los hilos luminosos que tejen el relato visual.
El gesto de fotografiar involucra la percepción de los sentidos, la postura de los músculos, la activación plena de los órganos que contemplan el contexto para transcribirlo como texto. Porque la escritura fotográfica se inicia con la lectura de la realidad que plasma la intención narrativa y la traduce en la captura, única y a la vez repetida, y en el vocabulario de formas que componen la imagen. El objetivo enmarca las escenas, objetos y figuras entablan diálogos y susurran monólogos, los espacios sugieren atmósferas, el movimiento y las series insinúan la arquitectura de una trama en la fugacidad del instante complejo, el encuentro de temporalidades simultáneas.
Para describir el funcionamiento de la vista, Platón imaginó un fuego puro, fuente de luz suave, localizado en el interior del ser humano, que se avivaba gracias al roce con la luz exterior. La impresión en la retina es un destello, como estas siete instantáneas, parpadeos lumínicos de una sintaxis de lo invisible.
1. Visión
La intermitencia de la tecnología —el dedo que pulsa y activa así el obturador— refleja la intermitencia de la mirada, la rapidez de los párpados que protegen el interior del ojo, mientras las lágrimas lo lubrican. «El principio por el cual funcionan las cámaras no ha cambiado desde su invención. La luz pasa, desde el objeto fotografiado, a través de un agujero y se deposita en la placa fotográfica o película. Esta última, debido a su preparación química, preserva estos vestigios de luz», explica John Berger en Para entender la fotografía; y añade: «A partir de estos vestigios, a través de otros procesos químicos ligeramente más complicados, la impresión queda hecha».
En 1972, el escritor y pintor británico dirigió para la BBC el programa televisivo Modos de ver. Las reflexiones que planteó en la pantalla se publicaron en el volumen de ensayos del mismo título, generador de preguntas y ángulos de lectura que siguen vigentes. En el centro de la propuesta de Berger se sitúa la forma de la mirada, es decir, la perspectiva —el lugar de la enunciación— desde donde se genera la confluencia de mirar y ver: la visión, la gramática indispensable para anotar la luz. «Una imagen es una visión que ha sido recreada o reproducida. […] Toda imagen incorpora un modo de ver», pues la fotografía, en la doble experiencia de la captura y de la observación posterior, contiene el espectro de modos de ver del ojo que selecciona e interpreta, reescribiendo la realidad.
2. Huella
Una fotografía testimonia la interacción entre visión y percepción, caligrafiada por la luz en la materialidad del papel. Como el encuadre recorta la porción de realidad grabada por la cámara, así la voz narrativa enfoca lo narrado desde el yo, el tú o la pluralidad. Por eso la ensayista italiana Silvia Albertazzi afirma, en Letteratura e fotografia (Literatura y fotografía), que la fotografía invita a reflexionar sobre la escritura, «sobre sus fines, sobre la posibilidad de fragmentar, también en la literatura, […] la visión del mundo, en otras palabras, de convertir la representación narrativa en una historia de la mirada». El dispositivo fotográfico, tanto real como simbólico, dinamiza la construcción del relato, abriendo espacios para la percepción y la interpretación en el sondeo de los elementos que conforman la imagen y el texto, imperceptibles para el ojo desnudo.
En 1931, el filósofo alemán Walter Benjamin había publicado, en la revista Die Literarische Welt (El mundo literario), una «Pequeña historia de la fotografía», integrando ya en título la presencia de lo micro en lo macro: «la fotografía abre […] los aspectos fisiognómicos de mundos de imágenes que habitan en lo minúsculo, suficientemente ocultos e interpretables para hallar cobijo en los sueños en vigilia, pero que ahora, al hacerse grandes y articulables, revelan que la diferencia entre técnica y magia es desde luego una variable histórica». Cada fotografía custodia también la huella del momento en que fue grabada, de todas las dimensiones —colectivas y personales— que aquella temporalidad originaria englobaba, el sello de la Historia en las historias.
3. Vibración
Para leer y escribir con la luz, el temblor es preciso. No tiembla solo el ojo, sino el propio lenguaje, expuesto a la emoción individual que una fotografía provoca: «Lo que puedo nombrar no puede punzarme», escribió el semiólogo francés Roland Barthes en su Cámara lúcida. La connotación cultural del studium, es decir, la referencia al contexto, que puede reconocer la mirada educada por la historia colectiva, se intensifica con el punctum de una foto, «ese azar que en ella me despunta (pero que también me lastima, me punza)». Se trata de la intuición urgente, el impacto de la emoción que sobrescribe la experiencia personal en el relato visual. Los tres movimientos que Barthes apunta —hacer, experimentar, mirar imágenes— despliegan el eco del tiempo en la materialidad de la fotografía, contenedor de un instante irrepetible y a la vez reproducible. El temblor vibra en el centro.
«Todo sujeto fotografiado se convierte en un símbolo de desaparición, puesto que pertenece al pasado. Por eso cada foto de familia, aunque haya sido tomada la semana anterior, conlleva una condición de dolor, de pérdida», escribe Siri Hustvedt en Vivir, pensar, mirar. Por eso contemplar una fotografía es oscilar entre la luz y sus sombras, las punzadas de la ausencia.
4. Revelación
El ensayo de Susan Sontag Sobre la fotografía se publicó en 1977. Ya entonces la pensadora estadounidense detectaba que «la necesidad de confirmar la realidad y dilatar la experiencia mediante fotografías es un consumismo estético al que hoy todos son adictos». Con su lucidez habitual, sugería una ecología de las imágenes para repensar su función social y política, a través del análisis crítico de sus usos comunicativos. ¿Quién y qué refleja la mirada fotográfica? ¿Qué implica la difusión de una fotografía? ¿Cuántos puntos de acceso interpretativo posibilita y falsea? ¿Cuántas realidades oculta y muestra?
El proceso químico de revelado inaugura siempre un horizonte simbólico, es decir, la luz ilumina los aspectos ocultos de la realidad fotografiada y, al exponerlos, confirma su misterio. «Una fotografía es a la vez una pseudopresencia y un signo de ausencia», escribe Sontag. La médula y los huesos del cuerpo resplandeciente.
5. Ficción
Cuando la piel de la luz imprime sus poros en el papel, el ojo que aísla la imagen proyecta una fábula secreta. «Toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera», escribe el fotógrafo Joan Fontcuberta en El beso de Judas y, tanto en su práctica artística como en la propuesta ensayística, dilata los bordes de la lente que capta, analiza y cuestiona el hecho fotográfico. Por un lado, examina la relación entre memoria y autoconocimiento en los procesos de creación y almacenamiento de imágenes; por el otro, descifra la pragmática móvil que orienta el tránsito entre fotografía analógica y digital, la colaboración y el juego con la inteligencia artificial, el lenguaje de la postfotografía.
Si la metáfora, la alegoría y la ironía empapan las series fotográficas de Fontcuberta, los mitos y los símbolos nutren su investigación crítica. La cámara de Pandora conserva memorias, experiencias, sentimientos, las mentiras verdaderas que sustentan el gesto de tomar una fotografía: «La fotografía se inscribe y la fotografía digital se escribe. Inscripción y escritura señalan dos estadios de competencia epistemológica entre los que se debate la creación contemporánea: de la descripción al relato», personal y colectivo. De ahí que augure «que el arte de la luz devenga el arte de la lucidez».
6. Ampliación
La mirada atenta ensaya un ejercicio doble, enfoca lo mínimo y lo amplía hasta convertirlo en máximo, sin perder de vista el escenario completo. «Cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento», apuntaba Julio Cortázar en «Las babas del diablo» (incluido en el volumen de cuentos Las armas secretas, de 1959). La alternancia de voces narrativas, la presencia metafórica de las nubes y la misma trama plantean interrogantes acerca de la escritura, con la pluma y con la luz. El fotógrafo que protagoniza el cuento graba un instante en la vida de dos personas a quienes no conoce y cuyos secretos descubre ampliando las fotografías. Como dedos contemporáneos en la pantalla táctil, la progresión de revelados desborda la visión inicial y la desplaza hacia otros horizontes. El relato es sometido a un proceso de montaje cinematográfico, que reconstruye una realidad entre las muchas que la fotografía evoca.
La secuencia de la ampliación es justamente una de las más memorables de la película Blow Up (1966), basada en el texto cortazariano, dirigida por Michelangelo Antonioni y premiada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Fotografía y cine leen y dibujan la luz, en la conversación triple entre palabra, imagen y movimiento. «Basta quizá elegir bien entre el mirar y lo mirado, desnudar a las cosas de tanta ropa ajena», sugiere Cortázar, y contar, sin más.
7. Diálogo
«La duración de un silencio va moldeando vidas», escribe Claudia Rankine en su multipremiado Ciudadana. Una lírica estadounidense (2014). La poeta y ensayista jamaicana-estadounidense diseña una coreografía de versos, prosa, fotografías de archivo y de obras de artistas, dibujos, capturas de pantalla y espacios en blanco para examinar la experiencia del racismo en carne propia y convertir el silencio en voz. Los siete capítulos que componen el volumen inscriben hechos y figuras contemporáneas (de Serena Williams al huracán Katrina) en la historia visual y digital de Estados Unidos, con la potencia lírica del diálogo entre lenguajes. La complicidad incorpora también estadísticas, redes sociales y listas bibliográficas en Solo nosotros. Una conversación estadounidense (2020), otra vuelta de tuerca acerca de la discriminación visible e invisible en las sociedades. Literatura y fotografía se iluminan recíprocamente con la transparencia que sustenta el diálogo vivo, sin filtros ni dulcificantes.
Porque escribir y hacerlo con la luz requiere la apertura a la visión, a la marca de su huella, a la vibración que sacude y a la revelación que genera preguntas y no respuestas, en la conciencia de la ficción y la posibilidad de su ampliación. Porque solo así se produce el encuentro en la peregrinación de luz y materia. Porque, como escribe Anne Carson en Tipos de agua, «¿Cuándo es un peregrino como una fotografía? Cuando la mezcla de ácidos y sentimientos es perfecta». Y fugaz como un instante.
Bibliografía
Claudia Rankine, Ciudadana. Una lírica estadounidense, traducción de Raquel Vicedo, Logroño, Pepitas de calabaza, 2019.
Claudia Rankine, Solo nosotros. Una conversación estadounidense, traducción de Cecilia Pavón, Madrid, Eterna Cadencia, 2022.
Gaston Bachelard, La intuición del instante, traducción de Jorge Ferreiro, México, Fondo de Cultura Económica, 2014.
Joan Fontcuberta, El beso de Judas. Fotografía y verdad, Barcelona, Gustavo Gili, 1997.
Joan Fontcuberta, La cámara de Pandora. La fotografía después de la fotografía, Barcelona, Gustavo Gili, 2010.
John Berger, Modos de ver, traducción de Justo González Beramendi, Barcelona, Gustavo Gili, 2016.
John Berger, Para entender la fotografía, traducción de Pilar Vázquez Álvarez, Barcelona, Gustavo Gili, 2015.
Julio Cortázar, Obras completas. Cuentos, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012.
Roland Barthes, La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía, traducción de Joaquim Sala-Sanahuja, Barcelona, Paidós, 1989.
Silvia Albertazzi, Letteratura e fotografia, Roma, Carocci, 2017.
Siri Hustvedt, Vivir, pensar, mirar, traducción de Cecilia Ceriani, Barcelona, Anagrama, 2013.
Susan Sontag, Sobre la fotografía, traducción de Carlos Gardini, Barcelona, Debolsillo, 2008.
Walter Benjamin, Discursos interrumpidos I, traducción de Jesús Aguirre, Madrid, Taurus, 1992.







