
(Viene de la primera parte)
Aun centrándonos solo en la reproducción sexual, y asumiendo que el hermafroditismo es solo una manera «especial» de ser hembras y machos, aún nos quedan algunas cuestiones interesantes sobre los sexos. La primera: ¿por qué dos?, que viene de la mano de muchas otras como: ¿qué tiene de especial esta pareja? ¿Por qué está tan extendida en el árbol de la vida? ¿Por qué no juntar en cada suceso reproductivo la información genética de tres, cuatro o siete individuos? ¿Y por qué parece ser tan persistente a lo largo de la evolución? Y una segunda: ¿por qué, además de dos, son diferentes? ¿Por qué no son todos los gametos iguales? Como veremos a continuación, en el mundo vivo con reproducción sexual no siempre hay solo dos sexos, y no siempre son diferentes entre sí sus células reproductoras, pero es la condición mayormente observada. Y hay razones que explican por qué ese formato es el más frecuente entre las distintas posibilidades en que se podría organizar la vida sexual de una especie.
Empecemos con el hecho de que sea tan frecuente que entre los seres vivos con reproducción sexual se generen células sexuales diferentes, generalmente de dos tipos. Incluso en la mayoría de los organismos unicelulares con reproducción sexual, aunque no hay algo parecido a hembras y machos, sí ocurre que los gametos que producen son de dos tipos distintos. ¿No les resulta fascinante? A estos gametos los solemos llamar tipo + y tipo -. Aunque son similares en forma, presentan diferencias internas fundamentales que les impiden fusionarse con gametos del mismo tipo. Al igual que dos óvulos si se fusionasen no producirían un nuevo individuo, los gametos con estos tipos reproductivos tienen que fusionarse con células que no sean de su mismo tipo, es decir, los tipo + solo se pueden fusionar con los tipo – y viceversa.
Que sea tan frecuente que los gametos solo den lugar a un individuo si se encuentran con un gameto de otro tipo es un poco paradójico. Eso implica que los organismos han de buscar individuos de su especie que fabriquen el otro tipo de gameto y quieran reproducirse, un proceso de búsqueda que puede ser francamente complicado. Para tratar de explicar la paradoja, y por qué esta es la solución mayoritaria que han tomado los seres vivos, nos vamos a trasladar a una situación muy primitiva, poco después de que se «inventase» la reproducción sexual. Hemos de imaginar dos organismos con fecundación externa, que en la historia de la vida en nuestro planeta se «inventó» antes que la interna. Sería algo parecido a lo que hacen los peces en los documentales de La 2. Dos individuos de la misma especie que para reproducirse liberan células sexuales al mar, células que se tienen que encontrar y fusionar. Esta situación es de por sí problemática, pues en la inmensidad del mar unas células francamente pequeñas han de encontrarse, lo que por intuición se entiende que no es fácil, aunque hayan sido liberados en un espacio cercano. Y a este problema le añadimos, de manera aparentemente innecesaria, que para fusionarse han de encontrarse gametos de dos tipos diferentes. ¿Es realmente necesario? Qué manera de complicar las cosas, ¿no?
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Muy bien por esta continuación, señora. Muy bueno. Al alcance de todos. Creo que he entendido bastante de esa materia tan difícil como es la biología evolutiva, lectura que inmediatamente me lleva a sospechar que sucedió de todo mientras nos preparabamos para entrar en escena, y visto que que hoy es nueve y manaña diez, podrá suceder de todo en el futuro, deducción que me presenta las imágenes que todos compartimos como hijos de esta sociedad; las de la Primera y Segunda Guerra Mundial, el hongo atómico, la llegada del hombre a la Luna, el horror de Kennedy, nuestro planeta desde el espacio exterior, el once de septiembre, el primer presidente afroamericano, todos hechos con origenes masculinos, menos (hasta ahora) esas esferas con cuernos del Covid. La de aquel pibito sudanés, esquelético, con el vientre hinchado y con un buitre detrás esperando que muriese, algunos la habrán removido, para mi es imposible. Es un horror indecible producto de las guerras, todas masculinas, las razones de mis comentarios “fantásticos” a favor de una humanidad toda femenina, o por lo menos sus varones altamante feminizados que quizas tampoco sirva para algo, pero hay una imagen que supongo que a cualquiera con un poco de curiosidad tiene que inducirlo a la reflexión. Me refiero a esas figuras en blanco y negro, de mayor a menor que comienzan con un chimpancé y terminan con el hombre moderno, en pie (No una mujer. Faltaba más). Como ejercicio de imaginación me recuerda a mi viejo maestro de la primaria que nos explicaba que detrás de un punto puede haber una línea, detrás de esta un espacio, y detrás de este un volumen, pero, ¿y después del volumen o del hombre en pie, qué? Me doy cuenta de que si continuaremos a cambiar, nosotros no lo experimentaremos, y vaya a saber si lo verán nuestros herederos. Y si es que estaremos en este planeta. Creo que, y dejando de lado el volumen ya que dentro de uno estamos y parece que esa sea la meta final, el hombre continuará a cambiar, tanto psiquica como fisicamente. Es un anhelo ínsito en nosotros aun si no lo manifestamos abiertamente, un anhelo de querer ser algo más, resultado de que dimos el salto de lo irracional a lo racional donde todo es posible. Las religiones prometen una vida nueva, los científicos hipotizan un probable estado físico más mental que otra cosa. Tal vez hasta la ciencia ficción pueda ser una respuesta, visto que en ella se nos presentan seres (que podríamos ser nosotros en un futuro) altamente avanzados tecnológicamente, y suponemos que ese progreso va a la par con un cambio espiritual o psíquico, curiosamente sin que los autores expliquen jamás de qué sexo son. El ET para mí es varón por el aspecto, pero femenino por lo medroso. Dicho esto, y a continuación de mi comentario anterior, me animaria a decir que sería hora de reflexionar sobre el cortejo amoroso de nuestra especie ya que nos hemos separado de las demás. Por cierto que también yo me he conmovido por toda la literatura que generó, pero al compararlo con los mecanismos de los animales inferiores, me deja un gusto poco edificante. Son casi iguales. Gracias otra vez por la amena lectura.
Creamos conceptos,, los petrificamos con el uso y los convertimos en Verdades con mayúsculas.