Arte y Letras Filosofía

Oda al paseo y al paseante: Baudelaire, Debord y la ciudad

Gustave Caillebotte. Calle de París, día lluvioso, 1877. paseo

Hay dos tipos de personas, las que pasean y las que no. Salvo causa mayor que se lo impida, reconozco mi profunda incomprensión hacia las segundas. El paseo es esencialmente humano, o eso me gusta pensar, y cuando no lo practicamos es como si estuviéramos negando una parte sustancial de nuestra esencia. No hablo del desplazamiento funcional, hablo del relajado, aleatorio y reflexivo vagabundeo que es casi una práctica mística y transformadora. Una herramienta para despertar la atención, la creatividad e, incluso, la rebeldía. 

El paseo —en contraposición al acto de simplemente caminar— tiene como premisa una sed sin la cual es imposible que se dé en todo su esplendor. Debe haber una intención transformadora en el paseante: el deseo de regresar siendo otro. Es completamente ajeno a rutinas o deberes y es principalmente un ejercicio psicológico y de atención —sobre todo de atención—. El paseante deja su casa con los cinco sentidos puestos o bien en el entorno o bien en uno mismo y, a medida que avanza el paseo, el foco de atención varía necesariamente. Esta es la verdadera clave de un paseo enriquecedor. Antes de que los estantes de las librerías se colmaran de títulos sobre mindfulness, el paseo, practicado correctamente, ya nos aportaba claridad mental. 

De hecho, para llegar a grandes ideas, y según lo que dice la ciencia, basta con mover las piernas. Da igual el entorno, la dirección, lo que hayamos hecho antes o lo que hagamos después. Algunos estudios ya se han encargado de investigar el fenómeno. En 2014, Marily Oppezzo y Daniel L. Schwartz de la Universidad de Stanford llevaron a cabo el estudio «Give Your Ideas Some Legs: The Positive Effect of Walking on Creative Thinking». Motivados por el vasto anecdotario de paseos célebres en los que han surgido grandes ideas, descubrieron que el rendimiento creativo aumenta en un 60 % cuando caminamos. 

Tchaikovsky, Einstein, Nietzsche y otros grandes genios del arte, la ciencia y la filosofía, han glorificado el acto de caminar en sus procesos creativos. Aristóteles y los peripatéticos ya eran conocidos por sus reflexiones a pie e incluso personajes más actuales, como Steve Jobs o Mark Zukerberg, han incluido el paseo en sus reuniones como método para aclarar las ideas. La completísima obra Andar, una filosofía, de Frédéric Gros, recoge de manera ejemplar el gusto por pasear de los autores más emblemáticos de la historia del pensamiento al tiempo que nos da una visión casi poética del acto mismo de pasear. A quien le interese indagar en el maravilloso mundo de los paseos célebres, también encontrará una lectura de lo más valiosa en Wonderlust: Una historia del caminar de Rebecca Solnit, donde la autora recorre la historia de esta actividad, su influencia en la sociedad, sus repercusiones políticas y cómo los grandes personajes de nuestra cultura se valieron del paseo para dar forma a sus mayores creaciones. Incluso en el cine —y lo vemos en muchas películas— el paseo es comúnmente el vehículo para el desarrollo de ideas, encuentros, conversaciones profundas o la transformación de los personajes. 

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12 comentarios

  1. Es Francesco Caeri, no Caera

  2. José Antonio

    Yo soy un gran paseante de a diario, y corroboro eso de que las mejores ideas me vienen en la calle. Es más, creo que me voy a dar una vueltecita ya mismo. Saludos.

  3. Pasear sin destino concreto ni tiempo programado es de las mayores sensaciones de libertad que experimento.

  4. Echo en falta en el artículo alguna referencia a gran paseante Robert Walser. Al contrario que muchos paseantes, Walser no sale de paseo para ver el paisaje sino para ensimismarse; para contarnos, no lo que en verdad ocurre, sino lo que a él se le ocurre.

  5. Estaría interesante hacer una investigación transcultural e histórica sobre el paseo porque el otro fenómeno parecido, el viaje, en cuanto al desplazamiento, sus efectos y su interpretación, parece que es una cosa bastante reciente, ligado primero a las élites culturales y económicas y dependiente del desarrollo moderno de las ciudades separadas del campo. A ver si sería lo mismo con los paseos

  6. El cáncer son los coches y esos padres/madres que llevan al colegio a sus hijos en coche viviendo a diez minutos(andando).

    Lo que me parece ya increíble es dejar el motor encendido mientras hablas con otra persona

  7. Pasear es un placer y es gratis. Pero se puede llegar poco a poco a que nos quiten ese placer y prefiramos quedarnos en casa.

  8. No hay nada más fructífero que pasear, especialmente siendo zurdo de la parte de abajo. No hay piedrecilla que se salve y termine en un gol dentro de un arco sin travesaño ni palos engañando al arquero, pues va de rastrón, quien se tira siempre pal lado contrario. Se despega eufórica del suelo la muchedumbre de pájaros que hinchan por el mismo color, blanco y negro esperando el letrero del marcador: uno a cero debajo del sol; luego a hacer tiempo contando baldosas o pasos partisanos esperando el pitido final, saludando a abuelas y abuelos, a perros, no gatos pues no pasean, mocosos en andador y a esa piba que camina más rápido que yo… y sobre todo el estadio este cielo que por cotidiano no aburre, al contrario, por celeste o plomizo será siempre salubre. Muy buen lectura. Gracias.

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