
Dave Grossman, Keith Stuart, Joe Hill y Rihanna Pratchett debaten en exclusiva con Jot Down sobre el viraje de cómo se valora el género fantástico en su dimensión cultural.
«“El hombre de negro huía por el desierto y el pistolero lo seguía”. Es el mejor arranque de una novela de Stephen King. Es uno de los mejores arranques de la literatura universal». El pasado cinco de mayo, Sarah Fallon, editora senior de Wired, se atrevía a arrancar así, en negro sobre blanco, uno de sus artículos. No fue un hecho aislado, sino la constatación de un creciente movimiento planetario en el mundo de la cultura hacia lo pop. Y en concreto hacia el género fantástico.
Los casos se cuentan por decenas. La apertura de una colección permanente de videojuegos en el museo MoMA de Nueva York. El premio Fipresci, otorgado por los casi quinientos críticos de cine más reputados del planeta, a Mad Max: Fury Road en 2015. La elección de la novela gráfica Watchmen (ECC Ediciones, 2016) como una de las mejores novelas del siglo XX por la revista TIME. La medalla nacional de las letras, máximo honor que Estados Unidos otorga a un artista, entregada por Obama a Stephen King. O la victoria en el Pulitzer de Cormac McCarthy con un libro de ciencia ficción posapocalíptico, La carretera (Random House, 2007).
A este lado del charco, Cátedra publicó, en su colección Signo e imagen, su primer ensayo dedicado a los videojuegos: Videojuegos y mundos de ficción (Antonio J. Planells, 2015). TVE emitió un debate, Videojuegos. Creatividad interactiva, desde el Museo del Prado. El Círculo de Bellas Artes expuso, con gran éxito, una retrospectiva de las historietas de El Capitán Trueno. Y en El País, la revista cultural Babelia publicó un amplio reportaje dedicado a la presente edad de oro del tebeo español.
Joe Hill, novelista e hijo de Stephen King, Rihanna Pratchett, guionista de videojuegos e hija de Terry Pratchett, Dave Grossman, cocreador del clásico videojuego Monkey Island, y Keith Stuart, novelista y exeditor de la sección de videojuegos en The Guardian, debatieron en exclusiva con Jot Down sobre este asunto. El marco, una pausa en su apretada agenda de conferencias y sesiones de firmas durante la sexta edición del festival de literatura fantástica Celsius 232.
¿De dónde viene este clima de reconocimiento a lo pop y especialmente al género fantástico? Es más, ¿de dónde viene ese desprecio por los próceres de la cultura con mayúsculas?
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Es un detalle absurdo sobre lo que es una entrevista muy interesante, pero John Hurt es el Noveno Doctor, ya que es el que se encuentra entre Paul McGann (protagonista de la película de 1996) y Christopher Ecclestone (que encarnó al Doctor en su reinicio en 2005).
Ahí, ahí le duele. Si es que yo también lo pensé (me estoy riendo mucho ahira mismo). Frikis de mente abierta, bienvenidos.
Un places haber podido ver a todos estos autores, y muchos más, este año en el Celsius. Cada año mejor y más interesante. Si os apasiona la fantasía, la ciencia ficción, el cómic, etc, id a verlo. Meteos en las charlas aunque no os suene el autor, aunque el auditorio esté vacío. Merece la pena, que de todas las charlas sales con algo nuevo en mente.
La cultura popular goza de una salud de hierro pero sigue siendo sistemáticamente despreciada por ciertos sectores, incluso aquellos que no parecen muy alejados de ella. Críticos, ajenos e incluso fans tienden a menospreciar la incidencia de películas taquilleras por venir en forma de Blockbusters, estableciendo un sistema de jerarquía que no deja de ser un mero juicio de valor.
Pues no, señores críticos, si quieren de verdad ser un termómetro de nuestros tiempos no les queda otra que afanarse a exprimir toda esa amalgama de productos comerciales, recargados y destinados al consumo masivo. Porque es ahí donde está lo que marca las tendencias, lo que deja su impronta en la gente. Y es algo totalmente cíclico, porque siempre ocurre que los representantes de la alta cultura o los wannabes críticos ignoran las obras que están encandilando al gran público. Es lo que tiene aspirar a algo en una industria repleta de pollaviejas, que si no estás en sintonía con esos monolitos es porque no aspiras a ser tan serio como ellos.
Y eso me lleva a la segunda parte, gracias al concepto de pollaviejismo. El fan tiende a despreciar su propia pasión, por contradictorio que parezca. Asumen que ese tema es cosa de niños y sienten la obligación de tener que dignificarlo preservando sus esencias. De esta forma, que entren nuevos fans con productos mucho más generalistas, o que la obra de pie a nuevas sensibilidades, es un sacrilegio. Es horrible ver a gente que se supone de mente abierta en tanto que dicen adorar las historias que exigen tal requisito a su consumidor, convertidos en inquisidores de las mismas.
Respecto a lo que comentas en el último párrafo, tengo algo que comentar.
Soy un friki de 40 tacos (la primera peli que vi en el cine fue Conan el Bárbaro, para que te hagas una idea), lo que me da una perspectiva bastante amplia en esto del frikismo, ya que, por un lado, he vivido «en directo» muchos fenómenos que ahora se estudian como históricos (la explosión del anime, el surgimiento de Image Comics, el hipe de La amenaza fantasma, etc…), y por otro lado, he sentido en mi carnes la abrumadora sensación de que lo que era (o por lo menos parecía) pequeñito y bajo control, de pronto explota y se te escapa. Ves a nuevas generaciones enganchadas a cosas que ni conoces ni te atraen.
No niego que haya quien se cierre en banda a cosas nuevas, porque piensen que “contaminan” la pura esencia de su afición… pero creo sinceramente que es algo minoritario. Más bien pienso que lo que los “frikis pollasviejas” (vaya por delante que no acepto eso para mí mismo) hacemos es, sencillamente, no subirnos a los nuevos carros que no nos interesan, y seguir agarrados a aquellos con los que tenemos fuertes lazos sentimentales o, sencillamente, cálida comodidad. Defendemos “lo nuestro”. Llámalo orgullo generacional, si quieres. O simple cabezonería. O conservadurismo. Pero de ahí al negacionismo hay un abismo. En mi caso, por ejemplo, esta moda marveliana de cambiar los alter egos de los superhéroes de toda la vida, para abrirlos a “la diversidad” (me parecerá una moda hasta que hagan el viaje en sentido contrario; cuando vea un Viudo Negro, o un Pantera negra blanco, diré ahora sí, ahora es sincero) me parece estupenda. Pero para un servidor Spiderman es Peter Parker, mientras que Miles Morales es un chico muy majo que se parece mucho a Spiderman, pero que nunca será Spiderman. No estamos hablando de un Doctor Who, un Robin o un Linterna Verde, personajes entre cuyas características esenciales se encuentra la de cambiar de portador de traje con cierta frecuencia. Ni siquiera de un Thor, que es antropomorfización de un dios, una idea, y por tanto perfectamente susceptible del reciente cambio. Estamos hablando de cambios que, por fuerza, modifican tanto la esencia del personaje que, sencillamente, sustituyen un personaje por otro, por mucho que conserve nombre, disfraz y poderes.
¿Soy un retrógrado negacionista por pensar así? Entiendo que ni mucho menos. Es sólo que si no me gusta un cambio, una novedad, una innovación, pues no la sigo. A lo mejor resulta que sí me gusta y la sigo, como ocurrió con el universo Ultimate. Si el frikismo es libertad, ha de serlo en el más amplio sentido.
Cuando eres joven y tus alforjas aún van ligeras, es fácil adoptar lo nuevo. Pero cuando ya se te escapó esa juventud, y tus alforjas están cargadas, es que ni te apetece echarle cosas nuevas ni maldita la falta que te hace.
Es decir, lo haces si quieres, y si no quieres no lo haces. Así de sencillo.
Por eso creo que la gran mayoría de frikis veteranos no renegamos de los cambios, no los censuramos, pero estamos en nuestro perfecto derecho de no acompañar esos cambios, tal vez incluso a que nos jodan porque nos tocan aquello que llevamos toda la vida amando. Nadie puede obligarnos a aplaudir lo que no nos gusta, ni a que nos guste.
Efectivamente, y aunque no le guste, es usted un pollavieja. Qué le vamos a hacer, tampoco es para tanto. Un fuerte abrazo.
Insisto en que no reconozco tal apelativo para mí mismo. Me sigue funcionando de maravilla y con gran vigor (el cerebro, digo).
Ah, una cosa que se me quedó en el tintero: si tengo que aguantar que un chaval de quince años me diga que el Doom original es «una mierda» porque «los gráficos son del pleistoceno, la jugabilidad es limitadísima y el 3D es falso», pues oye, que si yo le digo que los videojuegos de ahora son todos iguales, tampoco es para tanto, ¿no?
Y un fuerte abrazo, faltaría más.
Solo voy a decir una cosa: Los personajes son herramientas principales para contar historias. El hecho de que un personaje se vea trastocado obedece a la necesidad de contar nuevas historias a partir de él. Y tratándose de superhéroes, el hecho de que sean unas determinadas personas es irrelevante, pues el concepto del héroe que representan es siempre superior.
Spiderman no es tuyo, no tiene por qué ser Peter Parker. Spiderman es una idea superior a Peter y si se quiere contar una historia desde una perspectiva diferente se puede renunciar al joven Parker. Y estás en tu derecho de que no te guste esa nueva perspectiva, pero entiende que si el argumento es el mero cambio porque «esto es así porque así lo entiendo yo», como que no es muy aceptable.
Y sí creo que los pollaviejas son minoría, pero hacen mucho ruido y nos obligan a tener que explicar conceptos básicos una y otra vez. Pero sobre todo, me aborrece tener que explicar que el mundo gira independientemente del ego de cada uno de nosotros, algo que muchos parecen no comprender.
Nadie te dice que aceptes críticas absurdas por parte de un chaval que no tiene madurez ni conocimientos suficientes como para entender lo que tiene entre manos, ni relativizarlo a su época. No es ese el tema.
No estoy de acuerdo con que Spiderman sea una idea superior a Peter Parker. Con otros superhéroes, pues sí, pero no con el arácnido. Spiderman es Peter Parker de una forma inextricable. El alter ego y el superhéroe se funden de tal manera que forman una única entidad. Como Batman y Bruce Wayne, como Logan y Lobezno. No sabemos dónde empieza uno y acaba el otro.
Si quieres usar «la marca» dándole un giro, haz otra cosa. Como cuando crearon a Batgirl, o a Hulka, o a Superboy.
Como te digo, no se trata del cambio per sé, sino de qué cambio se trate. Los han habido interesantísimos. Captain Marvel es con Carol Danvers un personaje más atractivo que cuando era Mar-Vell. El La visión de Tony King y Gaby Walta me resulta más fascinante que el clásico. El Nick Fury del universo Ultimate molaba más que el de toda la vida, que salvo por la etapa de Jim Steranko nunca pareció dar mucho de sí.
O pensemos, por ejemplo, en el Doctor Doom ambiguo que surgió tras las Secret Wars… más maravilloso que nunca.
Como digo, unos cambios te gustan más que otros, y unos cambios te resultan más coherentes/oportunos que otros. Y es cosa de cada aficionado aceptarlo (y por tanto, seguir consumiendo el producto), o no aceptarlo (y pasar a otra cosa).
Por supuesto que Peter Parker/Spiderman no es mío. Por supuesto que no me voy a presentar en el Bullpen y formarles el taco. Pero si el cambio que han hecho no me ha gustado, no me ha parecido oportuno, pues hasta aquí llegué con Spiderman, y oye, a quien le guste, que lo disfrute.
Otra cosa es el que coge twitter y llena las redes de mierda… pero eso lo hacen los pollavieja, los pollajoven, y la señora del quinto.
Tergiversador, ese camino inverso ya se hizo al convertir al Anciano asiático, en una mujer blanca en la peli Doctor Strange.
Y los cazafantasmas fueron feminizados.
Además a los pollaviejas siempre nos queda el consuelo de que todo es cosa de los universos alternativos.
Pero al final son personajes pasados a femenino. Como te digo, cuando vea lo contrario, diré que por fin es algo normal y no una moda.
Eso sí, universos alternativos, o mefistazos, o lo hizo un mago. Nunca falla XD
Lectura muy entretenida, tanto el articulo en sí como los comentarios.
Creo que el artículo empieza con una premisa errónea, la discusión entre «alta cultura» y «baja cultura» no es un fenómeno reciente ni mucho menos, ya existía ese debate hace siglos, que yo sepa al menos desde la época del mester de clerecía y de juglaría
Una pequeña corrección: el nombre de la hija de Terry Pratchett es Rhianna Pratchett, en lugar de Rihanna Prachett.
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me va a estallar la cabeza )