La querella española Arte y Letras Filosofía

Pensar la institución filosófica

Joaquin Sorolla y Bastida Jose Ortega y Gasset A1939 Hispanic Society of America
Retrato de Ortega y Gasset realizado por Joaquín Sorolla en 1918

¿Por qué la conversación filosófica española es de baja calidad? Esa parece la pregunta que atraviesa este espacio al que mi amigo Basilio Baltasar me invita a participar. Mi impresión es que este hecho, que no discuto, es el resultado de una convergencia de razones. La primera y principal es que la posibilidad de hacer pie en una tradición propia y compartida es muy escasa. Ahí también somos un país dividido hasta la médula. Hemos sido un país pobre en todos los aspectos y también en el cultural. Esa circunstancia impone luchas feroces por los elementos patrimoniales y también el ámbito de la tradición cultural. Esas luchas, con antipatías profundas, indisposiciones, fijaciones y prejuicios llegan al presente. El momento en que se produce una cierta modernidad filosófica está muy reciente y resultó muy frágil. Ese momento se puede medir bien entre los años 1904, fecha en que Ortega escribe una tesis de literato amateur, a veinte años después, en que Zubiri presenta una tesis profesional y avanzada. Estos hechos marcan la transición desde una Universidad de honoratiores y próceres a una más de especialización y competencias técnica. La fractura de la Guerra Civil fue demasiado profunda y el franquismo generó una dispersión sin cohesión alguna. La producción filosófica bajo la dictadura siempre fue sospechosa de condescendencia con el franquismo. En realidad España quedó fuera de la conversación europea y los esfuerzos de un Ortega heroico y marginal no rindieron efecto. Zubiri se refugió en una torre de marfil y Zambrano en una compensación mística y poética. Todas ellas fueron filosofías demasiado expresivas de personalidades inimitables. Hacer pie en ellas nos aleja del taller propio de la conversación europea, y eso no es compensado por los pequeños grupos que comparten ese arcanum.

Lo que vino después fue paradójico. La academia más nutrida de filósofos de la historia española generó un ambiente en el que la lucha intelectual se centró por lo general en hacerse en España con alguna franquicia extranjera. El seguidismo hermenéutico de esas posiciones canalizaba la lucha por relevancia en el interior, esperanzada siempre en apoyarse en la cresta de la ola de la moda, pero nos dejaba en una posición subalterna en el exterior. Rendía los beneficios de la representación, pero no los de la producción sustantiva de filosofía. Servía, ciertamente, para ganar la notoriedad, pero no para la producción de una obra propia. Estoy describiendo un ideal tipo de nuestros académicos, una forma habitual de orientación en un escenario filosófico de competencia, sobredeterminado por las posiciones de poder, pero condicionado por la falta de respeto general por la obra del otro. La vieja institución funcionarial de la trinca de gloriosa memoria ya no se ejerce, pero el silencio sepulcral sobre las obras de otros produce por lo general un clamor.

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3 comentarios

  1. «Gallimard, Seuil, PUF […] no permiten libros malos en sus catálogos.»

    Excelente, el chiste – para quien vive en Francia y frecuenta las liberarías de segunda mano desde hace muchos años.

    En est país todo son modas y la cantidad de morralla filosófica que han producido las diferentes modas filosóficas en las últimas décadas es impresionante. Buena parte de ella puede verse en las librerías de ocasión.

  2. David Teira

    José Luis, como explicaba en otro artículo de esta serie, existe un programa estatal de ayudas a la traducción que ha promocionado, principalmente el ensayo español. Creo que con escaso fruto.
    https://www.jotdown.es/2024/08/filosofia-espanola-por-el-mundo/

    Gracias a la financiación estatal, España es un paraíso para las revistas en acceso abierto no comercial: hay docenas de revistas donde cualquier filósofo puede publicar en castellano y ser leído gratuitamente en todo el mundo. Estamos mejor que Italia o Francia, por ejemplo. Aquí tienes los datos:
    https://repositori.uji.es/items/7a8270e2-09cc-4cdf-89e2-29557a9b91dd

    Si, en estas condiciones, no ha surgido la conversación filosófica latina que reclamas, puede que la solución no sea pedir más subvenciones al Estado o a las élites.

  3. En mi modesta opinión, la dicotomía entre crear pensamiento original y reproducir modas extranjeras es un falso dilema. Muchas de las figuras más influyentes en la filosofía contemporánea —como Judith Butler, Giorgio Agamben o Byung-Chul Han— han conseguido articular pensamiento original precisamente a través de la apropiación creativa de tradiciones foráneas. La clave no está en la procedencia del marco, sino en su uso.

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