Jot Down Cultural Magazine – ¿Es el suicidio un acto de locura o de lucidez?

¿Es el suicidio un acto de locura o de lucidez?

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Detalle de Lucrecia, de Rembrandt, 1664. Imagen: (DP).

Detalle de Lucrecia, de Rembrandt, 1664. Imagen: (DP).

Cierto día Emil Cioran conoció a un hombre que quería suicidarse. No nos consta qué razones tendría para dar ese paso, pero sí cabe suponer que no debían de ser apremiantes, pues ambos estuvieron hablando durante horas. El filósofo franco-rumano argumentaba que una vez había tomado la decisión de matarse ya se había liberado y por tanto no necesitaba llevarla a cabo. Tomar conciencia de que esa opción está a nuestro alcance, sostenía, «nos hace soportar los días y, más aún, las noches; ya no somos pobres, ni oprimidos por la adversidad: disponemos de recursos supremos. Y aunque no los explotásemos nunca, y acabásemos en la expiración tradicional, hubiéramos tenido un tesoro en nuestros abandonos: ¿hay mayor riqueza que el suicidio que cada cual lleva en sí?». Dicho más escuetamente, en uno de esos aforismos cargados de ironía que tanto le gustaban: «Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado».

No sabemos si este argumento convenció a su interlocutor. Tal vez sí, al menos hasta que se cruzase en su camino algún otro escritor y le hiciera regresar a su intención inicial, pues si algo ha abundado en las obras filosóficas y literarias es la apología del suicidio. Al fin y al cabo en el monólogo más célebre de la historia de la literatura su protagonista sopesa esa salida, que es la que tomó Madame Bovary, Ana Karenina, Werther u Otelo, mientras que George Bailey se queda al borde en Qué bello es vivir y Fry se lanza con el corazón roto desde el Vampire State Building en el último episodio de Futurama. La historia del pensamiento tiene su primer capítulo con Sócrates bebiendo de su propia mano la cicuta, como también se suicidó Séneca, que previamente había escrito cuán deseable era la muerte voluntaria: «Pues no es cosa buena el vivir, sino el vivir bien. Así, pues, el sabio vivirá cuanto debe, no cuanto puede: verá dónde ha de vivir, con quiénes, cómo, qué ha de hacer. Piensa siempre en la cualidad, no en la cantidad de la vida; si se presentan muchas cosas molestas y perturban la tranquilidad, se sale él mismo de la vida. Y no hace esto solamente en la fase última de la vida, sino tan pronto como empieza a vislumbrar la fortuna, examina con diligencia si se ha de acabar de vivir».

Muchos siglos después y en esa misma línea, David Hume escribió en un ensayo titulado Sobre el suicidio contra la creencia instaurada por el cristianismo de que el suicidio era un pecado contra Dios. Si nada sucede en el universo sin su consentimiento y cooperación, argumentaba, entonces tampoco la muerte de nadie, por muy voluntaria que sea. De esta manera concluye que «si no es un crimen, tanto la prudencia como el coraje deberían llevarnos a deshacernos de la existencia de una vez por todas, cuando se vuelve una carga». El suicidio dejaría por tanto de ser cosa de locos o de malvados, pasando a convertirse en un cálculo racional sobre si merece o no la pena asumir las calamidades que nos depara la vida. El problema es que las alegrías y las penas, así como el sentido último de la existencia, no son algo fácilmente mensurable, no es como escoger en el supermercado uno u otro producto en función del precio y la cantidad. Por eso Albert Camus comenzó El mito de Sísifo de esta forma tan contundente: «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía». En esa obra señalaba además un factor muy importante, cuya ausencia en teorizaciones anteriores en torno al suicidio en ocasiones hacían de estas poco más que un juego mental, una especulación de sobremesa entre amigos: «eEn el apego de un hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo. El juicio del cuerpo equivale al del espíritu y el cuerpo retrocede ante el aniquilamiento. Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar». Puede uno sostener racionalmente que la vida no tiene sentido o que el mundo es una sucesión interminable de horrores, pero el instinto de supervivencia es una fuerza profundamente íntima y arraigada en nuestro ser para el que todo eso no son más que palabras.

Por ello el escritor David Foster Wallace (que sabía muy bien de lo que hablaba, pues terminó suicidándose), analizando el asunto desde la perspectiva del que padece depresión psicótica, señalaba que quien intenta matarse a sí mismo no lo hace movido por una convicción abstracta o un cálculo racional sobre qué merece la pena y qué no. Comparaba la experiencia más bien con la agonía de quien está en un edificio en llamas y termina saltando por la ventana. Su terror a caer desde una gran altura es tan intenso como el que pueda sentir cualquier otra persona, lo que ocurre es que su aversión al fuego es aún mayor. Su acción tiene por tanto más que ver con la pura desesperación que con la reflexión filosófica. Ahora bien, ¿cuántos casos de suicidio se pueden vincular a un trastorno mental?

Tuvimos ocasión de preguntárselo a María A. Oquendo, toda una autoridad en lo referente al comportamiento suicida que ejerce como profesora de psiquiatría clínica en la Universidad de Columbia, es la actual presidenta de la prestigiosa Asociación Americana de Psiquiatría y desde enero del próximo año será también Chairman del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pensilvania. Su respuesta fue que «al menos en Estados Unidos, el noventa y cinco por cien de las personas que se suicidan tiene algún antecedente psiquiátrico. En mi opinión, dentro de ese cinco por cien restante hay personas que también sufren un trastorno psiquiátrico pero nadie se ha dado cuenta. Lo digo porque lo he visto y lo veo en personas que tienen grandes reservas emocionales e intelectuales, que pueden estar sufriendo muchísimo y nadie a su alrededor se da cuenta. Por eso yo diría que buena parte de ese cinco por cien pertenece a este grupo. En todo caso, podría haber personas que se suiciden sin tener trastornos psiquiátricos». Como vemos, y de acuerdo al signo de los tiempos, lo que antes se consideraba un problema moral, de índole religiosa o existencial, ahora pasa a ser un problema médico. Entonces sí es fruto de un desequilibrio mental, ¿cómo podría prevenirse? «Muchas veces se considera el suicidio como el resultado de una crisis externa, ya sea financiera, emocional, relacional… y a pesar de que muchos individuos exhiban o tengan comportamientos suicidas a partir de esos detonantes, en verdad muchos pasamos por esas cosas en la vida y no se nos ocurre pensar en el suicidio. O sea que hay una predisposición en el individuo que le motiva a responder a una crisis de esa manera determinada. Y una de las cosas que me parece de suma importancia es que sabemos que el suicidio tiene un fuerte componente hereditario. Al igual que en las familias se habla de la herencia en casos como la tensión arterial o el cáncer de mama, también deberíamos tener conversaciones sobre el suicidio cuando se ha producido en una familia determinada. Por otra parte, también sabemos que el medio ambiente tiene influencia, porque en gemelos idénticos no hay concordancia al cien por cien en el caso del suicidio. Así que las experiencias individuales tienen un impacto importante. Pero de todas formas, sí sabemos que no es una cuestión de imitación, sino que hay una predisposición genética».

De manera que si retomamos la sentencia de Camus efectivamente el juicio del cuerpo/genética equivale al del espíritu… aunque no todos los cuerpos están predispuestos para retroceder ante el aniquilamiento. Es una cuestión muy interesante, porque al mismo tiempo que tal como vemos la ciencia desvincula el suicidio de las cuestiones morales y por tanto del libre albedrío, se reclama en diversos países la eutanasia como parte integrante de los derechos civiles. La eutanasia sería para sus partidarios una cuestión ética, una forma de tomar las riendas de nuestra vida acorde a aquello que reclamaba Séneca. Así que preguntamos a Oquendo por la reciente noticia del reconocimiento en Holanda de la eutanasia a cincuenta y cuatro pacientes psiquiátricos, incluida una chica con trastorno de personalidad severo y una depresión severa. Esto es lo que nos respondió: «Es una pregunta muy difícil, porque uno de los síntomas claves de los trastornos psiquiátricos, especialmente de ciertos trastornos de personalidad y de ciertos cuadros relacionados con el abuso de sustancias, es querer morirse. Al mismo tiempo hay una fracción de pacientes que no responden a los tratamientos. Y es de suma importancia perseverar en poder estabilizar al paciente. Y no darse por vencido. Yo me dedico a la psicofarmacología, y la mayoría de los pacientes que trato tienen trastornos que son resistentes. Hay veces que puedo resolver el problema, pero tardo uno o dos años, porque por definición cuando llegan está claro que no va a ser una cosa sencilla. Por ejemplo, tengo una paciente a la que he estado tratando durante quince años. Y después de ingresar varias veces en el hospital por su trastorno bipolar, al fin pudimos llegar a un cóctel que la estabilizara completamente. Hubiéramos podido darnos por vencidos. Después de diez años podríamos habernos dicho: “Bueno, ya. Hemos hecho todo lo posible y nos damos por vencidos”. Y sin embargo, logramos finalmente estabilizarla. Creo que es un buen ejemplo de la persistencia que se requiere a veces para alguno de esos trastornos».

Detalle de La muerte y la doncella, de Marianne Stokes.

Detalle de La muerte y la doncella,de Marianne Stokes. Imagen: DP.

64 comentarios

  1. Muy buen artículo, aunque sobre este tema me pareció más profundo y completo el de García Nieto.

    Saludos.

    • Realmente magistral excepto,para mi, e final. La psiquiatra duce yna cosa y despues otra… hubiese estado bien que el plano filosofico moral y de saludse hubiesen harmonizado, como wstan todos los fenómenos dela naturaleza

      • A lo mejor dice dos cosas para ti. Para mí dice una sola: No somos dueños de la vida de nadie. La vida es nuestra posesión más valiosa y sin ella perdemos todo lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos.

  2. Un artículo superfluo, que casi acaba por debería empezar… Parece un artículo por compromiso más que un compromiso serio con el tema que trata, en este caso el suicidio (y comprometerse con el suicidio no equivale necesariamente a matarse, a menudo comprometerse con el suicidio equivale precisamente a jurar no matarse o, por lo menos, demorar el suicidio para saborearlo más lentamente: quizá aguardar la muerte como un morboso sea también una forma de suicidio, no porque uno tenga esperanzas, ni tampoco porque se encuentre desesperado, sino precisamente porque se halla desesperanzado). En fin, habría que pensar y repensar mucho más sobre el suicidio, a nadie le debería estar permitido pasar por la vida sin meditar el suicidio; de hecho, no es que dude que así sea, porque no dudo que existen quienes pasan por la vida sin meditar, es que no se puede rehuir el suicidio a poco que uno medite. Yo sólo digo que todo suicidio es en parte berrinche y en parte plegaria… (sólo se matan los optimistas, dice Cioran).Y que todo médico que pretenda imponer su prejuicio positivo hacia la vida se convierte en un tirano, porque no existe medicación contra el sinsentido de la vida: el suicidio es el arma de protesta más poderosa y profunda que existe, de protesta, desdén y desamparo, es pura abnegación, y desengaño, aún cuando todo suicidio sea, en tanto aniquilación de la propia voluntad, paradójico. Convertir al suicida en enfermo es un movimiento enfermizo… (y habrá quien esté enfermo, quien anhele y necesite auxilio o consuelo, porque los motivos para suicidarse son tan amplios como pueda serlo cualquier otra decisión, pero no pueden juzgarse enfermedades ni la oposición ni la disidencia: que yo sepa los médicos todavía no son políticos ni inquisidores; y muchas veces un suicida, motivado por condiciones sociales injustas, no necesita un paliativo, sino una revolución).

    • por donde debería*

    • Bien dicho, Crucifficado. “el suicidio es el arma de protesta más poderosa y profunda que existe, de protesta, desdén y desamparo, es pura abnegación, y desengaño, aún cuando todo suicidio sea, en tanto aniquilación de la propia voluntad, paradójico. Convertir al suicida en enfermo es un movimiento enfermizo…” Vivimos en un mundo donde los médicos frecuentemente quieren jugar a ser dioses, y prolongan la vida de las personas porque en esto hay negocio. El ser de la persona se convierte en un objeto cotizable desde la cuna a la tumba, y al decir que el suicidio es patología, se busca eliminarlo como alternativa y se plantea que la vida de cada individuo no le pertenece a esa persona sino al estado, la familia, la iglesia, la banca, los empleados etc. No conozco la obra de Cioran, pero es fundamental recordarse que la vida de cada uno nos pertenece–y después de su comentario y el artículo, la buscaré. Gracias.

    • Totalmrnte de acuerdo contigo crucificado.
      Soy profesional de la salud y llevo años ahondando en el suicidio. La mayor parte de las personas que acuden a consulta con ideas o intentos de suicidios no tienen ningún trastorno mental. Tienen una cordura y claridad que asombra y muchas un compromiso con la vida que son admirados por ello…
      Solo quien se sienta a escuchar a quien no desea vivir, sin prisa sin miedo al contagio sin querer “salvarlo” y viendo al otro como mi IGUAL podrá comprender lo fácil que es estar en el lado de plantearse la muerte como una opción.

      Detrás de esta opción puede haber un vacío existencial, un sentirse viejo y cansado de luchar por ideales y verse solo, un duelo no resuelto o el no haberle podido poner palabras a algo muy doloroso (porque cuando lo han intentado nos incómoda hablar de temas tan oscuros)

      Todos podemos vernos un día defendiendo la vida a capa y espada y al siguiente queriendo abrazar la muerte…

  3. Pingback: ¿Es el suicidio un acto de locura o de lucidez?

  4. La pregunta en que consiste el título no se sostiene. Está claro que “un” suicidio puede ser un acto de locura y “otro” suicidio un acto de lucidez. ¿El comer es un acto de glotonería o de necesidad para subsistir?
    Y a propósito de Séneca: https://antoniopriante.com/2012/11/15/seneca-teoria-y-practica-del-suicidio-3/

  5. Para mí un suicida es un cobarde, es buscar una solución fácil a problemas difíciles.

    A no ser que el seguro de vida le pague 1,5 millones de euros a tu familia, jaja. Picaresca española….

    • No seas frívolo, por favor.

    • Pues en algunos casos yo lo veo justo al revés, el suicidio es un acto de valentía, y no me refiero a casos como que te deje la novia o te desahucien.

    • Los seguros suelen tener cláusulas en contra de pagar indemnización en casos de autolisis.

    • Lo del seguro lo decía a modo de medio broma/medio en serio porque recientemente en España unel Supremo ha obligado a un seguro a pagar el seguro de vida (1,5 M EUR) a la familia de un señor que se ha suicidado por presumiblemente problemas económicos.

      Spaim us different.

    • No me extraña que te llames con un diminutivo, porque refleja la infantilidad de tus argumentos. Vamos, un POLLABOBA. (Busca la traducción en un diccionario canario-castellano)

    • Payaso y desgracia humana

  6. En cuanto a la sensacion de liberacion y capacidad terapeutica de la decision de suicidarse es interesante la novela “Tengo una pistola” de Enrique Rubio.
    Disculpen ustedes la falta de acentuacion, el teclado del movil es un autentico incordio (la propia disculpa incluye tres errores mas. Cuatro… sigh)

  7. ¿Mantenerse con vida es un acto de locura o de lucidez?

  8. El tomar la decisión del suicidio, es un momento de extrema lucidez, de liberación, pero también de soledad, de desesperanza, de hastío y de una valentía que no tiene punto de comparación, porque supone la autoextinción, algo para meditar.

  9. “La felicidad y el suicidio” Luis Antonio de Villena.

  10. El articulo se vuelve débil y frágil a medida que avanza, y comienza a perder intensidad hasta apagarse totalmente al final. También coincido en la posición del segundo comentario, el suicidio no es una enfermedad, el suicidio es una respuesta a factores sociales, políticos, metafísicos y existenciales que devoran a la persona hasta un punto en el que esta decide aniquilar el mundo o bien por rebeldía o desamparo absoluto, o acaso en un intento parecido al del ingeniro Kirilov, que no puede clasificarse como un acto de locura, enfermedad o depresión, siendo eso totalmente desvergonzado, sino más bien como un acto de total lucidez y pasión hacia la vida y hacia al hombre junto a un universo que condena a ambos sin miramientos.
    Bien es cierto que hay suicidas que acaban su vida por problemas monetarios, empresariales o de extrema soledad, estos necesitan apoyo por parte de otros, pues son problemas ‘terrenales’, si es que se me comprende. Pero después está el suicidio que se produce cuando se contempla ese sin sentido de la existencia, esa sucesión de episodios sin ningún tipo de importancia ni relevancia, esa soledad absoluta que envuelve al hombre y a todos sus actos frente a un mar de estrellas indiferentes a las miserias humanas.
    Aquel médico que trate de denostarlo es ciertamente un tirano, pero también creo que obra motivado por el profundo deseo de que su paciente viva, a toda costa, aunque sea con cinco pastillas cada día e ingresos en hospitales. Pero, ¿merece la pena esa vida? Las cuestiones que pretende abarcar el articulo son demasiado amplias y están plagadas de una gran variedad de detalles que no se tratan ni se mencionan, y como todos sabemos, dios está en los detalles.
    Pero bueno, tal vez unos breves renglones sirvan para crear seria curiosidad en aquellos que no se han dignado a tratar una cuestión tan relevante como la del sucidio.

  11. El suicidio puede ser un acto realizado por una persona con problemas psicológicos en un momento de desesperación,pero también acto reflexivo y razonado de lucidez cuando una persona sopesa y ve que su vida le proporciona más dolor y sufrimiento que otra cosa , que aquel padecimiento ( ya sea físico o moral) no tiene sentido, pues el hecho de que él lo soporte no redundará en un beneficio de nadie y además tiene la seguridad de que nada mejorará, sino que irá a peor. Nadie puede juzgar a nadie, ni delimitar qué cantidad de sufrimiento y de angustia debe ser capaz de soportar cada ser humano. Por eso la mejor receta es la de siempre, mejorar los servicios médicos para que sean capaces de detectar a las personas enfermas en riesgo de suicidio y , a partir de ahí, en todos los demás casos, ser respetuoso con las decisiones de cada cual,cuando solo a él/ ella afectan , brindando a los que tomen esa decisión la posibilidad de llevarla a la práctica de la manera menos gravosa posible.

  12. ¿Realmente importa el motivo? Ayudemos a quien tenga problemas y quiera vivir. Pero deberíamos ser conscientes de que eso que la mayoría considera “obviamente un bien”, la vida, no lo consideramos tal porque lo sea, sino porque vivimos. Los que no lo consideraban un bien tan elevado no están para discutirlo. Igual que reproducirse. ¿Es natural? Sí. O nos lo parece porque somos una especie que lo hace. Los que no lo hacen se han extinguido. Somos un extremo de una de las miles o millones de ramas de la naturaleza (viva o muerta), y creemos que todo se ha confabulado para conducir a esto. Si nos alejamos lo suficiente, cada una de nuestras vidas es sólo un suspiro (¿importa si se corta a mitad?). Y nuestra historia como especie no es nada, si seguimos retrocediendo. Y .. así hasta donde queramos.
    Si alguien quiere dejar de vivir, por el motivo que sea, se trata de SU vida. No seamos tan arrogantes como para pensar que lo que a otros les compensa tiene que ser la norma.

    Vive y deja vivir.

    “Deja”, no “obliga”.

    Por cierto, el artículo empieza bien, crea expectativas, pero después del primer párrafo ya no aporta nada más.

  13. Si alguien sabe que me pueda informar de un escritor ( no recuerdo bien la anécdota) que toda su vida mencionó que cumplida cierta edad se iba a suicidar. Claro, como lo anunció tantas veces y con tanta anticipación nadie le creyó, pero aparentemente cumplió co su palabra. Quiero creer que se puede tomar la decisión sin que sea producto de un arrebato, más bien con naturalidad y sin aspavientos.

    • No sé si te refieres al poeta catalán Gabriel Ferrater, amigo de Jaime Gil de Biedma, había manifestado en más de una ocasión a sus conocidos su voluntad de quitarse la vida a los cincuenta años. Tres semanas antes de cumplirse el plazo, ingirió barbitúricos y se ató una bolsa de plástico alrededor de la cabeza.

  14. Para ser un buen articulo deveria haber contenido como mínimo el triple de literatura dado lo denso e interesante del asunto.Como mucho llega a una aceptable introducción.
    Yo solo aportaria al respecto que la cuestión del suicidio es quizás la mas precisa a la hora de dar una idea de lo puta que puede llegar ser la vida,es decir ni suicidarse puede uno aunque así lo decida pues con su acto a alguien le joderá la vida.Acto de cobardia o valor es complicado descifrarlo,de egoísmo siempre.

  15. Me suicidé la primera vez luego de haber reprobado dos materias al mismo tiempo, en uno de esos exámenes mensuales del cuarto año de la escuela primaria. Luego me he ido suicidando por otras causas. Ya no se cuantas. La última vez fue porque me subieron la renta y -de nuevo- no lo soporté. Pero luego de un rato, en que floto observando mi cuerpo, hay algo que me hace regresar. Por más que no lo quiera, existe eso que me empuja irremediablemente a este, mi montón de carne. Debe ser… eso creo… el olor del café por la mañana.

  16. C.
    Otra vez vuelve el supuesto saber y poder del médico. Que insoportable, dudosa y peligrosa carga para uno mismo (soy médico psiquiatra) y para la sociedad. Sigo prefiriendo la idea del suicidio también como un acto de libertad.
    En un pequeño artículo que escribí para El País, podía leerse al final del relato:
    A veces, la muerte no es lo peor. Aunque tenga mala prensa, no es lo peor. Vivir puede ser tan violento, tan oscuro. O bien ocurre que uno da por bueno lo vivido. Es relativamente sencillo. Se decide cuando acabar. Y si no ocurre así, otros deciden por ti. Otras cosas deciden por ti. Es como un accidente. Sobreviene con la mente clara, por una carretera a media noche, en línea recta, entre acacias, oyendo música. Se intenta esquivar un caballo salvaje que cruza. O se salta al vacío, como Souad Hosmi Y se ve el pavimento como un mundo. O el ojo del caballo de perfil como otro mundo. Uno se da cuenta de que se abandona esta vida, en un instante No hay más, y tampoco hay porque rasgarse las vestiduras. Peores muertes son las hijas de la guerra, piensa mientras siente el pavimento estallándole en la frente. Peores muertes son las hijas del hambre, piensa mientras da vueltas y más vueltas de campana, entre acacias, sonando la javanaise: la vie ne vaut d’être vêcue, sans amour,mais c’est vous qui l’avez voulu, mon amour.

    • Carlos, nadie duda de que hay suicidios muy comprensibles. La cuestión está desde donde se toma esa decisión ¿desde la normalidad o desde la psicopatología?

    • No confundas suicidarse con el consumo de drogas.

  17. Resulta discutible buena parte de la argumentación medico biologicista. Cierto es que la mayor parte de los suicidas (supervivientes al intento o exitosos con evaluación previa) dan indicios de alteraciones psiquiátricas, pero tambien es verdad que la mayor parte de los inventarios de medición psicopatológica contienen ítems relativos a la ideación suicida o autolítica, con lo cual el argumento se vuelve circular. Si definimos la ideación suicida como un rasgo de enfermedad, está claro que el cien por cien de los suicidas cumplirán el criterio. ese es el sesgo habitual médico, que proviene de un enfoque salud-enfermedad que termina por tener evidentes limitaciones en el análisis del fenómeno. Al igual que la psicofarmacología: si tras dos años es cuando se logra el “coctel” que estabiliza al paciente ¿cómo lo diferenciamos de lo que podría ser una evolución natural? ¿Cuantos casos hay que reunir de respuestas/resistencias a “cócteles” concretos para comenzar a suponer que los cambios en el paciente tienen que ver con el combinado de fármacos? Poco dice la psiquiatra del artículo de estos puntos sin los cuales estamos en el terreno de la hipótesis. Así mismo, parece imposible librarse de sesgo cultural de origen judeocristiano en el que el suicidio no es aceptabe y por el cual la anomalía es el suicida. Sin embargo, en entornos culturales diferentes, ligados a corrientes estoicas, por ejemplo, se considera racionalmente aceptable. Por el momento no es posible diferenciar al suicida “desesperado” en mitad de lo que se conoce como “efecto tunel” (sólo se ve una salida) de quien racionalmente gestiona su vida hasta el último de sus recursos, no tras al acto en sí. Del mismo modo, si en mitad de una batalla alguien se lanza contra el enemigo un tanto insconcientemente para apparentemente salvar a sus compañeros y muere, puede ser considerado un héroe, dado que los demás atribuimos a esta acción una justificación aceptable, pero si no podemos encontrar esta justificación como observadores, lo consideraremos un acto de locura. En resumidas cuantas, que este tema da para mucho y no creo que la medicina, que es una disciplina práctica de carater técnico y aplicado, con un enfoque concreto en la preservación de la vida, tenga las respuestas, creo más bien que las respuestas están por las disciplinas básicas que sostienen la medicina.

    • Me parece que has dado en la clave. No soy psiquiatra, pero me parece que hay demasiada ligereza a la hora de delimitar qué es un trastorno, y que en no pocas ocasiones nuestro sesgo cultural tiene mucho que ver con este criterio. ¿No aguantar la presión de un trabajo endiablado es “tener un trastorno”? ¿Tirarse de una ventana como única salida para no tener que soportar las burlas de los compañeros entra en esa categoría? Creo que como sociedad tendemos a tolerar (o como mucho a rechazar de forma simbólica) comportamientos y situaciones que no tienen nada de normal, y que para esconder estos “daños colaterales” apelamos a la resiliencia ciega y admiramos a quienes soportan su miseria con abnegación, al mismo tiempo que seguimos condenando o etiquetando a aquellos que no soportan tanta presión y optan por salir de la rueda.

  18. Creo que lo único que tenemos claro respecto al suicidio, y la popularmente llamada locura en general, es que sabemos muy poco. Como bien se menciona en el artículo, el suicidio fue cosa de los planetas, fue cosa de Dios, fue cosa de la filosofía existencialista y fenomenológica, fue cosa del Ello, fue cosa del cerebro, y hoy parece ser cosa de los genes. Ha sido y sigue siendo la cultura imperante la que trata de dar respuesta a una experiencia que quizás no la tenga. Costumbre humana la de aplicar todo nuevo descubrimiento a cuestiones que no tenemos del todo claras. A título personal, creo que el éxito de los genes y la biología en la explicación del suicidio será y es similar al de Dios: nulo. No considero que el paso de la locura del terreno religioso al médico -aunque un servidor lo considere preferible- haya traído consigo una mejor explicación de la locura. Si acaso una explicación más moderna, acorde a los tiempos. Sería lo suyo considerar si las experiencias psicológicas no estarían mejor, precisamente, en el marco social y relacional y no moldeadas para que encajen forzosamente en el modelo médico de enfermedad.

  19. Carlitos, pena que no has entendido nada del artículo, o no has querido entenderlo, y como mínimo pienso que esos comentarios tan frívolos sobre un tema tan serio y dramático que afecta a tantas personas y sus familias y amigos deberían ahorrarse en público. Saludos y espero que medites un poco

  20. Lean a Durkheim.
    el suicidio no es fruto de una patología mental, si no social.

  21. El texto ofrece, estimo, una visión parcial del tema. Incluso superficial. En este instante recuerdo dos lecturas esclarecedoras: Mi suicidio, de Henri Roorda, y Revuelta y resignación, de Jean Améry.

  22. Pingback: ¿Es el suicidio un acto de locura o de lucidez? – Jot Down Cultural Magazine – Divagaciones ¿irreales?

  23. Flojo, muy flojo. Después de una prometedora revisión filosófico-literaria, el artículo deviene en extractos de declaraciones triplemente reduccionistas (por muy Oquendo que sea -o precisamente por eso-), reduciendo primero el suicidio a lo médico, de ahí a lo biológico y luego a lo genético e ignorándose la cantidad de factores personales, sociales, comunitarios, relacionales, económicos y otros muchos implicados en cada suicidio.
    El título, sin duda, es inapropiado. Después de lo que costó quitar el término ‘locura’, ha vuelto con una fuerza inusitada… entre los propios profesionales que reivindican la no estigmatización de los tratornos mentales.
    Mucho más recomendable el artículo de Rebeca.
    Lo bueno: que se habla el suicidio y eso es siempre importante.
    Lo malo: que se reduce a una ‘lotería genética’ muy alejada de la (poca) realidad que conocemos sobre el suicidio.

  24. Este es un tema en donde confluyen varias verdades. Hay suicidios de todo tipo: desesperados, otros producto de la salud mental, y otros producto de la reflexión existencial. En cualquier caso, si bien considero que cada uno puede disponer de su propia vida como le plazca, el suicidio pareciera que viene para terminar un período de padecimiento o sufrimiento.

    Desde que el sufrimiento es consustancial con la vida y el ser humano, no parece que el suicidio, en cualquiera de sus formas, fuese una solución apropiada para nada, dado que en su esencia, no soluciona nada, y en muchos casos, no soluciona el problema, sino que lo agrava.

    Salvo en casos de enfermedad mental, la propia vida, y la capacidad de reflexión del ser hunano, le aporta a este muchas herramientas para buscar todo tipo de soluciones a cualquier problema. La clave es darse cuenta, animarse, y comenzar la búsqueda, la cual conllevará sin duda más sufrimiento. Muchas veces la salida del infierno está en el centro del infierno.

    Tema muy interesante, que sin duda, genera debates maás interesantes aún. Gracias x participar.

  25. Artículo de lo consabido, mil veces hollado.
    Mejor, además de los citados, léase el excepcional de Al Alvarez, “El dios salvaje”, y “Semper dolens” de Ramón Andrés.
    Piénsese: Todo suicida es un asesino.

  26. Socrates y Seneca no se suicidaron, “los suicidaron”. El primero fue condenado a muerte “democraticamente” en un tribunal del pueblo, la sentencia fue beber cicuta.
    Al segundo, la guardia pretoriana de Neron le fue a comunicar que Neron lo condenaba a muerte y le dio a elegir entre su espada o matarse él mismo, y lógicamente eligió algo menos doloroso.
    Amo lo filosofia y para mi estos 2 casos nunca de los jamases serán suicidios.

  27. puede haber suicidio como acto de lucidez,de locura y por mil cosas más,y según las circunstancias será uno un cobarde o un valiente.Yo me suicidaría por cansancio, francamente,porque trabajo mucho y duermo muy poco,y me paso la vida fatigada permanente,y nunca hay un descanso ni un tiempo para mis cosas,con un familiar mayor totalmente a mi cargo años y años y una hija que por trastornos mentales me maltrata día tras día y así va a seguir, y viviendo en un hogar incómodo lleno de cucarachas y con un vecindario antipático e incívico,es que sólo vivo para servir a otros y pagar facturas…de verdad,sí que apetece matarse con pastillas,dormirse sin ninguna gana de volver a levantarse y ya se apañarán como sea los que se quedan.Y creo que no tengo ninguna depresión,es simple cansancio y hastío

    • Y por qué no en lugar del sueño eterno te tomas un día libre? Ánimo!

      • Quiero participar

        • Con el debido respeto, el cual no merece al profundo imbecil e ignorante y por ello más imbecil si cabe y a la petarda inteligente que da respuesta a una reflexión de una señora que si merece el respeto adecuado hablando de sus circunstancias personales y que no hay que estar loco para tomar la decisión de acabar con una existencia tal.
          Mi más sentido pésame por carlitos y la lerda de la última reflexión. Muy pobres de espíritu ( y no en un sentido religioso pues no son más que sectas terroristas en su inmensa mayoría)

  28. Este es uno de esos asuntos filosóficos que da pereza ponerse a escribir porque uno sabe desde el principio que es insoluble. No hay verdades universales. Es como el aborto: ¿Está bien o está mal? En principio me parece que el suicida está más cerca de la desesperación que de la lucidez o la locura. Pero en fin. Sólo quería compartir una frase que me gustó en su momento cuando la escuché y no recuerdo de quien es: El suicida es alguien que se va de la vida pegando un portazo.

    • No está mal ti reflexión.
      A mi juicio, el artículo no es convincente en buena parte del mismo.
      Si quisiera hacer referencia a un artículo en especial tratando este tema y dándole un enfoque que en mi opinión si es merecedor de una gran y profunda reflexión.
      Raguniano. El espacio del libre pensamiento. Es el diocudio un acto de cobardía o valentía?

  29. Gracias por el artículo. Me parece muy bueno. Con 20 años tuve mi primera intención sería de suicidio. A los 23 decido poner solución e inicio tratamiento privado (psiquiatra de prestigio más psicoterapia). A los 29 años al final me atreví y me tiré desde un edificio alto. No me maté pero me quedaron serias secuelas de por vida. Tras 6 años de tratamiento y unos 18.000€ invertidos, no me “curé”. A día de hoy no hago tratamiento y me siento tan bien o tan mal como cuando lo hacía. Las ideas suicidas van y vienen. Si yo fuera uno de esos “hombres con pistola” probablemente no estaría escribiendo este artículo. Lo que yo digo es, ¿cómo te pueden doler las alas? ¿o la cola? ¿o la trompa? No puede dolerte porque no tienes. Si el sufrimiento te lo provoca un recuerdo o un sentimiento, y eso tiene su origen en las neuronas, ¿cómo puede sufrir una persona que no tiene? Es decir, ¿cómo puede sufrir un muerto? Pues entiendo que no puede, y esa es la principal atracción que la muerte tiene en mi.

  30. Para los psiquiatras el 99% de los suicidas sufre un trastorno mental porque una depresión ya implica posibles pensamientos suicidas. Y una depresión es un trastorno mental -en muchos casos también existe una predisposición genética a la depresión- sin considerar que la depresión puede venir de un agotamiento mental de existir. También, la depresión no hace sino exacerbar la lucidez, por cual, puede sufrir el trastorno y estar más lúcido que nunca. Al final, en este mundo donde todo necesita de una justificación “cientificista”, en el dictamen forense se determinará siempre que sufría un trastorno mental -pues todo lo que se salga de lo normal lleva al trastorno- ya que es más políticamente correcto aducirlo a tal motivo que a la sangre fría y, de este modo, desligarlo de una naturaleza delictiva -en nuestro Código Penal el suicidio se considera un delito.

  31. “Querido:
    Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.
    No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

    V.”

    De Virgina Woolf a su marido.

    Sinceramente no me parece un acto de cobardía……….

    • Ya solo por este fragmento de Virginia Wolf merece la pena el artículo (que va de más a menos), y que contiene casi todo su interés en los comentarios que suscita.

  32. He estado leyendo tus artículos y te felicito! Son muy buenos. Espero puedas hacer uno sobre el narcisismo en las redes sociales, si es que te interesa.
    :)

  33. ¿Y Simon Critchley? Estaría bien reconocer la fuente de la que beben los autores de este artículo (“Apuntes sobre el suicidio”), que parece un resumito para ser colgado en El rincón del vago.

  34. El suicidio sin dolor debería ser libre. Habilitar los tanatorios para quien se quiera inyectar pentobarbital sódico. Desde que nacemos nos educan en la mentira, los seres mitológicos de la literatura religiosa, la conciencia, solidaridad y otras muchas palabras vacías, nos atan con leyes y títulos académicos creados por los amos y los feudales, fronteras, idiomas (muros), problemas sociales, personales, contratos entre vidas de personas (matrimonios deberían prohibirse) compraventa de vivienda con trampas, bancos, abusos laborales, envidias, venganzas, guerras…. Especie huMOna, simios ¿avanzados? Un planeta asesino, el sol nos quema y el frío nos mata. Somos un error del Universo. Somos un negocio para los amos.

  35. Yo un día me cansé de juguetear con la vida y me pasé directamente a la lujuria existencial del suicidio. Por unos largos instantes, quizás toda una noche, disfruté de la experiencia sideral de follar a pelo con el destino y la muerte, les metí la lengua hasta las orejas y nos fundimos en interminables remolinos de lucidez alucinada.
    Despues me levanté de la vía y me sacudí el polvo, con la satisfacción incrédula de haberme corrido dentro de la mismísima primera dama (de la guadaña). Las piernas aún me temblaban cuando llegué a casa. Mi hijo dormía ajeno a los placeres de la vida del pensador.

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