Sociedad

A que te suelto una hostia

Duelo a garrotazos o La riña
Duelo a garrotazos o La riña, de Francisco de Goya.

Pocos gestos hay tan honestos, puros y civilizados como soltar una hostia. Sin advertencias ni miramientos. Pertenece a esa clase de actos excepcionales que le proporcionan a uno —el que pega— la satisfacción del deber cumplido. Como salir a correr a las seis de la mañana, cenar una ensaladita de apio o incluso no salir a correr a las seis de la mañana.

A veces no queda otro remedio. Hay disputas irresolubles en las que el guantazo es el único desenlace aceptable. La única posibilidad de dirimir una controversia inagotable de un modo educado y elegante. Hay algo litúrgico en ello. Casi sacramental. Una vez descartados el entendimiento y la rendición, la conclusión de una polémica sin fin pasa necesariamente por propinar a nuestro interlocutor un puñetazo espléndido e irrefutable. Solo así se pueden evitar ofensas innecesarias fruto de la desesperación. Cualquier otra opción sería propia de bárbaros.

Por eso Mario Vargas Llosa atizó con generosidad a Gabriel García Márquez en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México el 12 de febrero de 1976. Para solucionar sus desavenencias como caballeros, sin insultos ni voceríos. Ambos autores asistían ese día al estreno de la película La odisea en los Andes, cuyo guion había escrito Vargas Llosa. En cuanto este accedió al edificio, García Márquez se le acercó con los brazos abiertos y felices y exclamó: «¡Hermanito!». Dos segundos más tarde estaba en el suelo. «¡Esto por lo que le dijiste a Patricia!», aclaró el peruano henchido de superioridad. Como si un derechazo necesitase alguna vez de justificación. Nunca más se volvieron a dirigir la palabra.

Al parecer, a principios de ese mismo año, García Márquez se había ofrecido para llevar al aeropuerto a Patricia, la esposa de Mario, en la mañana posterior a una cena organizada por Carmen Balcells en Barcelona. De camino a El Prat, voluntaria o involuntariamente, el escritor tomó una carretera equivocada, provocando que su pasajera perdiese el vuelo a Lima, donde la esperaba su marido. Cuenta el biógrafo Gerald Martin que Márquez, lejos de desanimarse, propuso entonces a Patricia aprovechar el tiempo montándose ellos dos su propia fiesta privada. Una versión que coincide con las declaraciones del periodista Plinio Apuleyo, amigo del colombiano, quien, sin entrar en detalles, habló de una posible insinuación desafortunada. Escasas semanas después, Vargas Llosa le estaba partiendo la cara a su colega a modo de reproche. Una reacción sensata, gentil, propia de dos futuros ganadores del Premio Nobel que lo último que harían en semejante situación es ponerse a discutir como salvajes. Asunto zanjado.

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26 comentarios

  1. Manteniendo el nivel

  2. Pingback: A que te suelto una hostia

  3. El artículo es muy divertido (sobre todo por lo irónico). No lo es tanto andar entre practicantes expertos y asiduos del puñetazo (lo de la hostia tiene un no sé qué de no me voy a decidir, ya que puede ir del aspaviento con aleteo amagante al servicio de urgencias en ambulancia). Afortunadamente, salvo en círculos selectos, la costumbre se ha perdido bastante, es una reminiscencia brutal de los siglos pasados de la que ya no quedan ni la experticia (válgame dios, una palma abierta era de señoritas, y si el otro no cae, jubílate) ni los códigos de honor (ni a un borracho ni a uno que tiene las gafas puestas, ni delante de sus hijos o de su madre y yo qué sé cuántas leyes más) ni el regusto maldito que dejaban las dichosas ocasiones, ese «nunca más, a mí no me pillan en otra», siempre recidivante. Pero yo hablo de la pelea, apenas he visto el hostión que zanja la cuestión, a menos que sea el último de unos cuantos, con sillazos de entusiasmo, o guitarras a modo de bufanda. A propósito, entre los famosos, John Huston y John Wayne solían montarla cuando se habían aburrido de cualquier velada relajante y agradable, y luego tan amigos.

  4. Que se lo pregunten si no a Caraanchoa

  5. A Vargas Llosa, su mujer le importaba lo justito. Ocurrió, que siempre ha tenido ( y sigue teniendo) un tremendo complejo de inferioridad respecto a Gabo. Una especie de Salieri que ahora busca consuelo rosa filipino

    • José Rafael Gil Azcoitia

      Nada mas cómodo que creerse las ensoñaciones personales……mas cómodo si,pero intelectualmente muy,muy cortito.

  6. Gracias miles!:-D
    Me he reído muchísimo!

  7. Miguel Morán

    Fabuloso escrito. Felicitaciones.

  8. blunsburibarton

    No. El texto no mueve a la risa. Benévolamente puede calificarse de curioso e interesante en cuanto a alguna de las anécdotas que se citan. Desde otra perspectiva más crítica el autor toma partido y se muestra partidario de la violencia. Lamentable. Una hostia bien dada fue la que recibió un joven en Murcia por un portero de discoteca. Sin mediar palabra. Inesperada, breve y resolutiva. Como las que se elogian en el texto. El chico en coma y el autor en la cárcel. Como tiene que ser. Una hostia es un acto de violencia indebida y el texto ampara y promueve el uso de la misma como medio de resolución de conflictos. No hombre, se trata de un recurso estilístico usado por el autor manejando fina ironía y un sarcasmo bienintencionado -dirán los defensores del texto y quizá el propio autor. Mal camino este. Propongo utilizar este recurso para tratar la violencia empleada contra las mujeres o el abuso de niños. A ver si hay huevos. Que no es para tanto, que se trata de luchar contra el lenguaje de lo políticamente correcto -me volverán a replicar. Miren, yo el primero en apuntarme en tratar los asuntos sin tapujos y en defender la libertad de que cada uno escriba lo que quiera. Incluso el Mein Kampf. Sin ningún tipo de aditamento crítico como forma de soslayar el delito de apología. Ámbito este desconocido en Estados Unidos donde la libertad de expresión es sacrosanta a diferencia de nuestra querida Europa. Si este era el camino que pretendía seguir el autor. Mal conseguido, Difícil lo tenía. Pero nadie le obligó a asumir el reto. Y si quieren seguimos con los elogios al autor, pero no olvidemos que detrás de ellos se esconde nuestra propia hipocresía. Si hubiera abordado con el mismo espíritu un elogio a la tauromaquia, los que han aplaudido probablemente se rasgarían las vestiduras. En fin, qué le vamos a hacer. Es la naturaleza humana.

    • Menos mal que hay alguien con dos dedos de frente.

    • «Miren, yo el primero en apuntarme en tratar los asuntos sin tapujos y en defender la libertad de que cada uno escriba lo que quiera. Incluso el Mein Kampf». Pero esto no. Que cada uno escriba lo que quiera, pero este texto no.

      Iba a contestarle que escribo esta clase de textos pensando, precisamente, en gente como usted. Pero he leído la frase «propongo utilizar este recurso para tratar la violencia empleada contra las mujeres o el abuso de niños» que ha incluido en su comentario y me he dado cuenta de que no se merece usted más que silencio.

  9. En la anécdota de los Rolling Stones, hay un pequeño error de traducción. «My little drummer boy» puede ser mi pequeño batería pero en realidad es el pequeño tamborilero, sí como el villancico, de ahí lo peyorativo de la frase. Si Jagger hubiera dicho «You are just the drummer», Watts quizá no habría llegado a las manos. O sí.

  10. No sé por qué acabo de leer esto, ni si va en serio, ni si alguien se ha mojado. No sé si se me ha tomado el pelo, se ha hecho apología de las hostias o todo lo contrario, porque el fin último del redactor no se ha cumplido (a no ser que fuera realizar un recopilatorio de hostias famosas, lo que, por otra parte, encajaría mejor en PlayGround Magazine).

  11. Mariano Yasieso

    Divertido ensayo del mamporro. Aunque hay que tomarlo con cuidado: no es lo mismo el que encajó García Márquez por innoble y listillo, y que zanjó un tema, sin más, que el que recibió hace poco de un portero de discoteca un cliente, cuya vida ha peligrado durante semanas y cuyas consecuencias finales aún se desconocen. Hecha está salvedad, lo que no perdono al autor es que no incluyera la del joven gallego que, reconcentrando toda la ira de la ciudadanía española ahogada por la crisis, desmontó las gafas de un Rajoy que se paseaba en público con su petulancia, convencido de que el PP se movía aún en un inmune y eterno loor de multitudes.

    • Yo si me veo representado en el joven gallego.
      A ver, ¿ porqué tengo que ser yo educado y respetuoso con alguien que me, nos está jodiendo la vida a una mayoría de la población, a sabiendas de lo que hace, con alevosía ? ¿ Rajoy no sabe que sus recortes causan sufrimiento – y alguna muerte – a un gran porcentaje de los ciudadanos ejpañoles, a costa del beneficio de los bancos, de las grandes fortunas, y de las grandes empresas ? ¿ Ein ?

  12. que más da

    Yo recuerdo la de Villar a Cruiff…..soy del Bilbao

    • que digo yo que...

      … soy un ciudadano español ahogado por la crisis y no me veo representado por el puño traidor y cobarde de ese monguer pontevedrés. Desconozco los convencimientos de Rajoy pero el PP se sigue moviendo en la inmunidad… y la impunidad. Unos dicen «loor» y otros «olor». La una me parece pedante y la otra desagradable.

  13. Hacía tiempo que no leía algo tan bien escrito y argumentado. Y los que sacáis a colación el tema del chaval de la discoteca y los que acusan al autor de apología de la violencia es que no habéis entendido nada. Qué pena. En fin.

    • Totalmente de acuerdo.
      hay que diferenciar una narración curiosa y didactica, con el fomento de la violencia, leyendo este articulo, algunos hemos conocido unas anecdotas que por ejemplo en mi caso no conocia.
      Además, hay muchos por ahí sueltos que «andan a buscarlas» y a veces no queda más remedio, generalmente no tienen media ostia, pero ya se han ocupado bien de protejerse con leyes, para poder ofender escudandose en que el contrarío sabe bien, que si le casca, irá a juicio, y según como sea pagará un pastizal. Como diría Rosendo Mercado «Los Flojos de Pantalon».
      Hay que diferenciar entre un violento, y uno que da una ostia porque alguien lo tiene hasta los hue……

  14. Yo hoy me merezco una torta por un comentario anónimo sobre una persona pública hecho en una noticia. Me quedaría más a gusto, la verdad, pero no es posible.

  15. Me he reído mucho. Y a estas alturas del año, la verdad es que se necesita. Yo presencié una de mamporros en una reunión de madres con niños pequeños, allá por los albores del milenio. Una era croata y la otra serbia y ambas eran resquicios de los refugiados de la guerra de los Balcanes. Nos imaginamos porqué se peleaban, pero éramos incapaces de pararlas. Me recordaba verdaderamente al cuadro de Goya. Parece que lo de los guantazos no es solo cosa de hombres, ni es tan cómico como lo pinta el autor.

  16. Las hostias son para caballeros que sepan apreciarlas, no para porteros de discoteca ni gente de bajo discurrir.

  17. Maestro Ciruela

    En el tema de las hostias casi siempre se advierte que el que la da, o bien sabe que no está solo y tiene las espaldas guardadas (obsérvese en el vídeo de Gil que se interponen entre él y el agredido), o bien se sabe muy superior en cuanto a peso y fuerzas. En este caso concreto, creo que se dan ambas circunstancias. El mérito lo vería yo, en que un alfeñique de 60 kg. abofeteara a un capo de 100 kg. y 1,90, rodeado de sus matones. Otra cosa a considerar a tenor de lo que muestra el vídeo, es lo mal que pelea la gente normal y corriente en comparación con las coreografías que nos muestra el cine. Me recuerdan a la bronca verbenera que tenía Gassman con aquellos dos, en «La escapada», soltando puños y patadas al aire mientras intentaban separarlos de la trifulca. El agredido pierde más tiempo en protegerse con la cabeza gacha del golpe que ve venir que en repeler la agresión con rapidez y contundencia. Y es que se trabaja sinuosamente desde la sombra y desde el principio para que haya el mayor número de conejos que no osen siquiera defenderse de los leones, chacales, lobos y demás depredadores al uso.

    • que digo yo que...

      … hablo de memoria, con la imprudencia del perezoso que ni se molesta en googlear para confirmar lo que dice; pero creo recordar que el del «Compos» era exboxeador, así que el intercambio de galletas podría habernos sorprendido si no se hubieran entremetido, con e, los aguafiestas de turno.

      Gloriosas toñas, por cierto, las que mete ese abuelete expúgil ruso en el celebérrimo video de You Tube.

  18. ¡Gracias!

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