
A veces tengo la impresión de que esas vidas nuestras que discurren en paralelo al aquí y ahora se materializan de golpe en películas, sueños o libros.
Como estos dos que recomiendo aquí: Años salvajes (Barbarian Days, A Surfing Life), del periodista del New Yorker William Finnegan, que obtuvo el Pulitzer de biografías de 2016, o ¡Grabando! (Listen Up!, 2019), del productor musical, técnico e ingeniero de sonido Mark Howard, escrito con ayuda de su hermano Chris y recién traducido al español. En las dos memoirs he encontrado una actitud que me resulta familiar y además responden por extenso a una curiosidad que he tenido desde… ni lo recuerdo: ¿cómo es vivir a partir de un sentido dominante distinto de la vista? Y esta, que me acompaña desde que en la facultad vi cómo los profesores cambiaban la chaqueta de pana por el cuero de diseño: ¿adónde se fue el estilo de vida de los años 70?
William Finnegan descubrió el surf de niño, en California, y queda corto llamar pasión a lo que se convierte en un estilo de vida y en una manera de conocer, desde una perspectiva inusual, el hábitat de los grupos que va encontrando a lo largo de sus viajes en busca de la ola perfecta. Nacido en Nueva York en 1952, sus padres se trasladaron a California y luego, en 1966, a Honolulu, donde su progenitor era jefe de producción de un programa de radio. En su vertiente de reportero internacional, Finnegan se define a sí mismo como «especialista en lo inesperado», expresión que le va de perlas también a su trayectoria como surfer; sobre las olas y en la prensa escrita ha conseguido hacerse respetar al lado de las estrellas del medio. Como buen underdog, aquel del que nadie espera ni una bochornosa mediocridad ni triunfos clamorosos, Finnegan fue acumulando experiencia y un dominio de su medio hasta convertirse en un nombre muy respetado del nuevo periodismo.
En las primeras páginas ya se encuentra su característica combinación de observaciones sociológicas y la detallada descripción de su pasión surfista. Como traductora, no puedo evitar sentir cierto regocijo sádico al imaginar los sudores de los traductores de Años salvajes y ¡Grabando!, porque cualquier práctica deportiva y cualquier profesión especializada implica una jerga que crece y se actualiza y que, en el caso de disciplinas y temas que atraen a miles de lectores, va a ser escrutada y, según los resultados, duramente criticada por expertos (y supuestos expertos). Me figuro que el traductor de Barbarian Days será, si no practicante, sí un aficionado a la tabla, extremo que confirma Eduardo Jordá al relatar lo peliagudo del encargo del editor Luis Solano, de Libros del Asteroide. Biografías como la de Finnegan resultan más creíbles y atractivas cuanto más fielmente detalle la geografía física, humana y la evolución de la práctica. El escritor vasco Willy Uribe, que trata del surf en novelas como Los que hemos amado, contribuyó con sus conocimientos a que estas memorias se hayan convertido en un clásico de culto.
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Lanois, Daniel Lanois…
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