Genís Roca: «En internet hemos vivido nuestro Mayo del 68, pero ya está apagándose»

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Según El Mundo, Genís Roca Verard (Girona, 1966) es uno de los veinticinco españoles más influyentes en internet. Si lo es, nada hacía presagiarlo. Al fin y al cabo, Roca es arqueólogo especializado en Paleolítico Inferior de formación y profesionalmente se inició de la mano de Eudald Carbonell. ¿Cómo puede un licenciado en Historia de las Sociedades Precapitalistas convertirse en una de las personas más lúcidas de esta sociedad digital que algunos se empeñan en llamar poscapitalista? ¿Hay algo en común entre la una y la otra? En casi treinta años de carrera profesional ha recorrido la distancia que va de Atapuerca a Silicon Valley, lo que le permite tener una visión del mundo en gran angular. Después de dejar su huella en proyectos pioneros en la red como la Universitat Oberta de Catalunya o Infonomía, hizo tándem con Josep Salvatella para ayudar a empresas y personas a adaptarse a la presión digital, siempre que se quieran dejar ayudar. La afonía con la que se presentó a la entrevista en Casa Fuster nos obligó a estar más pendientes de lo que decía. Si es que eso fuera posible.

¿Qué es esto? Y si me decís que es una piedra, me voy.

[Silencio incómodo. Al fin y al cabo, el objeto que se ha sacado del bolsillo se parece sospechosamente a una piedra].

Esto es un nódulo de sílex. Me tiene flipado. No había tenido en mi vida un nódulo de sílex y voy con él a todas partes. El lunes me voy a Bogotá con mi nódulo de sílex. Si vamos a hablar de tecnología, hay que hablar del sílex.

¿Qué particularidad tiene?

Hombre, que no es muy habitual llevar uno encima.

Claro, en el Paleolítico no tenían bolsillos.

Si ahora tuviera un trozo de cuarzo, te podría hacer… ¿qué quieres? ¿Una punta de flecha? ¿Un cuchillo? El sílex es fascinante. Si lo rompes produce unos fragmentos de una textura alucinante. Cuando los ves, te crees que con esto se puede cortar. A mí el sílex me tiene atontado.

¿Querías ser Indiana Jones?

La gente me decía «arqueólogo, ¡como Indiana Jones!». Y yo pensaba, sí, cinco años de carrera y ni puta idea de usar el látigo.

Indiana Jones ya lo advertía, de hecho: «La arqueología es una búsqueda de hechos. No de verdad. (…) Olvide cualquier idea que tenga sobre ciudades perdidas, viajes exóticos y excavar por el mundo. No seguimos mapas de tesoros enterrados, y la X nunca, jamás marca el lugar. El setenta por ciento de la arqueología se hace en la biblioteca. Investigación. Lectura».

Leyendo libros seguro que no. Se nota que es ficción. Un arqueólogo recupera el registro fósil y lo documenta para que un historiador cuente qué pasó en parámetros de historia. Nunca he entendido qué hacemos los arqueólogos en historia, deberíamos estar en ciencias, nosotros aportamos datos: química, biología, botánica… Tengo compañeros a los que les das el nódulo y te dicen sílex del tipo tal, viene de la zona de Marsella, y tiene tantos años. Otros que mirando un trozo de hueso te dicen que es del fémur posterior de una vaca hembra, joven, muy enferma… ¡Y son arqueólogos! Tuve una época en mi vida en la que me dediqué a la paleocarpología: metíamos un saco de tierra por una máquina que hicimos y sacábamos trozos de carbón. Pasábamos esos trozos de carbón por el microscopio y separábamos los que eran de restos de semillas carbonizadas. Mirando los restos, que son trocitos, te diría Triticum dicoccum… y a partir de esas semillas te reconstruiría el paleoclima. ¡Eso es de enfermos! Y tenía compañeros que hacían eso con el polen. En un trozo de sedimento localizaban los restos de polen y a partir de ahí estudiaban otra cosa. Así que no, esto no va de leer libros.

Situáis lo más minúsculo en grandes periodos de la historia.

Cuando explico lo rápido que va todo hoy en día siempre digo que de donde yo vengo las cosas se datan diciendo «esto tiene 120.000 años, +/- 10.000». Y +/- 10.000 años de margen de error nos parecía un trabajo fino.

Los grandes medios se hicieron eco hace unas semanas de un estudio que desvelaba que los europeos tenemos un 1,3% de genes heredados del neandertal y que eso explicaba en parte la predisposición a determinadas enfermedades.

En los tiempos que corren, la ciencia se atreve ya con cualquier pregunta. Incluso con las que no son necesarias. Que procedemos del neandertal es algo ya sabido. A partir de ahí decir que eso me hace propenso a la cirrosis me parece una respuesta que no aporta nada. Es como decir que soy moreno porque ya no mi padre, sino un neandertal, fue moreno. Puestos en este plan, podríamos retroceder un poco más en nuestra cadena evolutiva y decir que cuando en la Tierra solo había líquenes ahí se crearon condiciones que derivaron en el asma. No sé. Somos el resultado de una cadena evolutiva, y lo normal es que tengamos trazas de todos los ingredientes que han conformado el cóctel. Constatar eso me parece interesante, pero en ocasiones caemos en una cierta pirotecnia científica.

¿Algún fundamento de tu pensamiento actual es fruto de tu paso por la arqueología?

La arqueología me da norte, relato, punto de vista, me da enfoque. Básicamente, con dos principios. Primero: una tecnología es relevante si modifica el sistema productivo o si modifica el sistema de transmisión de conocimiento. Y segundo: cuando una tecnología logra eso tiene consecuencias en los modelos sociales, culturales… Esa certeza me ayuda muchísimo. Por ejemplo, me ayuda a mirar radicalmente distinto a Barcelona como Mobile World Capital. Yo miro la tecnología móvil y veo una tecnología relevante porque altera el sistema de producción y por lo tanto tendrá consecuencias sociales y culturales. ¿Cuál es el beneficio de que Barcelona sea la capital mundial del móvil? Cuando veo a los responsables de la MWC tan preocupados por cómo desarrollar un clúster de industrias en la ciudad y no los veo preocupados por redefinir qué es ciudadano, pienso que no lo han entendido.

Tu salto de la arqueología al mundo digital parece encajar en el patrón que Malcolm Gladwell expone en Fueras de serie (Taurus, 2009): además del talento, tuviste la oportunidad de trabajar muchas horas con ordenadores cuando su uso era todavía absolutamente minoritario.

La gente ve muy alejado el territorio de la arqueología del de la informática y no están tan lejos. Para hacer arqueología yo usaba la informática, aunque la gente no presupone esta conexión. Por suerte, hice Paleolítico inferior, porque si hubiera hecho romano, no me hubiera enterado de la tecnología en mi vida. Haces un agujero en el suelo y te sale algo romano. ¡Los romanos son como los yanquis de la Antigüedad! Por ejemplo, en Ampurias tienes una ciudad y te dicen «en la esquina izquierda de la habitación dos de la casa cuatro hemos encontrando un ánfora Dressel 20… como las de siempre», y ya está. Pero en el Paleolítico el registro fósil es mucho más sutil: «hemos encontrado unas lascas de piedra con unos fragmentos de hueso…» y como hay poca información tienes que optimizar al máximo su captura. En tres semanas en una excavación arqueológica de Paleolítico puedes encontrar diez mil objetos (la mayoría de apenas milímetros, ¡que en romano se hubieran barrido!) y de cada uno de ellos tomábamos veinte o treinta variables: longitud, anchura, espesor, x, y, z, orientación y pendiente, tipo de materia prima, si tiene zona cortical, si tiene trazas de uso… Lo hacíamos en cartulinas, de esas con la raya roja arriba. Y escribíamos: «Objeto 102.436…». Cuando vimos que había ordenadores, ¡flipamos! Los informáticos iban en bata blanca y eran divinos; no querían venir al medio del monte con sus ordenadores. Pero tampoco querían venir los físicos, los químicos, los biólogos… Así que siempre encuentras un arqueólogo interesado por la física, un arqueólogo interesado por la biología, un arqueólogo interesado en la química… y yo soy el arqueólogo interesado en los ordenadores.

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¿La arqueología sigue sin ser multidisciplinar?

Sigue siendo multidisciplinar pero por parte del arqueólogo que se interesa por otra disciplina. No es el físico que se interesa por la disciplina sino al revés.

¿Fue este uso aplicado e interdisciplinar de la informática con veinte años de antelación lo que explica tu evolución profesional?

Aún ahora me siguen interesando más los usos que cómo se ha hecho la máquina. No he hecho un curso de informática en mi vida, ni me interesa. Y cuando encuentro a alguien que ha estudiado informática le miro raro. Es fascinante. De hecho, los informáticos acostumbran a ser bastante atrevidos. ¿Eres informático? Sí. ¿Puedes hacerme un programa de contabilidad? Sí. Y sin saber contabilidad, se ponen a hacer un programa de contabilidad. Los mejores informáticos que he conocido en mi vida son físicos. Creo que cada carrera te estructura el cerebro de una manera. A un arqueólogo, para interpretar los hechos a partir de unos indicios. A un médico, para que haga un diagnóstico en función de unos síntomas. Y a un físico le entrenan para describir correctamente la pregunta. A Newton no le cayó le manzana en la cabeza y dijo «vaya, esto podría ser la gravedad», sino que la pregunta era «cómo puede ser que en condiciones atmosféricas estables y sin la presencia de tal y tal y tal». La pregunta es ya media respuesta. En informática un físico es eficaz porque describe muy bien la pregunta y hace un uso muy funcional.

Precisamente Eudald Carbonell decía en La evolución sin sentido (Península, 2013) que los hallazgos arqueológicos no son una respuesta sino otra pregunta que te empuja a seguir investigando. ¿Tú buscas respuestas o planteas preguntas?

El esquema mental es preguntarse por qué, no cómo. De la arqueología saco que lo que nos hace humanos es que usamos tecnología para conseguir resultados. Y de Eudald, que somos animales sociales. Y lo que está pasando ahora en internet es que la tecnología te hace más social. Y esto es una pasada. Hasta ahora la tecnología tenía consecuencias sociales, pero no te hacía más social. La tecnología de la Revolución Industrial modifica el éxodo a las ciudades, vale, pero la manera de relacionarte con tu mujer sigue siendo la misma. Esta no, y esto es muy fuerte. La tecnología, que es lo que nos define como seres humanos, está modificando cómo nos socializamos, que es el otro aspecto que nos define como seres humanos. Esto va a ser la hostia.

Carbonell defiende que se está formando una nueva conciencia colectiva emergente gracias a internet. ¿Compartes esta idea?

Sí, creo que ahora hay más gente que tiene la capacidad de colaborar y lo hace. Más gente que tiene la capacidad de ayudar y lo hace. A veces creo que internet tiene una especie de superpoder. Con internet puedes ser superimbécil, supermalo, o superbueno, o superamigo de tus amigos. Todo lo que hagas ahora puede ser súper. Superprofesional, superrelacionado. Los usos positivos de la buena gente se han visto potenciados con internet. Tengo la sensación de que tengo más ayuda que nunca. El lunes me voy a Bogotá. Me meto en la red y pregunto: ¿alguien sabe no sé qué de Bogotá? Y en pocos minutos recibo cientos de respuestas. Mis padres decían que recibes lo que das, y es una sensación que tengo multiplicada por mil gracias a internet. Luego hay imbéciles (que ya lo eran, con o sin tecnología) y que con internet pueden ser más visibles, pero en general hay más gente buena.

Sin embargo, Jaron Lanier sobre este pensamiento colectivo dice que nos está transformando en un rebaño digital. También esa masa crítica es fácilmente manipulable.

Me niego a verle cambios trascendentales: yo creo que un poco borregos lo hemos sido toda la vida y lo digital no lo agrava más de la cuenta. Si tengo que escoger qué tendencia define lo digital es a mejora, no a empeoramiento. Sí que sería falso decir que somos más libres, más inteligentes, más puros… No, seguimos siendo borreguitos, hay una élite que domina al resto, pero ahora hay más resquicios, nos podemos vertebrar. Desde proyectos como el vuestro a otros ejemplos que hubiese sido muy difícil que pasaran en otro contexto. Antes el control del espacio público estaba mucho más determinado, el control de la gestión de lo común era mucho más intervenido. Sigue estándolo, solo faltaría, pero veo más huecos. Otra cosa es que también estamos muy al principio, esto es muy tierno. Dale veinte años más, esto tiene carga de profundidad.

Hernán Casciari nos advertía que es cierto que la gente colabora, pero que de momento son solo una minoría y que una determinada mayoría sacamos provecho de ello. ¿Es solo una cuestión de escala, de distribución?

Aún es un tema de élites. Es una palabra fea, pero es así. Hay una corona de gente, no necesariamente asociada al poder adquisitivo y a este tipo de criterios, que son quienes están siendo activos y transformando realidades. Pero en otra época de nuestra historia esta gente hubiese pasado desapercibida. Con la capacidad del medio digital hay más gente activa, creativa, moviendo cosas. Y esta nueva élite tiene unos parámetros diferentes a la anterior. La anterior oligarquía, que nos ha conducido hasta donde estamos ahora, tenía control de conocimiento, del flujo económico y jerarquizaba por un poderío que se heredaba de padres a hijos al cual tú no tenías acceso. Ahora hay resquicios para romper eso. Hay gente muy capaz y muy potente que en otras épocas no hubiese tenido ninguna oportunidad. Puede que nosotros no seamos relevantes en nada, pero el pequeño recorrido que hayamos tenido, no lo hubiéramos tenido. Mi padre no era nadie, yo tampoco lo soy, pero las oportunidades que tengo yo son hijas de este momento.

Suena muy marxista.

Esto es lo que decían los autores de Funky Business (Pearson Educación, 2000), que Marx tenía razón y el pueblo tomará el control de los medios de producción. Lo que sí es cierto es que esta tecnología disruptiva está por primera vez en manos de la población. Hasta ahora, las tecnologías disruptivas estaban en manos de una minoría y el resto veía cómo se modificaba su entorno laboral o económico. En este caso la tecnología disruptiva la tenemos cualquiera de nosotros en casa o en el bolsillo y eso es nuevo. No todo está a tu disposición pero la cantidad de gente que hoy puede ser creativa no tiene parangón en los últimos 200.000 años. Hay gente que nos regala su arte cada día y en otras épocas hubiese sido imposible. Hay una legión de animadores, de ilustradores, fotógrafos, escritores… que están dándonos su trabajo. En otras épocas hubiese sido impensable.

Pero la sobreinformación puede acabar siendo contraproducente. Toffler ya hablaba de infoxicación en los setenta.

Tiene pros y contras. Sencillamente, esto es un cambio de paradigma, este contexto es diferente del anterior, y esto redefine las reglas del juego. Hay gente que gana y hay gente que pierde. Y los que pierden me mola que estén perdiendo, y los que ganan me mola que estén ganando. Se redefinen cosas muy interesantes. Se redefine qué es propiedad, señales de identidad, qué es pertenecer, participar… y donde se definen estas cosas, afecta a otras. Por ejemplo: este partido político ha ganado las elecciones y nos representa a todos. Ya no estoy tan convencido. En el nuevo contexto al que vamos ser representante se merita de otra manera. Nosotros tenemos un despacho profesional y técnicamente somos una PYME. Cuando veo al representante de la pequeña y mediana empresa diciendo que lo que necesitan las PYMES es tal o cual cosa, pienso: no hemos hablado en la vida, este señor y yo… entonces, ¿por qué razón me representa? No lo acabo de pillar.

Desde una perspectiva pesimista, la oligarquía puede que aún esté a tiempo de remontar y apoderarse también de esta tecnología.

No lo dudes. Esto va muy rápido y, a la vez, muy lento. En internet hemos vivido  nuestro Mayo del 68, hemos tenido nuestro Woodstock yendo en pelotas, creyendo en el amor libre… pero ya está apagándose. Defiendo que internet llega por capas y cada capa modifica el conjunto. Es como cocinar una lasaña. Hubo una primera capa, la de los ingenieros, que es cuando Tim Berners-Lee en el CERN inventó la World Wide Web y el http, heroicos y muy chulos, pero nadie se enteró de esto. Eran las infraestructuras. La siguiente capa es propiamente internet, cuando las empresas empiezan a actuar en internet, que yo la fijo desde el 94 que es donde los particulares pueden contratar acceso a internet, hasta 2005. Al principio los particulares llegaban a internet y se encontraban webs de empresas, porque solo quien tuviera dinero y un departamento de informática podía participar. Los costes siguen bajando, la tecnología se sigue simplificando y más o menos en 2005 la población tiene la capacidad, por costes y conocimientos, de personarse en la web y actuar: web 2.0, web social… Cuando las empresas se personan en la red, la red se descubre como un espacio de oportunidades de negocio a través del e-commerce. Cuando son las personas las que llegan a internet, cambia el contexto y pasa a ser un espacio social, de conversación, y el principal afectado es el marketing y la comunicación y todas sus derivadas. La primera etapa de la internet de las empresas era una etapa de informáticos y esta es una etapa de marketing y comunicación. Cuando la gente empieza a interactuar, empieza a compartir, todo lo que son flujos de información quedan alterados, aparece la Wikipedia, los medios de comunicación palman, la distribución de contenidos se altera, la música fluye de otra manera, las industrias audiovisuales sufren mucho… pero a Repsol, que vende petróleo, le da igual. En la época del e-commerce, Repsol no vendió petróleo por internet, y en época de lo social si tú opinas que la gasolina que vende es mala, le da exactamente lo mismo, no se va a obsesionar mucho con ello porque su negocio va a seguir exactamente igual. Hay una parte que todavía no se siente muy afectada y otra que está superconvulsa por todo esto. En esta etapa en la que acceden las personas es en la que estamos ahora, la última novedad por la que estamos flasheados. Cuando empezó era muy hippy, una comuna, pero se está moderando. Esto empezó en 2005 y estamos en 2014, ha necesitado diez años para empezar a asentarse. Un síntoma de que se asienta es que la conversación cada vez es más privada. Estamos dejando la tontería exhibicionista. Estas Navidades, quien me quiso felicitar masivamente lo hizo por WhatsApp. En las navidades anteriores me llegaron mensajes por LinkedIn, Twitter, Facebook,… Hace tres Navidades fue solo por sms y esta, por Whatsapp, porque la conversación vuelve a ser privada. Estoy convencido de que la gente empieza a estar harta de hacer el tonto en público. Y ahora todo lo que se habla en público vuelve a ser una intervención interesada. O quiero reputarme y demostrar al mundo que soy muy guapo, muy listo y muy contratable, o quiero maldecir a tal empresa para ver si reacciona y obtengo una compensación, o algo. Y si lo miras en perspectiva solo han pasado diez años… Esto históricamente no merecerá ni mención.

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¿Cómo llamarán a esta época los arqueólogos del futuro? ¿O realmente pasaremos desapercibidos?

Esta época es la de la digitalización, arranca en los ochenta y los noventa. Que la humanidad sea capaz de expresarse en todos sus sentidos con unos y ceros es acojonante, y esto arranca en los ochenta. Esto provoca que empiecen a pasar cosas: se habilitan espacios como internet, las empresas y las personas empiezan a tomar actividad, ahora son los objetos los que empiezan a ser activos. Creo que este cambio de contexto se completará en el 2030, o 40, no lo sé. Habrán sido solo cincuenta años que en parámetros de historia es una insignificancia. En un futuro verán en qué época estamos, porque esto son solo intersecciones menores.

En una ponencia augurabas un gran crecimiento del internet de la cosas, y David Gascón nos mostraba un universo de posibilidades que ya está aquí. ¿Hasta dónde va a llegar este cambio?

No es otro cambio, es el mismo cambio, lo que pasa es que como lo estamos viviendo vemos las microetapas, pero va de lo mismo. Sencillamente, tenemos la capacidad de la digitalización y la estamos desarrollando. Esto primero tiene un desarrollo industrial, luego personal y después lo vamos desplegando. Como lo vivimos dentro, vamos de flash en flash, pero es lo mismo. Y tengo mis dudas de que acabe con las cosas, luego vendrá algo que todavía no somos capaces de ver. Aún estoy fascinado asimilando que los objetos hagan cosas y no sé ver la siguiente etapa. Para mí ahora estamos alquilando las infraestructuras. Vale, ya tengo las empresas, vale, ya tengo las personas, ahora tengo los objetos, quizá lo siguiente sea repensarlo. Cuando ya tengo todas las piezas encima de la mesa, quizá toque reorganizarlo, plantearse otra manera de hacer las cosas. Otra manera de vivir, otra manera de tener familia, otra manera de defender el bien público… Pero yo ahí no sé llegar todavía. Lo que sí sé es que la mirada social que hay ahora es absolutamente parcial y efímera. Yo le deseo suerte a todo el mundo en todas sus facetas, pero si a mí me dices que cierra Facebook, me cuadra, porque es hija de un momento espacio-tiempo muy concreto. Lo que ha venido para quedarse es que las personas actúan en la red y tienen capacidad de actuación en la red. ¿Cuál es el modelo de esa actuación? Ya veremos. Pero ahora está inflamado.

¿Por qué le llamas «la internet de los servicios»?

La internet de las personas, y esta es una frase que uso mucho, ha dado mucho trabajo y poco dinero. Si no estás en Facebook, pareces tonto. No estar te desacredita. No estar te quita reputación. Pero estar no está demostrado que te haga vender más. Todo ayuda, pero hay maneras más eficaces de ayudarte. El retorno coste-beneficio es dudoso. Nosotros trabajamos para muchos sectores: banca, transporte, energía, farmacia… Tomando como ejemplo la banca, si un cliente está en Sevilla y el cajero automático se traga su tarjeta a las 3 de la mañana, el tío tuitea su problema y se espera que el banco esté leyendo Twitter, que le conteste y que en ese momento le devuelva la tarjeta. Si eso no pasara, el banco no estaría entendiendo nada. Pero resulta que para ese banco organizar esta batería de procesos es un coste acojonante y no está asociado a números de clientes nuevos que abren cuenta corriente. Pero ahora la internet de las cosas propicia el paso a servicios y eso sí es totalmente monetizable, creo. Por ejemplo, hay un laboratorio farmacéutico en España que produce insulina. Nuestra hipótesis es que su destino es ser los líderes en servicios para diabéticos, y ahí viene una oportunidad de la mano de la tecnología porque le abre la oportunidad para definir servicios. ¿Qué quiero decir? Con la misma tecnología de microchips que llevan los corredores puedes prototipar una tirita que mida tu nivel de glucosa en sangre cada cuatro horas y emita un dato a través del teléfono. En este caso, por ejemplo, un diabético que vive solo, en caso de crisis puede emitir una señal a un médico para que vayan a casa a atenderle y a sus familiares para avisar de lo que está sucediendo. Esa tirita será gratis porque ya pagará una cuota mensual por el servicio. La frase que uso para resumirlo es que «todo producto sometido a presión digital, muta a servicio». Es una ley universal. El producto libro sometido a presión digital muta a servicio. Cuando yo lea solo e-book no pretenderás venderme libros, ¿verdad? Pagaré una cuota al mes y leeré lo que quiera de tu editorial. Para mí, la internet de los servicios es muy monetizable de la mano de la tecnología y pone en su sitio a la internet social. Cuando en un río pongan sensores para medir la contaminación, un tío tuiteando que el río baja verde será absurdo. Es para decirle, relájate, sabemos en qué punto del río está el problema y por quién ha venido, así que ayuda en vez de tuitear tanto.

Sostienes que el usuario no es quien lo demanda sino que el productor es quien le arrastra para obtener más beneficios. El caso más significativo es el negocio musical: del vinilo al MP3 pasando por el casete y el compact disc… con el desembolso correspondiente que cada paso suponía para el usuario. Ahora bien, cuando el usuario saca provecho de la nueva situación, se le responsabiliza de la quiebra del negocio e incluso se le acusa de violar la ley. ¿Hasta qué punto es esto razonable?

La digitalización se sirve en dos platos. El primer plato es sustitución y siempre lo promueve la industria por sus objetivos de coste y eficiencia. El motivo por el que la industria de la música propuso el cambio de vinilo a CD fue únicamente por cosas suyas, porque al usuario le daba igual. El usuario no quería, tenía que adaptarse tecnológicamente con lo que ello supone. La industria propone la sustitución y siempre lo hace de la misma manera: mantiene el lenguaje para que no vivas una ruptura excesiva (factura electrónica, pizarra electrónica, campus virtual, disco compacto) y te explica que es mejor, aunque sea mintiendo. Es mentira que el CD sea mejor que el vinilo, pero te mienten si hace falta. Y el único razonamiento es que ellos tienen ventajas de coste y proceso. Cuando el usuario lo tiene todo digital se replantea los usos y las condiciones. Cuando esto pasa, la industria le dice «eh, esto no funciona así, no se trata de que reconsideres las maneras de consumir música, no me sirve que tú solo quieras una canción porque yo vendo discos, esto va de vender cosas, no me digas que te vale solo con escucharla». Cuando la industria ve que esto pasa, recurre a argumentos legales. Y cuando la batalla es legal significa que vamos por el buen camino. Nos tratan de ladrones. Bien, eso es la confirmación de que estamos cambiando las condiciones de uso y de que la industria lo lleva mal. El primer actor de la industria que sea capaz de recomponerlas, gana. El que no se adapta, pierde. Kodak, cierra. Flickr, Instagram, Picasa, nacen. Thomas Cook, TUI, han sido durante los últimos cincuenta años los operadores dominantes de turismo en las islas Baleares, desde la semana pasada, el operador dominante de turismo ha sido Booking. Yo quiero otras condiciones de uso y a quien me las ofrezca le daré mi dinero. Spotify te ofrece otras condiciones de uso. Vale, pues hablemos. Pero, ¿Spotify es rentable? Lo que pasa es que con esas nuevas condiciones de uso va parejo un nuevo marco legal y un nuevo modelo de negocio y a veces un nuevo modelo de ingresos. Así que está por ver si esos nuevos modelos de negocio dan de sí. Lo que está claro es que el modelo antiguo, con el marco legal antiguo y el modelo de negocio antiguo y el modelo de ingresos antiguo están muertos, pero muertos, muertos. La prensa, ¿cuál es el futuro de la prensa? La función de un periodista y de un medio de comunicación está fuera de duda, pero necesito nuevas condiciones de uso, nuevos modelos de ingreso y nuevos modelos de negocio y nuevo marco legal. Y eso es muy complicado, porque normalmente el marco legal siempre llega tarde. Si bajarse una canción es ilegal no haremos ostentación de ello. Yo no me bajo canciones porque me supone más trabajo descargarlas que escucharlas por otras vías. ¿Películas? Sí, a veces, porque no tengo un buen servicio. Está Filmin o Wuaki, sí, pero la industria no les da el catálogo. ¿La diligencia? No puedo verla. Hay pelis que no puedo ver a no ser que explore caminos ilegales. Así que yo soy ilegal por ausencia de servicios.

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Mainat para evitar ser ilegal accede a Netflix gracias a un amigo que vive en Estados Unidos y paga por ello.

[Ríe] Técnicamente es ilegal. Sí, tiene la justificación moral. Pero sigue siendo ilegal.

Pero a pesar de lo anterior, para ti la web 2.0 es, sobre todo, una cuestión de actitud. ¿A qué te refieres?

Las empresas acceden a la red y la tiñen de sus valores: negocio, resultados… La gente accede a la red y la tiñe de sus valores, que son otros, son los que nos definen como grupo humano y comunidad. Hay cosas apasionantes. Hay más gente ayudando que nunca, hay más gente compartiendo que nunca y eso genera una nueva escala de valores. Hay una meritocracia que empieza a ordenar su espacio de relaciones sobre la base de otros criterios. En el fondo siempre hemos sido meritocráticos en nuestros entornos de confianza, pero esto ahora ha saltado un orden de magnitud. Mi ecosistema para desarrollarme como persona basado en valores ahora tiene un alcance mucho mayor. Antes era mi familia y cuatro colegas. A vosotros, por ejemplo, os he conocido de una manera que dudo que nos hubiéramos conocido sin internet. Y para construir una cierta complicidad, más allá de lo persuasivos que podamos ser hablando cuando nos vemos, antes hemos confirmado escalas de valores por traza digital.

De algún modo, esto rompe en pedazos las bases de las sociedades tradicionales, al ofrecer un abanico más amplio y diverso de grupos de afinidad a los que pertenecer.

Mi teoría es que los atributos que definen identidad y pertenencia se están modificando. Y ya tardan los sociólogos en personarse y tratar de definirlo. Creo que la pertenencia la define la participación. Esto antes estaba implícito, pero ahora es evidente. Soy de donde participo. Cada vez participo más en entornos online que físicos. Me cuesta reconocerme como actor participante y por tanto perteneciente de la ciudad donde duermo o de la ciudad donde voto…

Podrías si la ciudad donde duermes o donde votas reaccionara a ti.

Si reaccionara sería un placer. Pero a mí me preguntan, ¿de dónde eres? Pues mira, nací en Girona, me crie en Figueres, vivo en Sabadell, trabajo en Sant Cugat y me desarrollo profesionalmente en Barcelona… ¿De dónde soy? ¿Dónde participo? En ningún sitio. En Girona no participo, no salgo en el censo y no puedo votar, y como no puedo votar, pasan de mí. Cuando en realidad yo quisiera ejercer como ciudadano de Girona, porque aunque no quieran yo soy de Girona. Y si ahora me pidieran ayuda para cualquier cosa, se la ofrecería gratis.

Cuidado, que esto lo puede leer cualquiera.

Me crié en Figueres. Una vez me dijeron que se es de donde estás en la edad de jugar. Yo jugué en Figueres, pero allí no salgo en las listas, no pago impuestos allí, por tanto, que me den morcilla. Creo que soy un activo de Figueres que no ha sido activado. En Sabadell me ofrecen ir a votar pero allí no tengo ningún vínculo, ningún interés. Solo tengo un piso donde duermo, nada más. Mis hijos posiblemente sí tengan allí más cosas, pero para mí es una ciudad instrumental, podría ser Sabadell como cualquier otra ciudad. Me ofrece votar el único que me da igual, ¡vaya! En Sant Cugat tengo el despacho profesional. Me gustaría incidir más. Me gustaría que tuvieran un sistema de transporte público desde la estación de ferrocarriles para facilitar la circulación de mis clientes. Pero ahí no tengo derechos de participación. Barcelona es mi ciudad estratégica, ¿qué posibilidades tengo de participación? Ninguna. Esto no funciona. Necesito nuevos mecanismos de participación porque si no me los dan, me borro, dejo de pertenecer. Había una ley en la Edad Media en Barcelona que decía que si vivías un año dentro de las murallas de esta ciudad pasabas a ser ciudadano de Barcelona, aunque fueras negro y hablaras árabe.

Es más moderno que lo que hay ahora.

El término de pertenencia y de ciudadano es variable. Trajano fue emperador romano porque él, nacido en Sevilla, era romano. ¿Qué quiere decir ser de Barcelona? Hay gente en Alemania que habla alemán que cree que son de Barcelona porque esta es la ciudad donde nacieron, o se enamoraron, o la ciudad donde estudiaron. Si ellos creen que son de Barcelona, hoy, con la capa digital sería posible reconocerles y mantener los vínculos con ellos y una nueva dimensión de participación, identidad y pertenencia. Está pendiente de hacer, porque creo que ahora es un despropósito, una descapitalización de oportunidades.

En este entorno digital tan globalizado, tu blog está escrito solo en catalán y en castellano. ¿No te convendría usar otros idiomas?

Lo podría tener en muchos idiomas, pero en catalán seguro que estaría, porque es el mío y si no me lo creo yo, apaga y vámonos. Es el menos comercial, el menos práctico, lo que quieras, pero no voy a renunciar a él. Es una seña de identidad mía. Tampoco me vuelve loco esto y no voy de catalán por el mundo, pero a la que rasques un poco, sale que soy catalán. Es lo que soy. Yo me presento a clientes extranjeros como un despacho profesional fundado en Barcelona. Si eso es ser español o catalán, lo dejo a tu criterio, pero en un mundo de ciudades, la mía es Barcelona y así me presento.

Hay una disonancia entre la manera en la que nos organizamos hoy (o que nos organizan las instituciones) y las nuevas posibilidades que tenemos y nuestra voluntad de participar.

Porque todo está muy tierno. Lo digital empezó en los ochenta y estamos hablando de cambios sociales estructurales. No hay ninguna sociedad en el mundo que sea capaz de mutar en solo cincuenta o sesenta años. Y llevamos treinta, nos faltan treinta más. Esto no va de tecnología sino de transformación social estructural; incluso si la hiciéramos en sesenta años seríamos algo hiperveloz. Si vas a la Wikipedia y buscas Revolución Industrial, la define como un periodo de ciento setenta y cinco años. Si buscas la Revolución Neolítica, te la mostrará como un periodo de cuatro mil años. Si esta la resolvemos en setenta años será una cosa alucinante. Por ejemplo: en Cataluña hay sesenta mil profesores entre primaria y secundaria en el sistema público, sin contar con la privada. Digitalizar la educación en Cataluña pide, mínimo, una generación y media. Necesitas la sustitución física de algunos elementos, y algunos tienen treinta años, así que va para largo. Esto no consiste en hacer cursillos de PC en el aula. Llevamos veinte años de debate sobre cómo poner el PC en el aula y cuando lo resolvamos ya no habrá PC. El PC, en el fondo, es una herramienta asíncrona, consiste en saber dónde buscarías la información. La tecnología móvil, que lleva dos días, es mucho más bestia, porque significa el paso del asíncrono al síncrono. Es otro cambio de paradigma, es otro entrenamiento. Con la tecnología síncrona la clave es a quién se lo preguntas.

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¿Reivindicamos en la red lo que aún deberíamos exigir fuera de ella? ¿Nos sirve de válvula de escape para nuestras pataletas?

El momento actual es terriblemente inmaduro. No aguanta un análisis serio. La palabra participación se ha banalizado enormemente. Expresarse no es participar. Expresarse es aprovechar unos canales de comunicación y exposición pública que existen mientras que participar no es una posibilidad técnica sino un proceso. Yo veo muchos espacios de participación pero muy pocos procesos de participación. Los que deberían hacerlo no están organizando procesos de participación. Cuando un periódico nos dice «esta es la noticia de hoy, pon tu comentario», es para ir ahí y repartir bofetadas. Yo no hago comentarios, yo participo en procesos. Hacer comentarios, ¿para qué? ¿El periodista se los va a leer y va a hacer una reinterpretación de la noticia? Empiezo a ser muy exigente. Un like, un hashtag, un trending topic… no es participar. Tenemos más capacidad que nunca de organizarnos para influir. Pero tenemos que definir qué es influir. ¿Influir es por ejemplo, parar la ley del aborto? Pues ir a Twitter para intentar parar la ley del aborto es un proceso mal diseñado. Hay que ser más exigente con los diseños de procesos de participación.

El 15M nació en lo digital y trascendió.

El 15M fue un proceso de participación más serio que las tonterías que vemos diariamente. Ahora, con la tecnología disponible, los que tenemos inquietudes deberíamos focalizarnos más en organizar procesos de participación para influir y modificar la realidad que en procesos de expresión pública de nuestra opinión, que ya no es suficiente. Por otra parte también me lo perdono porque es muy tierno todavía, esto nació casi ayer. No me flagelo. La gente decía «a ver cómo se organizan los del 15M, qué propuestas hacen». Bueno, dales un poco de tregua, que llevan quince días y tú tienes un sistema de cien años, no les exijas que te den la alternativa. Pero hay que empezar a montar procesos.

Pero propuestas al margen, se dieron de bruces con la realidad de los procesos: el asamblearismo a gran escala se tornó ingobernable.

Bueno, sobre eso leí en Jot Down, precisamente. Schumpeter, ¿verdad? Procesos. Todo es cuestión de organizar procesos. Por ejemplo, me parece muy bien que un grupo de gente utilice la red con el objetivo de construir un conjunto de argumentos a favor de la independencia en clave económica o con el objetivo de influir en la prensa extranjera… Esto me parecen procesos de participación ordenados. Tres catedráticos de derecho que deciden hacer un grupo de reflexión y deciden unirse a otros catedráticos para hacer una serie de argumentos legales en defensa de la independencia, es un buen proceso. Aunque claro, ¡podrían haberse dedicado a tuitear compulsivamente!

Alguien tiene que diseñar estos procesos.

Cuando te juntas con determinados colectivos te das cuenta de que son como tú o como yo, que se han organizado para dar un paso al frente. Ya no son la oligarquía anterior. Antes, para hacer el Liceu se movilizó a la burguesía catalana. Gracias por hacerlo, pero tenían sus palcos y un pobre desgraciado no podía ir a la ópera. Ahora todo es mucho más abierto.

La participación puede estar descentralizada, pero el diseño del proceso, no.

De acuerdo, alguien lo decide, pero ese alguien ahora puede ser de la plebe. El populus puede diseñar un proceso de participación, y esto es nuevo.

¿Cualquiera puede hacerlo?

Bueno, los capaces. Siempre está quien tiene la inquietud, la capacidad, la necesidad, la inteligencia o el pulso vital. Alguna razón tendrá. Y entre estos los habrá que tienen objetivos de visibilidad porque son unos ególatras, otros que serán de una nobleza extrema y lo hacen por el bien del conjunto, otros que lo harán por rivalidad con otros, para demostrar que ellos pueden más, o por obsesiones personales.

Te dedicas a acompañar empresas en transformación digital. ¿Estás viendo un cambio en los directivos respecto a la percepción de su importancia?

Tengo una lucha constante en el despacho. Empezamos diciendo que lo digital va a transformar todo y creo que ese lenguaje no fue comprendido por la mayoría de la gente, era demasiado etéreo. De las empresas que nos dedicamos a dar un servicio se espera que tengamos un portfolio de problema-solución o de propuestas para productos. Nosotros nacimos sin ese portfolio. Decíamos «viene lo digital que lo transformará todo, ¿en qué quiere que le ayude?». Entonces decían que qué interesante, éramos muy atractivos pero no sabían para qué en concreto. Por suerte para nosotros, explotó el social media y nos empezaron a llamar para ayudarles a ordenar la parte de comunicación. Estamos muy agradecidos, pero no va de esto: las competencias profesionales de tus equipos tienen que ser otras, tu manera de organizarte, puede que cambie tu modelo de negocio, que tu producto se convierta en servicio… Entonces nos decían «oh, qué listos, vale, vale, pero ordéname el Facebook». Pero nosotros hacemos consultoría estratégica: te vamos a decir para qué quieres Facebook o Twitter, con qué objetivos, de qué manera o si no se aplica en tu caso. Siempre estamos pendientes de que la conversación sea «doctor, ¿qué me está pasando?» o en positivo, «creo que hay nuevas oportunidades». Esta conversación de momento solo la mereces cuando el otro ya tiene unos síntomas graves de que el negocio ha caído o aparecen competidores que no esperaba. El otro día estaba con un cliente de banca y me decía «vale, nos hemos dado cuenta de que nuestra competencia es software, no otro banco» o «vamos a otro país nuevo y entiendo que esto no va de comprar doscientas nuevas oficinas». Estas conversaciones son superexcitantes y las que esperábamos desde el primer día, pero nos encontramos en ellas ahora, cinco años después. Y es mejor, porque estamos más maduros y preparados, nosotros y el contexto.

Genís Roca para Jot Down 5

¿Habéis notado la competencia de las grandes consultoras internacionales, que parece que están entrando también en el entorno digital?

Estuve en el equipo fundador de la UOC. En el 94 dijimos que íbamos a hacer una universidad a distancia que iba a ser toda por ordenador. Se nos rieron en la cara. Nos dejaron hacerlo porque no creían que fuera posible. El resto de universidades pensaron que el rector estaba loco y se lo permitieron. Si hubieran sabido el mordisco que supuso eso a la cuota de mercado, no se lo hubieran consentido. En ese momento veíamos tan claro que ese era el camino, que nos dijimos que iba a venir competencia por todas partes, nuevos operadores online… Y eso ha acabado pasando ¡pero quince años después! Lo esperábamos para el 95, para el 96, para el 97 y estábamos ya en el 98 con cinco años de proyecto encima de la mesa y seguíamos solos. Aquí nos pasa lo mismo, lo que estamos intentando explicar nos parece tan obvio… Lo digital sacude tu actividad, sea cual sea. Internet no va de marketing, va de ingeniería de procesos, no hay ningún proceso en tu organización, te dediques a lo que te dediques, que no sea susceptible de ser revisado a los ojos de lo digital. En algunos casos esto es tan bestia que te transforma el negocio. Nosotros ya llevamos cinco años, a lo tonto. Boston, Price, McKinsey… ya vienen, sí, pero vienen despacito. Ellos tienen un tío en Londres, pero mi cliente está en Barcelona y traerle a Barcelona sale muy caro. ¿Qué nos pasa a veces? Que mi cliente va a contratar a McKinsey porque es una decisión que ningún jefe va a cuestionar, es como optar por SAP, nadie está contento con SAP pero todo el mundo lo tiene. Pues primero contratan a McKinsey y luego a nosotros.

Hay una buena noticia y una mala en esto. La buena es que con vuestro modelo empresarial vais a sobrevivir a Facebook, Twitter y compañía. La mala, que vuestra empresa también está condenada ya que más temprano que tarde todo el mundo será nativo digital.

Estoy de acuerdo con un pero. A lo digital todavía le quedan veinte años más de proceso. Esto es un proceso de no finito, estamos todavía en construcción, hay mucho que aprender y mucho que descubrir. Nuestra empresa es más de investigación que de producción. Tenemos que estar muy atentos. Lo que hemos aprendido de social media, la mitad irá a la basura, hay mucho trabajo por hacer todavía. Nuestro destino es dejar de ser una consultora de foco digital para pasar a ser con total normalidad una consultora de negocio, no pasa nada… Igual no sobrevive cincuenta años esta empresa pero porque, en general, la consultoría escala mal. En el fondo es un directivo que confía en ti, o en tu marca o tus métodos. Hemos nacido porque el equipo que impulsó nuestro proyecto tenía su trayectoria y se confiaba en nosotros, ahora tenemos que convencerles de que hemos desarrollado conceptos y métodos y si eso cuadra, mereceremos una marca.

¿Qué competencias les pides a tus trabajadores? Es para un amigo.

Lo más importante es que la persona que se incorpora entienda qué es una empresa y qué problemas tiene. Le damos más importancia a que entienda cuál es el problema del director de comunicación de ese banco a que sepa mucho de digital. Hay gente que solo sabe mucho de digital y que no tiene ni idea del negocio al cual pretende ayudar. Y eso ha hecho mucho daño. Además, se han postulado con chulería y arrogancia. El tono era «tú no lo entiendes, pero yo te lo voy a explicar». Pero el cliente podría haberle respondido «mira, a ver si lo entiendes tú, pero yo tengo veintiocho mil empleados, facturo catorce mil millones y las decisiones, perdona, pero me las pienso». Así que a lo que le damos más peso es a que entienda la realidad de las organizaciones, que es muy compleja y le tenemos muchísimo respeto. Lo digital era «ah, lo que tenéis que hacer es tal o cual», o «las empresas no tienen ningún futuro, porque en lo digital el futuro es otro». Pues no. Hay que tenerle mucho respeto a la empresa. Y lo segundo es que ese profesional sea muy competente en un área funcional: o sabe mucho de marketing, o mucho de comunicación… Nuestra aproximación es la de J. V. Foix, el poeta catalán: «Sed modernos, leed a los clásicos». Hay que saber mucho de un negocio para poder transformarlo. Demuéstrame que sabes mucho de algo en concreto que te meteré en un despacho con cuarenta tíos pensando en digital todo el día. Al cabo de dos meses, te he curado. A eso te puedo ayudar. A lo que no te puedo ayudar es a que entiendas por qué el director de marketing de una gran compañía no puede tomar determinada decisión que para ti es obvia. Y no es que sea tonto; es que no puede. Necesita otro tiempo de cocción porque tiene que mover muchas cosas.

De las verdades no verbalizadas de esta nueva economía que pregonas, hay una que no te hemos escuchado decir, ¿se tiene que asumir que tenemos que trabajar veinticuatro horas, siete días a la semana? ¿El trabajo también ha cambiado?

¡Quiero pensar que la gente que trabaja en mi equipo no trabaja 24/7!

Seguramente ellos sí quieren hacerte creer a ti que lo hacen.

Lo que también quiero pensar es que no trabajamos sujetos a una pauta horaria de 9 a 5. Hay un trato sobre un nivel de esfuerzo y con una contraprestación, pero a partir de ahí yo no activo ningún mecanismo de control. Esa presión nos la da el cliente, no el despacho. Entiendo que cada uno tiene sus mecanismos de control o de compensación. Yo ahí no me meto. En mi despacho la gente no ficha cuando entra, no hay control de horas, yo llego al despacho y si de las cuarenta sillas que hay, hay ocho ocupadas, no me altero. El principio del acuerdo ya no se construye sobre un horario. En nuestro caso sí que tenemos franjas horarias pactadas porque somos un equipo, aprendemos juntos, hablando, por lo que buscamos momentos de coincidencia.

Pero de nuevo existe cierto desajuste entre cómo estamos trabajando y cómo la sociedad se organiza: la Administración tiene horarios, los servicios de transporte tienen horarios, los comercios tienen horarios…

Nuestra empresa quizá no sirva como reflexión general porque es una empresa de talento. No tengo máquinas, ni patentes, ni locales. Somos cuarenta personas y cada cual aporta su talento. Cuando gestionas un equipo de talento, las reglas son otras. Es más importante que se sientan valorados, que noten que crecen. Son superexigentes entre ellos. Cuando una persona ha dejado de trabajar con nosotros, en el 99% de los casos ha sido porque el equipo no le ha respetado. Cuando el equipo no le ha respetado, yo por muy jefe que sea no le puedo salvar. ¿Y por qué no te respeta el equipo? Por mil factores: por lo que aportas, por el respeto al otro, por la disponibilidad, por lo que aprenden o no contigo, si estás siempre colgado y nunca contestas… Al final las prácticas de uso, los horarios que coincidimos, son los que acaba marcando el grupo y cuando uno no respeta esta cultura del despacho, el grupo lo expulsa. Esto es un cóctel que fuimos probando, se añadió más gente y cada vez que se añade alguien, aunque sea un estudiante en prácticas, arriesgas la fórmula. A veces echas un chorrito, otras veces dos gotas.

Y se le añade la intangibilidad del talento. Es muy difícil cuantificarlo y medirlo en horas.

Y no solo eso. La gente tiene todo el derecho a tener ciclos. Hay veces en las que uno está poco concentrado, y lo aguantas. Algunas de las personas más valiosas de mi equipo ha tenido un año malo. El talento pide estas cosas. En un despacho como el nuestro, de este tamaño, se nos debe exigir prestar atención a esto. En una empresa más grande estoy seguro de que no sería posible.

No solo cambia cómo trabajamos sino los mismos trabajos. Xavier Sala i Martín levantó cierta polémica al condenar a los bibliotecarios prácticamente a la extinción por culpa de internet.

Hace poco el Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de Catalunya me entrevistó sobre Big Data y me preguntaron si allí podría haber alguna oportunidad para ellos. Les contesté que en mi opinión esto del Big Data era un asunto de letras más que de ciencias. Que esto no va de datos, sino de preguntas. El mérito es de quien sabe hacer la pregunta correcta, más que de aquel otro que procesa datos para obtener una respuesta. Y el bibliotecario es sospechoso de no participar de la pregunta, sino solo de la respuesta. Tú quieres algo, y él te dice dónde lo ha archivado. Pero es sospechoso de no participar del proceso de reflexión que te ha llevado a pedir eso y no otra cosa. El Big Data va a conllevar la necesidad de manejar grandes volúmenes de información. Son los nuevos libros. Harán falta bibliotecarios de datos, que conozcan de qué información disponemos. Les animé a mutar para pasar al lado de los que hacen las preguntas, y que no se queden en el lado de los que ordenan y clasifican los datos. Hay tal volumen que eso es casi imposible. Me interesa el profesional, y ahora no hablo solo de bibliotecarios, que conoce las preguntas, y busca la información necesaria para responderlas. No toda la información disponible. Solo la esencial y precisa. La más eficaz. Hay que ser resolutivo. Si se limita a ordenar y clasificar no me interesa.

Qué es más inaccesible, ¿un yacimiento del Paleolítico o un resultado en la tercera página de Google?

La diferencia está en si lo estás buscando o no, no en si lo encuentras. En el yacimiento lo buscas, en la tercera página, no. Lo que yo encontraré en un yacimiento tú no lo encontrarás. Y en Google los hay que encuentran tantas cosas…

¿Googleas mucho a Genís Roca?

[Se lo piensa] Sí, claramente. Aunque menos de lo que creéis. Hay muy pocos Genís Roca. Hay un par o tres más: un médico de Terrassa, un jugador de hockey también de Terrassa… y viviendo yo en Sabadell no les conozco. Y también hay un guía de alta montaña que lleva un refugio en el Pirineo que me ha dado mucho juego durante un tiempo. La gente me decía «¡no sabía lo tuyo con la montaña y la nieve!» y yo me hacía el interesante. Mi abuelo se llamaba Genís Roca. También mi padre.

¿Y tu hijo?

No, mi hijo se llama Pau.

Con tu segundo apellido, Verard, solo hay diecisiete personas en España.

¡No lo sabía! Puede que haya muy pocos porque cambiar la B por la V fue una artimaña de una parte de la familia durante la Guerra Civil, que quiso pasar desapercibida.

Genís Roca para Jot Down 6

El Mundo dijo de ti que eres uno de los veinticinco españoles más influyentes en internet…

Vamos a hacerlo bien, lo ha dicho por segundo año consecutivo. [Ríe]

… ¿cómo vives esta popularidad?

Eso no es popularidad, ni visibilidad. Eso está en la página veinticinco del suplemento de un domingo, que lo lee quien lo lee… Da mucho juego cuando lo cuentas. Sobre todo da mucho juego para quien te invita a hablar en una conferencia, ya que justifica la decisión de invitarte. En mi casa se ríen un montón cuando les digo, «eh, ¡soy uno de los veinticinco más influyentes!». Yo llego a casa y les digo que he salido a página entera en el periódico y ni la han visto, ni la han leído, ni les importa. Profesionalmente, es mucho mejor esto que el profundo anonimato, el mercado en el fondo te lo valora. Todo el mundo sabe que estos rankings son más que cuestionables y si otro hiciera otro seguro que entraría otra gente. Yo mismo me pregunto por qué otras personas no están o por qué algunas personas están. Pero al final alguien ha hecho una lista y te ha puesto, mira, pues mejor. Tengo un par de colaboraciones estables en radio y la gente te dice que te ha escuchado, pero no se acuerdan de lo que dijiste. Aunque piensan que si sales por la radio es que eres bueno. Es todo una cuestión de reputación. Voy a muchos debates y la gente te ve y puede pensar «¡qué interesante lo que cuenta!» y llega un punto en el que tú te tienes que proteger ante el elogio porque estás a un paso de creértelo y de volverte más tonto. Es muy incómodo, porque yo asumo una cuota de visibilidad y me protejo con un cierto escepticismo. Así que cuando la gente te dice que eres muy bueno y muy interesante tú dices, «¿tú crees?». Estoy tan metido en lo que cuento, lo he dicho tantas veces, que al final me parecen obviedades. A mi manera, dentro de mi discurso, ya intento cambiarlo, ¿eh? Me piden dos o tres charlas a la semana y yo acepto una o dos al mes. Me dicen que estoy en todas partes, pero yo me estoy conteniendo, porque este no es mi trabajo. El otro día pensaba que me dan envidia los músicos: se encierran un año, componen doce canciones y las tocan otro año. O les piden que toquen una canción de hace veinte años y que la toquen igual, por favor. ¡Así cualquiera! Pero estoy jugando sucio, esto es falsa modestia. Necesito hacerlo para no perder el norte, ¡pero claro que pienso que es interesante lo que cuento! Claro que necesito contárselo a la gente, claro que estoy seguro de que hay alguna persona a la que sorprende lo que digo. Pero como yo me lo crea, vamos mal.

Hablando de divulgación, Benjamin Bratton publicaba en The Guardian hace unas semanas una crítica hiperbólica a las charlas TED, calificándolas de «receta para el desastre de la civilización» y Octavio Medina, más comedido, las consideraba en Politikon el Arts and Crafts del s. XXI, «un pasatiempo vivificante para el mundo privilegiado».

TED es tres cosas. Primero, un formato. Charla de diez minutos en primera persona ­—a ser posible— donde explicas tu verdad. Tienes que intentar comunicar bien y no vender motos. Segundo, un evento que se hace en California con este formato. Invitan a gente muy interesante y en dos horas ves a veinte personas. Y tercero, una franquicia por la cual cualquier hijo de vecino puede hacer una TEDx. Eso quiere decir que hay muchas TED desiguales. He participado en algunas que son peor que un patio de colegio y en otras estaba trabajadísimo, como TEDxGalicia. Así que TEDx, no es garantía de nada. TED aportó un formato corto, ha durado cinco o seis años y ahora se empieza a reivindicar el formato largo. Si ahora todo el mundo hiciera formato largo, volvería a tener valor el formato corto. Es la ley del péndulo. Nosotros organizamos en 2008 «Sociedad red: cambios sociales, organizaciones y ciudadanos» en Barcelona, trajimos a gente de EE. UU. y el formato era hablar una hora y después una hora y media de preguntas. Y era un lujo. Defender algo en una hora, que se pudiera explicar y luego argumentarlo con preguntas. Y se ha transformado en charlas de diez minutos sin preguntas. Para mí, el primer filtro para decidir si doy una charla o no es si hay preguntas. Porque es cuando aprendo. Y lo que hace que la charla sea diferente: yo puedo contar lo de siempre, pero el público pregunta lo que quiere.

Entre una cosa y otra, ¿te da tiempo de atender tus aficiones?

Ahora he acabado de leer Cafè Barcelona [Proa, 2013]*, un libro en catalán de un amigo mío, Joan Carreras. Es un gran escritor y me ha sorprendido una vez más lo bien que documenta. El tío parece de Ámsterdam. Como le conozco, me consta que para escribir el libro ha estudiado neerlandés, que es el colmo de la inmersión. Me encanta como escribe, merece más reconocimiento del que tiene. También estoy loco por la fotografía. No me hubiera importado estar haciendo las fotos de esta entrevista. Pero lo llevo mal porque me compré una Canon 5D y he descubierto que el tema no era la cámara.

*N. del E.: Una semana después de la entrevista se conocía que Cafè Barcelona había sido galardonada con el Premi Ciutat de Barcelona de novela.

Ya nos has dejado claro que esto no va de máquinas.

Es como decir me he comprado una máquina de escribir y no me sale ser Truman Capote.

Hablando de máquinas, para ti Apple lleva fatal la evolución de sus productos.

Seguro que es necio por mi parte decir esto, pero me lo parece. Yo creo que tiene innovación disruptiva pero no evolutiva. Cambié de iPhone a Android porque creo que la innovación evolutiva de Android ya ha atrapado a la evolución disruptiva de Apple. Y no veo a Apple por la labor de hacer otro salto disruptivo en telefonía. Les veo más orientados a hacer un salto disruptivo en relojes, en teles o en lanchas neumáticas. Se inventaron el iPod y lo han dejado tirado. Ellos mismos hicieron el iPod y se lo comieron con patatas. Yo creo que desarrollan una nueva categoría de producto, la explotan comercialmente de manera fantástica, levantan un mercado contra ese producto (con iPod hicieron iTunes, con iPhone la app store…) y luego van a por la siguiente. Es la sensación que tengo como usuario, seguro que ellos dirán que es falso y no me he enterado de nada.

¿Recuerdas alguna predicción tuya catastrófica?

Estaba intentando hacer memoria de las acertadas… Es broma. Me equivoqué con Twitter, por ejemplo. Twitter me enseñó a no opinar de nada que no haya probado. Cuando me lo enseñaron no le intuí las posibilidades. Pero en 2006 me di de alta en Twitter y le encontré una sustancia que no le había visto sin probarlo. Hay mucha gente que opina de las Google glasses y que yo sepa no las han probado.

Este no es el tipo de respuesta que uno esperaría de un gurú.

A veces tengo miedo de opinar de todo, de parecer un charlatán.

Bueno, nosotros intentamos no preguntar por todo.

En esto de internet y del social media hay bastantes charlatanes. Como los hay en fútbol o en política. Se les reconoce porque en su mayoría están orientados a la creación de una marca personal, y normalmente el modelo de negocio son ellos mismos: sus conferencias, sus libros y las horas de su tiempo que te dediquen. Se quieren mucho. Hay tantos como en todo aquello que merezca el interés de la audiencia. No me quitan el sueño, ni un minuto. Son parte del paisaje, y sencillamente intentas que no te confundan con uno de ellos.

Genís Roca para Jot Down 7

Fotografía: Alberto Gamazo

15 comentarios

  • De acuerdo, alguien lo decide, pero ese alguien ahora puede ser de la plebe. El populus puede diseñar un proceso de participación, y esto es nuevo.

    ¿Cualquiera puede hacerlo?

    Bueno, los capaces.
    …….

    Contradicción extrema. ¿Los capaces quienes son?

  • Pues me ha parecido una entrevista interesantísima, no conocía yo a este hombre.

  • ¿Es posible anunciar que un presunto “Mayo del 68″ en internet se está apagando, si internet acaba de salir, como quien dice? No comprendo esta idea viniendo de un arqueólogo.

  • Cuando la gente empieza a interactuar, empieza a compartir, todo lo que son flujos de información quedan alterados, aparece la Wikipedia, los medios de comunicación palman, la distribución de contenidos se altera, la música fluye de otra manera, las industrias audiovisuales sufren mucho…”

    Todo eso no tiene lugar a partir de 2005, como dice este señor, sino bastante antes. El 2000 o 2001 como mucho.

    La Internet social nació y se desarrolló antes de las redes sociales, por más que extrañe a los novatos.

  • Si pasa por Bogota llameme al celular movil 3042955203, para tomar un cafe en el centro historico o en el Parque de la 93 por mi cuenta…soy un fanatico de los fractales!!!

  • Felipe Bueno:
    hecho !
    Te llamo la semana que viene
    Será un placer compartir
    :D

  • Gracias por la entrevista, un placer.
    Que envidia de café…

  • Interesantísima entrevista. Se me ha hecho corta, lo cual es mucho decir para una entrevista leída en una pantalla de ordenador.

  • La entrevista me ha parecido interesantísima. Lástima que el señor Roca esté tan atado a la ideología. Por otra parte los tacos quedan muy bien en Arlauckas o Biriukov, pero jamás he leído un “fuck” a Kurzweil (por nombrar un gurú tecnológico).

    Sinceramente pierde credibilidad.

  • Catalanes por aquí, catalanes por allá… Siempre con sus problemas identitarios, se les pregunte por ellos o no. Qué cansanciooooo. Qué aburrimieeentooooo. Amigos de JotDown, el mundo es muuuucho más amplio. Entrevistad TAMBIÉN a gentes de otros sitios.

  • Muy intersante la entrevista, aunque una pena haber visto antes la charla TEDxGalicia de Genís Roca hace dos años, no cambia una coma.

  • ¡Felicidades! Día a día compruebo que si no existiese Jot Down la red sería otra cosa.. Y si mezclamos en la coctelera: unas medidas de Jot Down y otras de Genis Roca, el resultado es delicioso, masticable…

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