Tetris: el juego que logró escapar de la URSS

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Tal vez Pong (Atari, 1972) sea considerado el primer videojuego de la historia. Esto, por sí mismo, ya generaría un debate en el que no vamos a entrar hoy. Pong podría tomarse como punto de partida de las máquinas arcade, pero lo cierto es que el primer videojuego es difícil de rastrear. Tal vez Spacewar! (Steve Rusell, 1962). Pero pasando por encima de estos grandes nombres, Tetris tiene algo de simbólico dentro de la historia del medio, aunque no fuera, ni mucho menos, el primero: al pensar en videojuegos, dos imágenes acudirán raudas desde el imaginario colectivo a nuestras cabezas: Pac Man devorando puntos, y las piezas de Tetris cayendo a toda velocidad y configurándose para encajar unas con otras. Incluso el nombre se ha convertido en una suerte de panacea universal para hablar de encajar objetos entre sí para dejar espacio. Véase: mudanzas. Lo curioso es que Tetris es mucho más reciente de lo que nos pensamos: se comercializó oficialmente en 1986; es decir, tras la crisis que desembocaría en el final de Atari, en mitad de la guerra entre Nintendo y Sega; el año en que debían hacerse reales las predicciones de George Orwell y casi un lustro antes de la caída del Muro de Berlín.

La historia de Tetris inspira el cómic Tetris: el juego del que todos hablan, de Box Brown (Héroes de Papel, 2017); una novela gráfica que narra las desventuras de un videojuego que se ha instalado en la mente colectiva del mundo de los videojuegos. Y de cómo el férreo espíritu socialista casi da al traste no solo con el juego, sino con la propiedad intelectual de su autor. Un concepto extraño, el de la propiedad, en la Unión Soviética.

Como extraño fue el videojuego que surgió de las entrañas de la URSS dos años antes de ponerse a la venta, en 1984.

El padre de Tetris es el soviético Alekséi Pázhitnov (Moscú, 1956), un ingeniero informático que tuvo la idea de readaptar el pentominó al formato digital mientras trabajaba en la Academia de Ciencias de la URSS, junto a su amigo Vladimir Pokhilko, que llegaría a ser conocido, aunque exageradamente, como el cocreador del juego. El pentominó es un rompecabezas que se completa rellenando un rectángulo con una docena de pentominós distintos sin dejar huecos entre sí. Reformulado como videojuego, Alekséi Pázhitnov imaginó cómo los pentominós caían y se colocaban, pasando de las dos dimensiones del rectángulo a las tres dimensiones de superponer las piezas una sobre otra en vertical. La primera partida de Tetris, pues, se jugó en la mente de este ingeniero ruso: en su cabeza, las piezas caían al interior de un vaso y se iban colocando de tal manera que este acabara lleno. Las piezas, a medida que caían al interior del vaso, rotaban en el aire para colocarse en su correcta forma. Lo bautizó Tetris porque pasó de las piezas compuestas por cinco pequeños bloques del pentominó a un sistema de cuatro, es decir, tetrominós. Rápidamente, la obra de Pázhitnov se convirtió en el primer shareware de la URSS: el juego rondaba por las oficinas del gigante del socialismo en disquetes de 5,25 pulgadas. El fenómeno silencioso iba extendiéndose, pero el sentido de la propiedad y el comercio en la Rusia de los años ochenta podía poner en aprietos a su creador: las transacciones comerciales eran competencia del Estado, y Alekséi Pázhitnov podría verse metido en serios problemas de haber pedido dinero a cambio de los disquetes en que se distribuía Tetris.  

Aunque algo más cerca de su fin, la Unión Soviética se manejaba en unas reglas que a Occidente le costaba entender. El periodo más duro del telón de acero se iba acercando a su final, y la figura de Mijaíl Gorbachov haría su aparición como secretario general del Comité Central del Partido Comunista en tan solo un año, junto a la llegada de la perestroika, pero la apertura de Rusia al resto del mundo y la disolución de la Unión Soviética aún estaban lejos. Se atisbaba en el horizonte, pero tardaría en llegar. El fenómeno viral de Tetris (hoy día podemos bautizarlo así) llegó hasta la Academia de las Ciencia de Hungría gracias a una colaboración entre departamentos, y así fue como llegó a jugarlo Robert Stein, presidente de la británica Andromeda Software.

El hombre que arrancaría Tetris del mundo socialista y se lo brindaría al capitalismo.

Tal y como narra Box Brown en Tetris: el juego del que todos hablan, con su fantástica labor de investigación, los actos posteriores de Robert Stein se pueden deber a dos factores: una falta de comunicación ridícula y desternillante entre Rusia y el resto del mundo; o una falta de escrúpulos igualmente aplicable a eso que venimos en llamar el primer mundo. Sea como fuere, Stein no paró hasta dar con el inventor del juego y exponerle, mediante teletipo, sus ansias de comerciarlo. Sin embargo, la comunicación en la URSS no era todo lo fluida que las ansias expansionistas de Stein quisieran: para enviar teletipos al otro lado del telón de acero había que pedir ciertos permisos, Pázhitnov tuvo que pedir una traducción del mismo… una serie de pequeños escollos que darían al traste con la paciencia de Stein, que comenzó a vender los derechos de Tetris por todo el mundo antes de haber cerrado definitivamente el trato.

Había dos frentes de batalla abiertos: por un lado, Stein seguía en negociaciones con el Estado ruso para hacerse definitivamente con los derechos de Tetris; por el otro, seguía vendiendo la licencia tras un eslogan que causó furor entre algunas compañías de software: «el juego que logró escapar de la URSS». Entre negociaciones, llegó el año 85 y con él las conversaciones entre Gorbachov y Reagan y un acercamiento del poderoso imperio capitalista que suponía EE. UU. (arrastrando a todo Occidente) a la misteriosa cultura rusa. Se envolvió así el producto que suponía un rompecabezas en forma de tetrominó en un aura marxista plagada de referencias a la Unión Soviética y su imagen, llena de clichés, en el primer mundo. Véase: Rocky IV (Sylvester Stallone, 1986). La estrategia de Stein respondía a la fe que tenía en el videojuego: sabía que, si esperaba, le quitarían de las manos Tetris. Pero las negociaciones con la Rusia que comenzaba a abrirse al mundo, con la Unión Soviética que cada vez estaba menos unida, no eran fáciles. Al mismo tiempo, los derechos para máquinas recreativas de Tetris fueron vendidos, sin haberlos conseguido, a nada menos que Atari y Sega. Todo el mundo quería un trozo del pastel de Tetris, pero nadie tenía los derechos salvo su creador. O, en este caso, la URSS.

Llegados a este punto, el rizo se había rizado de tal manera que el fenómeno del puzle tetrominó acabó por publicarse en forma de cartucho para la consola Famicom (versión original japonesa de la mítica Nes, Nintendo 1986), lo que granjeó millones de beneficios a las distintas empresas que se habían repartido los derechos del juego. Stein, asustado ante el negocio fraudulento que estaba escapando a su control, seguía enviando cheques a Rusia para paliar la atención del poderoso Estado, que nada sabía de la popularidad del juego y que solo había cedido a Stein, tras duras negociaciones, los derechos para ordenador. De este dinero, Alekséi Pázhitnov no vio nada. Todos los beneficios que daba Tetris, o al menos los que Stein declaraba, iban a parar al Estado. Pero el último golpe de efecto, y lo que convertiría a Tetris en mito, fue la llegada de la Game Boy (Nintendo, 1989). Nos encontramos inmersos en la llamada «tercera generación de consolas» y Atari perdía terreno frente a Nintendo y Sega, y, en un intento desesperado por recuperar la hegemonía, la empresa lanzó Atari Lynx, una consola portátil de exagerado precio y tamaño, que no tuvo nada que hacer frente a la consola portátil de Nintendo. Game Boy estaba llamada a convertirse en un mito, y el juego que mejor representaba las posibilidades y aspiraciones de la consola era Tetris.

Una serie de reuniones en Moscú dieron al traste con la estrategia de Stein de seguir vendiendo los derechos a diestro y siniestro de un juego que no poseía, y la estafa se destapó ante el Gobierno ruso. Sin embargo, Nintendo logró hacerse con los derechos de Tetris para consolas portátiles y una opción para pujar por los derechos mundiales del juego. Una batalla legal se estableció a tres bandas entre Atari, Nintendo y la propia URSS, con la KGB por medio investigando todo lo relacionado con Tetris. Y, mientras, el creador seguía ajeno a la polémica. En la Unión Soviética, el individuo y su propiedad no importaban.

Tras una guerra mediática, legal e internacional, Tetris salió junto a la Game Boy y fue un éxito. El juego vendió millones y se convirtió en un suceso; acompañaba en su versión portátil a todos los jugadores que en el transporte público, en escuelas y trabajos, llevaban una Game Boy. ¿Quién no ha jugado a Tetris? Lo que muchos no conocerán es la historia de cómo uno de los juegos más influyentes de la historia, a punto estuvo de perderse en la burocracia tras el telón de acero, o de quedarse en la mente de un ingeniero informático que desarrolló, junto a su amigo Vladimir Pokhilko, un puzle digital.

Ojalá esta historia tuviera un final feliz y punto, pero la realidad no es una pantalla digital en la que suene música y exploten colores al completar una linea. Tetris fue un éxito mundial y Vladimir Pokhilko y Alekséi Pázhitnov pudieron mudarse a los Estados Unidos. La Unión Soviética desapareció, con lo que los derechos del videojuego volvieron a manos de  Pázhitnov, quien fundó la The Tetris Company y pudo obtener por fin beneficios por su juego. Fue contratado en Microsoft para desarrollar videojuegos, y Tetris se convirtió en un fenómeno y un referente de la cultura pop. La historia para Vladimir Pokhilko y algunos de los empresarios que pujaron en la batalla legal del tetrominó, sin embargo, no termina tan bien. Algunos se arruinaron. Una mañana de 1998,  Vladimir Pokhilko asesinó a su mujer y su hijo con un martillo y después se suicidó. Solo dejó una nota:

Vladimir, he sido devorado vivo. Recuerda que existo. El diablo.

La historia de Tetris, pues, no es solo la historia de un videojuego. Es la historia de una industria; dos sociedades muy distintas y separadas por una línea imaginaria, el sueño de un hombre corriente y la historia de muchas vidas. Durante muchos años, las piezas seguirán cayendo y encajando y borrando lineas. El satélite ruso Sputnik I fue el primer objeto terrestre (ruso) enviado al espacio, y Tetris fue el primer videojuego (también ruso) enviado al espacio. Esta es una de las historias que escaparon de la URSS, el telón de acero y una época de guerra fría, secretismo y espionaje, incluso en aspectos tan «inocentes» como los videojuegos. Solo queda imaginar las historias que no habrán conseguido escapar.

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4 comentarios

  1. Karlsterio Kovas

    Sobre la historia de Tetris hay muchas versiones, y esta es solo una de ellas. Otra versión dice que el juego salió de la URSS a través de unos estudiantes checoslovacos que estaban estudiando en Moscú de intercambio. Y que Robert Stein contactó con estos estudiantes y fue a quienes les pagó los derechos.

    Cuando se enteró Pajitnov de lo ocurrido se mosqueó bastante, sobre todo cuando vio que el juego vendía que daba gusto. Y también se mosquearon en la URSS, porque los derechos de autor, de puertas adentro, no existían, pero sí que lo existían de puertas afuera. La URSS gestionaba los derechos de autor de las obras soviéticas que salían fuera del país, y cuando se enteraron de la verdadera autoría del juego, sus ojos se les pusieron con el símbolo del rublo (con ruido de caja registradora) y quisieron llevarse su parte.

    Y entonces es cuando se arma un lío legal de 2 pares de mondongos entre Mirrorsoft – Spectrum Holobyte (la distribuidora en Estados Unidos – Europa), Atari (quienes compraron los derechos a los estudiantes checos exclusivamente para hacer máquinas recreativas en Occidente), SEGA (quienes compraron los derechos a los estudiantes checos exclusivamente para hacer máquinas recreativas en Japón, se ve que los checos se hicieron de oro), Pajitnov (el verdadero creador del juego), y la URSS (quienes por ley se llevaban todos los beneficios).

    Por otro lado, las versiones de NES y GameBoy (las consolas de Nintendo) es posterior al resto de versiones para micros de 8 y 16 bits: Mirrorsoft sacó en Estados Unidos su versión para PC en el año 1987. Las de los ordenadores de 8 bits con éxito en Europa son de 1988. La de Nintendo es de finales de ese año, cuando el juego llevaba varios meses a la venta en Europa.

  2. Pingback: Red Corsaria #15: Tom Wolfe y otras piezas para encajar

  3. Yo recomiendo el documental Tetris:From Russia with Love. No recuerdo la productora pero me pareció perfecto para entender todo lo que pasó. Alexey da su testimonio en él. ¡Muy buen artículo!

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